Domingo, 14 de mayo de 2006
Héroes del silencio

Las victorias militares peruanas. Esta semana se cumplieron 140 años de la victoria naval del 2 de mayo. Un pretexto para hablar de las batallas que el Perú ganó durante su vida independiente. Son pocas, pero son. A despecho, de que muchos de sus protagonistas estén en el olvido.



Es probable que el trauma de la Guerra del Pacífico (1879-1884) haya ensombrecido la historia militar peruana y las palabras "derrota" o "inmolación" hayan calzado perfecto con nuestros héroes nacionales más consagrados. A estas alturas de nuestra historia, a alguien le suena conocido los nombres de Eloy Ureta, Carlos Miñano, José Manuel Clavero o Óscar R. Benavides. Tal vez al último de los nombrados se le recuerde por su discreto papel como presidente, sin embargo, todos ellos fueron militares peruanos que alguna vez salieron airosos en una batalla. ¿No es irónico que las pocas victorias nacionales sean solo conocidas por historiadores?

GENERALES SIN MEDALLAS

Es notorio también que en la mayoría de guerras hayamos cumplido el papel de víctimas. El combate del 2 de mayo fue para rechazar el intento de España por volver al Perú; en la guerra del Pacífico sufrimos la voracidad del invasor; en 1911 tuvimos que rechazar una invasión colombiana; en 1941 repelimos las agresiones territoriales del Ecuador (aunque esta vez invadimos toda la provincia ecuatoriana de El Oro); y en 1981 otra vez nos defendimos de una incursión de nuestro vecino norteño.

Si bien perdimos la gran guerra del siglo XIX, antes y después tuvimos victorias militares significativas. En ese siglo hubo hasta cuatro enfrentamientos ganados por nuestros ejércitos, de los cuales el más renombrado es el 2 de mayo. Pero, antes, en 1827, Agustín Gamarra, entonces prefecto del Cusco, organizó un ejército que invadió Bolivia con la finalidad de eliminar la influencia colombiana y bolivariana al gobierno de Sucre.

Incluso en tiempos de la Confederación Peruano Boliviana (1837-1839) le perdonamos la vida a Chile. Según refiere el historiador Juan Luis Orrego, el gobierno chileno se oponía a este acuerdo y envió dos expediciones para combatirlo. "La primera de ellas, al mando del general Manuel Blanco Encalada llegó hasta las afueras de Arequipa, en Paucarpata -cuenta Orrego-. Ahí se encontró frente a frente con el ejército peruano al mando de Santa Cruz y todas las evidencias que tenemos es que si se producía un enfrentamiento, nuestras fuerzas hubieran aplastado a las chilenas porque las superaban en número y en armas. Sin embargo, Santa Cruz decidió evitar el enfrentamiento, obteniendo a cambio la firma de un documento que reconocía la existencia de la Confederación, el cual después fue desconocido por el gobierno de Chile".

Y el tercer enfrentamiento del siglo XIX que nos favoreció se dio entre 1859 y 1860, durante el segundo gobierno de Ramón Castilla. El gobierno ecuatoriano había pagado a los acreedores ingleses con tierras peruanas ubicadas entre los ríos Pastaza y Bombonaza, lo que motivó la protesta peruana. Al no haber rectificación, Castilla decidió invadir Guayaquil. Tropas peruanas tomaron el puerto ecuatoriano firmándose luego el Tratado de Mapasingue (nombre de la hacienda guayaquileña donde se realizó el acuerdo), a través del cual Ecuador anulaba la venta de dichos territorios.

DESPUÉS DE LA HECATOMBE

Terminada la guerra con Chile, se inicia lo que Basadre llamó el periodo de Restauración nacional, sin embargo en 1911 nuestro país se vería enfrascado en otro problema fronterizo. Colombia reclamaba una salida soberana al Amazonas e invadió nuestra frontera. Entonces el gobierno de Leguía envió un contingente militar a la amazonía al mando del general Óscar R. Benavides. Una tarea difícil, dadas las comunicaciones de la época, y aunque no fue específicamente una batalla, se produce un enfrentamiento en La Pedrera entre el 10 y el 12 de julio, consiguiéndose expulsar al invasor. Ahí tuvo destacada participación el teniente José Manuel Clavero Muga al mando de la cañonera América. La expedición vuelve a Lima con aires de gloria. "Fue un golpe de aliento para el Perú después del trauma de la derrota con Chile", dice Orrego.

Pero esta historia terminaría mal, pues en 1924 el tratado de Salomón Lozano cedería el territorio en disputa a Colombia.

Sin embargo, tendrían que pasar dos décadas para que el Perú gane su primera guerra formal. Fue en 1941 frente a Ecuador, en una campaña eficiente, donde por primera vez en esta parte del continente se utilizó paracaidistas. Luego de una serie de agresiones ecuatorianas y enfrentamientos, que van desde enero a julio de ese año, se produjo Batalla de Zarumilla (24 y 25 de julio). A través de ataques aéreos y terrestres, el Perú consigue ocupar la provincia ecuatoriana de El Oro. Ahí tuvieron destacada actuación el general Eloy Ureta (después elevado a mariscal) y una serie de mandos militares como Carlos Miñano, Manuel Odría, Miguel Monteza Tafur, entre otros. El héroe máximo de la campaña fue el capitán FAP José Abelardo Quiñones, quien dirigió su avión en llamas contra la artillería enemiga, en vez de lanzarse en paracaídas. El conflicto terminó con la firma del Protocolo de Río de Janeiro, que sería desconocido más de una vez por Ecuador, generándose en 1981 el último incidente fronterizo ganado por el Perú.

LAS VICTORIAS SIMBÓLICAS

¿Pero por qué estas victorias son poco conocidas o celebradas? ¿Será solo porque no tuvieron gran relevancia y no cambiaron demasiado el curso de nuestra historia?

El psicoanalista Luis Herrera ensaya la siguiente explicación: "hemos sido el centro de una colonia por tres siglos, eso pesa mucho. Y con la independencia nuestro territorio se fraccionó en diversos espacios y territorios, que, además, eran racialmente diversos. Otro elemento que nos da esa sensación de apocamiento es que el indio peruano (una de las mayorías del país) ha estado, hasta no hace mucho, en una situación muy inferior. Se nos ha acostumbrado a bajar la cabeza por mucho tiempo y más aún tenemos una letra del himno que dice "la humillada cerviz levantó", yo preguntaría ¿cuándo levantó? Entonces nunca caló totalmente la idea de nación. De otro lado, hemos tenido muchos caudillos y pocos estadistas. Y como sabemos los caudillos siempre buscan una satisfacción inmediata y no la construcción de una nación, es algo que se repite siempre hasta el día de hoy".

Entonces, el orgullo de ser peruano es más la letra de una canción que una realidad y las victorias son casi siempre simbólicas. En otras palabras no sabemos ganar. El psicoanalista pone el ejemplo del fútbol. Cuando entrevistan a nuestros jugadores, uno escucha una respuesta recurrente: "estoy trabajando con mucha humildad". ¡Por favor -dice Herrera-, humildad es lo que sobra en el país!



Jorge Paredes



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