La Ley de Inmigración de 1849, promulgada con el propósito de abastecer de mano de obra a las haciendas costeñas, favoreció la inmigración china. El 15 de octubre de ese año arribaron 75 chinos al Callao. Posteriormente, de febrero de 1850 a julio de 1853 llegaron 2,516 colonos chinos. La inmigración fue abolida en tiempos de Castilla, pero reimplantada luego en 1861, pues la agricultura requería de brazos.
Los culíes trabajaban en las haciendas de la costa, en campos de caña de azúcar y algodón. Participaron también en la extracción de guano de las islas y la construcción de ferrocarriles. Otros se dedicaban al servicio doméstico e industrias urbanas. Tras cumplir su contrato de ocho años, la mayoría prefirió dedicarse a pequeños negocios y oficios como cocina, zapatería y talladores en madera. A pesar de que podían volver a su patria, muy pocos optaron por esta posibilidad. Antes de la Guerra con Chile, formaron el Barrio Chino en el corazón de Lima.