Conocerla puede a uno sacarlo de cuadro. Los espíritus le han dicho que su misión es sanar. Antes de entregarse a ello, fue una alta ejecutiva de Prom-Perú, de la Confiep
Segundo gobierno de Belaunde. Mary Ann Eddowes era la secretaria de Roberto Dañino cuando este tenía a su cargo la Secretaría General del MEF. Fue asistente personal de Manuel Ulloa. En 1988, la Confiep le dio la Jefatura de Promoción del gremio empresarial. Mary Ann organizó eventos externos. Descubrió lo que quería hacer en la vida. Para eso la fichó Prom-Perú. Eso ya es historia.
Quienes la conocen afirman que hoy es otra. Nunca más una ejecutiva, Mary Ann es ahora una maestra que cura con wachuma. Quienes la conocen, afirman que hoy es feliz.
¿Qué cargo tenía en Prom-Perú cuando decidió dejarlo todo?
Directora de Turismo y Eventos Especiales.
¿Por qué cambió de vida?
A lo largo de mi vida he pasado por momentos complicados. Tenía una carga emocional que me desbordaba, tanto, que cuando trabajaba para la Confiep me dio un estrés horrible --a causa del trabajo y de mi vida personal--, y decido iniciar terapia psicológica. Aprendí a ser consciente de qué hacía yo para provocar conflictos; porque era muy temperamental. Y cuando sentí que la terapia no me ayudaba más, acudí a mi hermano John. Él es psicólogo clínico y hace terapia alternativa. En esa época, él equilibraba las emociones con esencias de flores, y yo fui su conejillo de indias.
Mientras estaba en Prom-Perú.
En la Confiep. Para cuando paso a Prom-Perú, yo ya tomaba mis esencias, pero todavía tenía muchas cosas por trabajar. En esa búsqueda mía, por sentirme bien conmigo misma y de no tener problemas con los demás, fue que comencé a viajar mucho; y a mis 36 años, por primera vez, fui al Cusco. A la cuarta ida, con un grupo de periodistas extranjeros a los que les tenía que demostrar que pese al terrorismo sí se podía hacer turismo, el guía consiguió a un maestro para que nos acompañara a Machu Picchu para hacer una ceremonia. Univisión quería armar una historia con toda la parte mística, y la gringa a cargo, Patricia Sampedro, recogió unas piedras en Machu Picchu. Ya de vuelta en el Cusco, le empezaron vómitos y diarreas.
Creyó que se debía a las piedras.
Que no debió haberlas tomado, porque, energéticamente, algo malo había hecho. Yo también me asusté, así que buscamos al maestro, pero no estaba por ningún lado. El guía nos contactó con Víctor Estrada, que además de guía oficial está especializado en lo espiritual. Estaba en Arequipa, y como nosotros al día siguiente partíamos para allá, su esposa nos dio su teléfono. Ni bien llegamos, la gringa lo llamó. Víctor le dijo: "No te preocupes, esas piedras son para ti, para que ayudes al planeta en lo ecológico". Yo no hablé con él, pero sentí que tenía que hablar conmigo, y empecé a llorar. Además, le dijo que San Pedrito (el cactus de los Andes) ya le había hablado de nosotras. En esa época, el sampedro --wachuma, como le decimos nosotros-- era una cosa muy remota para mí. Esa noche tuve mi primera experiencia de viaje astral: me fui a dormir, y comencé a ver que volaba, como un cóndor: veía Cusco, Machu Picchu, Ollantaytambo, ¡todo! Yo volaba y volaba, no me había acordado de que mi hermano me había dicho que así se ve por el tercer ojo.
¿El tercer ojo?
Está acá (en la frente, entre los ojos) y es tu intuición: cuando abres tu tercer ojo, ves más allá de lo visible. Ves lo que está más allá de lo físico, de lo tangible.
¿Es consciente de que esto que me dice le puede resultar ridículo a muchas personas?
¡Totalmente! Mira, el día que conocí a Víctor, me dijo: "Tu misión en esta vida es ayudar con amor, pero primero tienes que ser benévola contigo misma". Yo era muy dura conmigo y con los demás: era intolerante. En Lima, Víctor me invitó a mi primera ceremonia de wachuma, con Agustín, su maestro. Mi esposo me dijo ¡estás loca! Y yo, que siempre había sido pleitista, me quedé muda. Cómo me habrá visto, que al final me dijo: "Bueno, vas si yo voy. Y así, mis primeras ceremonias, las hice con mi esposo.
Es así que decide dejarlo todo.
No sé si decidí o me 'decidieron'.
El hecho es que con sus maestros fundó Comunidad Tawantinsuyu.
Todavía. Hubo un lapso en Prom-Perú, en el que salió Ludwig Meier y entró Beatriz Boza. Cuando ella entró, yo estaba en plena organización de un evento para 2.000 operadores de turismo (el congreso de la Confederación de Organizaciones Turísticas de la América Latina, que el 95 se realizó en Lima). Puso a una mujer para que me chequease: me hicieron la vida imposible, y para cuando regresé de un viaje, encontré mi oficina hecha un desastre; y, a través de mi secretaria, Beatriz me dijo que me despedía. Ese fue mi premio por el buen evento que organicé (ríe).
¿Cuánto tiempo pasó hasta que fundó la ONG?
Comencé a organizar eventos por mi cuenta, pero el 2000 Agustín me invitó a formar Comunidad Tawantinsuyu.
La organizadora de importantes eventos se convirtió en una maestra que conduce ceremonias con wachuma.
Del 94 al 2000 continué preparándome con mis maestros. Hace cinco años empecé con maestros de ayahuasca, ahora estoy en el proceso de graduarme en el manejo de esa medicina.
¿Qué son la wachuma y el ayahuasca?
Nuestras plantas sagradas, usadas por nuestros ancestros, por todas nuestras culturas: el wachuma, en las costas norte y sur, y en la sierra; y el ayahuasca, en la selva. Para nosotros son medicina, ¡la mejor! Una medicina que además de curar física, espiritual, psicológicamente, te enseña. Son plantas maestras que están en conexión con Dios.
¿Qué prueba hay de que curen?
Hay muchas, de toda la gente que las ha probado y se ha curado. Yo soy una de ellas. Por supuesto, la gente es aún incrédula: si yo te hablo de una cirugía espiritual, de que me han cambiado el corazón, los pulmones, los ovarios... claro, uno tiene sus dudas. Pero quienes han vivido esta experiencia entienden de qué hablo. El objetivo de Comunidad Tawantinsuyu es revalorizar la medicina tradicional.
Sin embargo, en el caso de la hoja de coca, por ejemplo, entidades como Devida y Cedro satanizan su uso: si no es para el chacchado, va al narcotráfico.
Es una lástima, he leído declaraciones risibles: decir que el narcotráfico es el que está promoviendo la industrialización de la hoja de coca, ¡cómo se puede decir tamaña barrabasada! Hay cifras que demuestran que la erradicación no funciona, pero como esos señores tienen que defender sus sueldos en dólares... Da vergüenza que haya niños con un alto nivel de desnutrición teniendo las plantas y productos andinos que tenemos, porque no solo estamos hablando de la hoja de coca, sino también de la kiwicha, la maca, la quinua, la cañihua, el tarwi, ¡todas alimentan! Pero, qué ha pasado: occidente nos mete las gaseosas, nos mete un montón de porquería cuando acá lo tenemos todo. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué no vemos dónde están nuestras fallas? Nuestras fallas están en nosotros, porque nuestro país no sale adelante --con todo lo rico que es-- por culpa nuestra, porque nos hemos dejado adoctrinar en muchos aspectos.
¿Y qué está haciendo usted para que eso cambie?
Nuestro aporte está en la difusión, preservación y uso de plantas maestras. Así vamos sembrando semillitas, abriendo conciencias. ¿Cómo? Haciendo los foros internacionales sobre la hoja de coca, que los empezamos el 2005 en la Universidad de San Marcos y cuyo excelente resultado se está viendo en el auge que está teniendo la harina de coca. Eso es lo que hacemos. No nos vamos a pelear con los políticos ni con EE.UU. No tenemos el dinero para eso ni nos interesa. Nosotros estamos para curar: para ayudar a la gente a que esté mejor.
Lucha por aquello en lo que cree. ¿Extraña su vida pasada?
No extraño nada.
Su hija menor ha asimilado su vida actual, ¿cómo ha ocurrido con los mayores?
Al principio, el que fue mi esposo por 20 años --me separé hace cuatro, entre otras cosas porque tomo este camino-- y también mis dos hijos mayores me miraban un poco raro: Mary Ann se trastornó, está loca; Mary Ann ha dejado un puesto de 2.500 dólares. Hoy me miran con respeto.
Su decisión, la de cambiar radicalmente su vida, es un ejemplo. Ellos ahora la valoran.
Tuve años difíciles, pero los espíritus me decían: esto es lo que tienes que hacer, tienes que dejarlo todo y dedicarte a curar. En este camino, solo cuando tú estás seguro de lo que haces, los demás empiezan a mirarte de otra forma, a respetarte: porque tú te respetas a ti mismo. Los que no, simplemente se alejan.
La ficha
Nombre: Mary Ann Eddowes Villarán.
Colegio: San Silvestre.
Estudios: "Mi sueño era ser traductora: hablo francés, inglés y castellano. Ingresé a la Unifé, pero al año y medio mis papás se divorciaron y ya no había dinero, así que me retiré e hice eso que juré nunca hacer --eso me pasa por jurar--, y estudié secretariado ejecutivo bilingüe. Al año comencé a trabajar para ayudar a mi mamá".
Edad: El 7 de mayo cumple 49.
Cargo: Directora de la ONG Comunidad Tawantinsuyu.
Antonio Orjeda