LOS PERSONAJES QUE NADIE VE
Fernando Sandoval y Wilfredo Castro vigilan día y noche los votos de Unidad Nacional y del Apra. Hace 4 semanas viven un encierro consentido. Sepa usted cómo lo soportan
Desde hace veinticinco días, Fernando Sandoval y Wilfredo Castro viven prácticamente encerrados en el tercer piso de un edificio del jirón Washington. Los dos pasan ahí más de dieciocho horas diarias. Comparten una pequeña habitación, en una suerte de secuestro voluntario. Sus rutinas alimenticias se han distorsionado por completo y nadie se explica cómo soportan ese infame trajín laboral. En ese recinto, gastan las horas recopilando actas, cuadrando números, calculando tendencias, recibiendo y devolviendo llamadas. La misma historia todos los días. Incluso los domingos. Incluso los feriados. Mañana, tarde y noche. Quizá es por eso que los dos han perdido el sentido del transcurso del tiempo y les cuesta reconocer si ayer fue lunes, si hoy es jueves o si falta mucho para el siguiente sábado. Tan deslomada es su chamba que casi no ven a sus familias: llegan a casa cuando todos duermen y salen de ella cuando nadie se ha despertado. Sería lícito especular y decir: Bueno, por lo menos recibirán una buena paga que compense esos sacrificios domésticos. Error. Nada de eso. Por si fuera poco, todo esto lo hacen absoluta y orgullosamente gratis. "Todo sea en nombre del partido", se justifican. Desde hace veinticinco indesmayables días (puntualmente, desde el 5 de abril), las vidas de Fernando y Wilfredo parecen responder al retorcido guión de un abusivo 'reality' de supervivencia. La supervivencia de dos hombres recluidos en un edificio por su puro gusto; que comen mal, que se desvelan y que compiten entre sí por ver quién logra contar más votos. Una especie de "Desafío del Inca", pero sin premio.
ENEMIGO MÍO
La relación de Sandoval y Castro (desde hace seis años personeros técnicos de Unidad Nacional y el Apra, respectivamente) no se reduce a esta última elección. Ellos se conocieron en la ONPE durante el proceso del 2000, cuando --además de soportar las agotadoras penurias de aquel escrutinio farsesco-- tuvieron que enfrentar las maniobras del entonces titular de esa entidad, el inefable José Portillo Campbell (célebre por su muletilla: "papelito manda") durante la ilegal re-reelección presidencial de Alberto Fujimori.
"Técnicamente, Wilfredo y yo hemos luchado juntos por la democracia en el 2000, en la ONPE de Portillo. Pese a que representábamos a partidos distintos, el proceso nos unió bastante, porque Portillo nos ponía mil trabas: nos apagaba el centro de cómputo, nos sacaba del sistema, nos daba reportes con información falseada", recuerda Fernando.
Wilfredo completa el cuadro y puntualiza que hay una enorme diferencia ("abismal" es la palabra que utiliza) entre la vieja ONPE de Portillo y esta de Magdalena Chú. "En el 2000, para justificar las extrañas tendencias de la votación, decían que el servidor se había caído, pero se notaba que todo era anormal".
Luego de esa experiencia, los dos volvieron a verse las caras en las presidenciales del 2001 y las municipales del 2002 antes de coincidir en estas generales del 2006, siempre premunidos de sus calculadoras y sus respectivos chalequitos del Apra y Unidad Nacional.
Con tantas extenuantes jornadas vividas hombro a hombro, es natural que se hayan hecho tan 'patas' y se gasten toda clase de bromas. El pasado miércoles, por ejemplo, mientras yo conversaba con Fernando (UN), Wilfredo (Apra) interrumpió para fastidiar: "Que le diga la verdad a Lourdes, solo a nosotros nos dice que Lourdes ya fue, pero a ella no le dice nada No seas malo con tu candidata, pues, compadre". Fernando lo oía, pero solo atinaba a sacudirse de risa.
Alguien podría pensar que la amistad de estos señores termina en las puertas de la ONPE; sin embargo, el representante de UN baraja rápidamente esa sospecha: "A veces también nos llamamos en épocas no electorales y conversamos mucho y de vez en cuando salimos y nos tomamos un café". Curiosa paradoja electoral: mientras Lourdes y Alan, Del Castillo y Barrón, Mulder y Woodman, debaten, discuten y se agreden en la disputa de los votos, sus personeros técnicos salen juntos a tomar café.
ATRAPADOS CON SALIDA
Fernando y Wilfredo tienen la misma profesión (ingenieros), la misma edad (41 años) y durante estas semanas de encierro han sufrido angustias muy parecidas. No solo porque padecieron un resfrío pertinaz en los primeros días del recuento (no se ponen de acuerdo para decir quién contagió a quién), sino porque ambos se perdieron reuniones familiares a las que, desde luego, hubiesen querido asistir.
"Yo tengo un hijito de 12 años, pero no he podido llevarlo al colegio, ni ayudarlo en sus tareas. Y aunque el nexo se ha roto un poco, le doy las gracias por entenderme", se sincera Fernando, y me pide que no me olvide de poner eso en la nota. Con un gesto pillo, el personero de UN me cuenta que una noche logró escaparse del piso 3 para llevar a su hijo al cine a ver "La Era del Hielo 2": "Lo único de malo fue que lo tuve que llevar a Plaza San Miguel, a la última función, la de las 11:30 de la noche. Salimos como a las 2 de la mañana. Pobre mi hijo".
Por su parte, Wilfredo toma con humor las restricciones que le han impedido ver seguido a su esposa y sus tres hijos: "Nuestro 'training' es bien bravo, pero felizmente mi señora está acostumbrada". Y bien que debe estarlo, porque hasta le disculpó que faltara a su cumpleaños. "Me perdí su santo el domingo 16, solo estuve minutos con ella", dice con un tic de culpa.
--Pero al menos le regalaste algo...
--¡Caracho, me has hecho acordar! Le dije que le debía el regalo y prometí llevárselo ahora Gracias, hermanito, me voy a comprarlo
Solo un enraizado aprecio por sus partidos podría explicar la dedicación de Fernando y Wilfredo. Ellos no son políticos, pero viven la elección con una voluntad alucinante . "Uno está aquí por convicción. No sé cómo terminará todo, pero me siento bien porque no ha habido dobleces en el trabajo", subraya Fernando. Wilfredo interviene: "Yo estoy agotado físicamente, pero emocionalmente sigo entero".
Los dos afirman que después de este proceso electoral no tendrán descansos. Por increíble que parezca, ambos retornarán a sus trabajos habituales, pues esta chamba de personeros --no miento-- la ejercen durante sus vacaciones. Fernando trabaja en el área de informática de una empresa y Wilfredo en el departamento de cómputo de la Universidad Garcilaso de la Vega.
Lo más probable es que se vuelvan a encontrar aquí en noviembre, para los comicios municipales y regionales. Entonces empezará nuevamente para ellos la durísima rutina del autoencarcelamiento. Noches sin dormir; comidas a deshoras; ojos inyectados de tanto mirar la computadora; y los inevitables distanciamientos. Por lo visto, el 'reality' de supervivencia promete segunda parte.
El dato
La ley los considera
El JNE --vía la Ley Orgánica de Elecciones-- reconoce cuatro tipos de personeros: el legal, el técnico, el de centro de votación y el de mesa. El único requisito para ser personero técnico es tener una experiencia acreditada en Informática o procesamiento de datos.
Renato Cisneros