Elena tiene 28 años y es consciente de que, desde siempre o mejor dicho, desde niña tuvo déficit de atención. Sin embargo, solo hace dos años fue diagnosticada 'oficialmente' con el déficit de atención e hiperactividad, TDAH.
Ya en el colegio, y a pesar de encontrarse en el tercio superior, ella notaba ciertas dificultades: fue la última en aprender a contar, siempre tuvo problemas en matemáticas (lo cual se acentuaba con la fama que le hacían algunos profesores) pero al mismo tiempo tenía notas brillantes en otros cursos (los que le gustaban) y nunca pudo tener un cuaderno al día porque le costaba prestar atención y tomar apuntes al mismo tiempo. A veces, Elena simplemente se quedaba en la luna y de repente, luego de la formación de la mañana, ella se quedaba sola en el patio porque no había escuchado cuando la profesora había enviado a todos los alumnos a sus salones.
"En el colegio, lo único que recibía era mensajes negativos, de por qué no avanzaba y que no sabían qué hacer conmigo. Tuve como 50 profesoras de matemática y todas renunciaban con facilidad. Sin embargo, cuando salí del colegio y empecé la academia era buena en matemática. Lo mismo en la universidad".
En la universidad, Elena obtuvo buenas notas pero nunca pudo escuchar una clase completa. "No escuchaba una clase sin salir, por lo menos, una vez al baño o a tomarme un café. Si no salía del salón, me ponía a conversar o hacía preguntas. Era un modo de encauzar la clase hacia lo que me interesaba. Nunca tuve un cuaderno y todo lo que me explicaban, lo retenía. Me iba muy bien en los exámenes de desarrollo, no tanto en los de respuesta múltiple. Estudiaba en grupo y yo era la que explicaba y cuando alguien más lo hacía, cerraba los ojos y escuchaba. Lo captaba todo y me sacaba buenas notas".
Elena era consciente de que tenía un problema de atención, el cual se acentuaba cuando atravesaba épocas de estrés. "Me ha pasado que he dicho: "Voy a montar bicicleta". Me pongo el buzo, las zapatillas y cuando ya estoy en la calle me doy cuenta de que he dejado la bicicleta en casa. A veces, y siempre bajo mucho estrés, he salido de mi casa sin zapatos y me he dado cuenta en la puerta".
Fue a partir de su diagnóstico que empezó a informarse sobre el TDAH y a aprender a organizarse. Estas son sus estrategias: medicación ("Fue automático. Tomé la pastilla y podía leer un correo electrónico entero --algo que le costaba esfuerzo y le generaba estrés-- sin pararme. Tomo un Ritalín y leo tres párrafos, comprendiéndolos y captando la idea central"), usar agenda y arreglar su mochila un día antes. "Esto lo he logrado hace un mes pero cada vez se me hace más fácil".