Dominados por su energía

El déficit de atención e hiperactividad afecta a un niño de cada salón. A pesar de que se puede controlar aún existe desconocimiento respecto a este síndrome.



En el mejor de los casos, les dicen distraídos o inquietos; pero también los han acusado de malcriados y hasta intratables. Quienes han sido diagnosticados con déficit de atención e hiperactividad (TDAH) han pasado irremediablemente, por una etapa, generalmente la escolar, en la que las reprimendas y los castigos eran una constante. Situación paradójica si consideramos que un niño por aula tiene este desorden y, según estadísticas internacionales, el 5% de los niños presenta este problema.

Ahí está el caso de Sebastián de 16 años, diagnosticado con TDAH cuando cursaba el cuarto grado de primaria. "A esa edad no era muy consciente del déficit, pero me daba cuenta de que me metía en más problemas que el resto. Lo que hacía, lo sentía como algo espontáneo, pero al mismo tiempo no me dejaba estar sentado ni por dos minutos".

El TDAH se diagnostica, por lo general, durante la época escolar. Es una condición en la que conviven la falta de atención, la hiperactividad y la impulsividad. Dependiendo de cada caso, existe TDAH con predominancia de desatención (más frecuente en niñas), TDAH con predominancia de hiperactividad e impulsividad (más común en varones) y TDAH combinado.

El diagnóstico, como nos explica el doctor Ramón Maldonado, pediatra del Baptist Hospital de Miami, requiere la realización de un cuestionario y la entrevista con padres y profesores. Si se obtienen seis respuestas afirmativas en uno u otro criterio (desconcentración, hiperactividad e impulsividad), estaríamos ante un caso de TDAH. Esto se complementa con la evaluación del neurólogo, pues "este especialista aporta el estudio clínico e investiga las posibilidades causales y la comorbilidad o el acompañamiento de otros trastornos del desarrollo como los del lenguaje, del aprendizaje de la lectura, la escritura, la matemática y la conducta. En general, se asocia al neurólogo como el profesional que solo va a prescribir un fármaco y no siempre es así", señala el neurólogo Javier Flórez del Águila.

EL TRATAMIENTO

Una vez hecho el diagnóstico se iniciará el tratamiento que, como explica el doctor Armando Filomeno, neurólogo asesor de la Asociación Peruana de Déficit de Atención, incluirá medicación, terapia de conducta y 'coaching', una técnica que se emplea hace aproximadamente diez años y que supone la creación de una sociedad entre la persona con TDAH y el 'coach', quien brindará estrategias para un desenvolvimiento asertivo, valorando y aprendiendo nuevas habilidades, además de orientarlo a organizarse, a fijarse metas y a manejar el tiempo productivamente.

"Empecé a tomar Ritalín y sentí los cambios, sobre todo en la conducta. Sentí que razonaba más sobre lo que hacía. Pero lo que más me ha ayudado ha sido la terapia. Para mí, el psicólogo es como un mago, tiene un don especial. Lo bueno es que siento que si hice algo (malo) y se lo digo a mi mamá, ella me va a regañar; en cambio, el psicólogo me va a escuchar y no va a poner cara de pánico; él me dirá, sin molestarse: ¿y por qué lo hiciste?", relata Sebastián.

La terapia psicológica, como señala la doctora Myriam Velarde, del Departamento de Neurología de la Conducta del Instituto Especializado de Ciencias Neurológicas, contribuye a aumentar la autoestima, fijar pautas de conducta y desarrollar estrategias de atención y concentración.

Antes de medicar, la doctora Velarde recomienda realizar exámenes como el electroencefalograma a fin de detectar si existen otros problemas como epilepsia, que sería incompatible con la prescripción de psicoestimulantes.

Una vez adquirida esta información, el médico diseñará la estrategia de medicación. "En el Perú, el fármaco por excelencia para el tratamiento de TDAH es el metilfenidato, comercializado como Ritalín, estimulante de pronta y favorable acción sobre los tres síntomas del TDAH (desatención, hiperactividad e impulsividad) y casi nulos efectos secundarios. Tiene, además, la ventaja de su bajo precio (una caja de 30 cápsulas cuesta aproximadamente S/.50). Últimamente, se está promocionando el metilfenidato de acción prolongada (comercializado como Concerta). De otro lado, tenemos la atomoxetina (comercializada como Strattera), un fármaco no estimulante y con un par de años de uso en nuestro medio. Tiene buenos efectos terapéuticos, pocos efectos secundarios, pero incómodo precio (la caja de siete pastillas de 10 mg pueden costar S/.87,50)", comenta el doctor Flórez del Águila.

Sin embargo, no es el factor económico el que favorece el abandono del tratamiento, sino el prejuicio hacia las enfermedades neurológicas y el hecho de que los chicos deban tomar la medicación en el colegio. Prejuicios que se pueden superar manejando información adecuada.

Abandonar el tratamiento supone una serie de desventajas. Estudios internacionales señalan que de no tratarse el TDAH, existe 20% a 30% de posibilidades de sufrir de depresión, 35% a 40% de deserción escolar y 40% a 50% de actitudes antisociales.

¿UN PLUS?

"No veo el déficit de atención como algo malo. Yo soy muy ágil mentalmente y tengo una capacidad de retención mayor que otros chicos. En realidad, es más lo que puede hacer el TDAH por ti que lo que te va a dañar. Conozco gente con TDAH y he notado que tenemos mayor facilidad para relacionarnos con otras personas", afirma Sebastián.

De la misma opinión es Belinda Castro, autora del libro "Por una vida con atención", en el que menciona las características positivas de los chicos con TDAH: pueden trabajar muchas horas seguidas, disposición para correr riesgos que los impulsa a conseguir lo deseado, diversificación de intereses, sentido del humor, imaginación, creatividad y sensibilidad, así como gran valoración de la familia.



Carmen Escobar



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