Domingo, 4 de junio de 2006
Crítica de cine: X Men: la batalla final
Alberto Servat
Me temo que los hombres X se han vuelto rutinarios. Al menos eso deduzco de esta tercera entrega, "X Men: La batalla final", que pretende llevarnos a una situación extrema, incluso definitiva, pero que luce únicamente como un episodio más dentro de una saga que ya parece interminable.

Un episodio que, además, puede resultar chirriante por momentos e incluso muy poco firme a la hora de delinear a sus personajes y las motivaciones que estos puedan tener para actuar.

No basta decir que se trata de un filme de acción y efectos especiales, basado en un cómic muy popular, y que en ese punto la película cumple sus objetivos. No es así. Porque sus principales referentes son las dos películas anteriores de la misma serie, muy interesantes ambas, que supieron desprenderse de la etiqueta de "película comercial con efectos especiales" para insertarse en un plano muy superior.

De hecho la ausencia de Bryan Singer como director ha afectado al producto. Brett Ratner, quien se encargó también de la tercera película sobre Hannibal Lecter, "Dragón rojo" (2002), no consigue superar la prueba y se contenta con una sucesión de explosiones sin saber insertar alguna otra virtud entre secuencia y secuencia. De manera que los personajes que encontrábamos entrañables, ya sean héroes o villanos, forman en esta ocasión un conglomerado de mutantes en peligro sobre los que no tenemos mayor interés. Así, cuando se enfrentan al siniestro antídoto que los puede "curar", no sentimos en lo absoluto el peligro al que están expuestos. La anécdota no pasa de un tibio temor de algunos y una sucesión de violencia, donde además desaparecen personajes clave de la saga sin mayor impacto. ¿Ese es el final de nuestros héroes o pretenden resucitarlos en las siguientes películas? Dada la pérdida de rumbo nada nos sorprendería ya.

La apuesta de los productores ha sido insuficiente. Sus personajes y sus seguidores merecían un desenlace más elaborado.

De los actores hay poco que decir. Si los notables Patrick Stewart e Ian McKellen tenían algo que aportar, lo hicieron en las películas anteriores. Aquí lucen reiterativos y poco fascinantes. Y del mismo modeo el resto del reparto. Con excepción de Halle Berry, como Tormenta, que asume en esta ocasión un protagonismo inexplicable debido a un guion sin mayor consistencia. En cuanto a los nuevos mutantes, aparecen sin mayor justificación, como sucede con el Ángel (Ben Foster), cuya presencia parece que fuera a tener alguna trascendencia en la trama y no es así.

No hay duda de que una cuarta parte está en camino. Sobre todo después de ver una escena que la mayor parte del público se ha perdido, al final de los créditos, en donde nos dan la pista de la continuación. Ojalá sea encomendada a un realizador más competente.






¿Conoce monumentos de personajes históricos que son víctimas del vandalismo y el olvido?
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