Lunes, 26 de marzo de 2007
El corredor del ahorro

Mayra Castillo Vásquez
INTEGRACIÓN. Cuando una campesina con DNI tiene dinero propio ocurren dos milagros: ella empieza a quererse más y piensa en grande. En las zonas rurales de Puno y de Cusco, los sueños empiezan a cobrar fuerza y la palabra ciudadanía se parece a la libertad y el compromiso

La libreta de ahorros de Lucía Condeña es un delicado fólder de niña afanosa. Tiene hojas de papel periódico con dibujos en plumón y crayola, salpicadas de escarcha dorada. Solo una frase nos recuerda que el color del dinero es el que manda: una plegaria. "Padre mío, ayúdame en mis créditos y ahorros". Una mujer con pollera azul y chompa fucsia --igual a ella-- aparece de rodillas ante el texto. Ahorrar en el banco es un acto de fe. "Me dedico a la chacra. Esta plata es para mis tres hijas, para que estudien" dice, mientras muestra las páginas llenas de estados de cuenta, de movimientos bancarios y de comprobantes pegados con goma.

Bajo el sol de la localidad de Parocan, a dos horas de la cosmopolita ciudad del Cusco --sin luz, sin agua, sin desagüe y sin señal para celulares-- el verde del campo compite con el morado y crema de los maíces tostados al sol. Muy cerca, las ovejas se aburren y berrean. A las vacas solo se las huele, pero no se las ve. El aroma a leña penetra al mediodía en lo que alguna vez fue una plaza. Las 20 mujeres del Grupo de Ahorristas Virgen Purificada se sientan en las escaleras de una iglesia donde Dios solo atiende cuando hay un bautizo o defunción. Allí cuentan sus historias de libertad, mientras los hombres del pueblo las reconocen y siguen de largo por la trocha, masticando desdén y hojas de coca.

Parocan pertenece al corredor económico Puno-Cusco y, gracias a ello, el Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social (Foncodes) puede ejecutar el proyecto de inserción de mujeres rurales al sistema financiero formal. En buen cristiano, hacer que las campesinas tengan una cuenta de ahorros y que accedan a créditos, préstamos, giros y transferencias en las entidades autorizadas por el ente gubernamental. "Al inicio hubo resistencia con las cooperativas, muchos tuvieron malas experiencias con las que cerraron y no les devolvieron ni un sol", explica Mario Flores, capacitador financiero del proyecto. La mayoría de mujeres pensaba que era mejor tener el efectivo en latas que escondían en techos, entre el maizal, bajo la tierra o el colchón. Otras, preferían comprar un toro o ahorrar en especies. Lamentablemente, las ratas eran las primeras en destrozar los billetes escondidos y las emergencias médicas las obligaba a malbaratear una res hasta por la mitad de su precio (apenas 600 soles). El reto consistía en explicarles que el dinero, más que protegerse y guardarse bajo siete llaves, puede llegar a engordar como el mejor de los animalitos.

LA LUCHA COMIENZA
Inés Huamán no aparenta sus 36 años. Parece menor y lidera el grupo de las 20 ahorristas que se atrevieron a poner la plata en una bóveda bancaria. "En Waro escuché a las señoras del vaso de leche que ahorraban. Me puse a averiguar para contarles a mis vecinas", comenta. El requisito indispensable para acceder al proyecto es ser un grupo organizado de 20 hasta 35 mujeres --cero varones-- de cualquier provincia de Puno y Cusco. Además, todas deben tener DNI. En distintas zonas altiplánicas se realizaron trabajos conjuntos con Reniec para cambiar las libretas de tres cuerpos y gestionar documentos inéditos.

Las señoras de Parocan tienen negocios diversos: desde la venta de cuyes y platos típicos los domingos, hasta el horneado de panes. Pero se han unido por el proyecto del ahorro y ahora, tras ser seleccionadas en grupo, pasan por un periodo de capacitación financiera. "Nos contaron de los incentivos y de los premios. Ahora planeamos comprar plantones de alcachofas a ver si 'prenden' aquí en nuestras tierras", agrega Inés, como quien sueña con exportarlas grandes y verdes. Cada socia accede a una cuenta con un monto mínimo y se le abona un incentivo hasta por 100 soles. Por ejemplo, si se abre una línea con 50 soles, el Foncodes (a través del banco) entregará 50 soles más, con la condición de comprometer a la persona a seguir ingresando y retirando dinero regularmente. Y por cada 4 soles de ingreso o retiro, se les abona un sol adicional. No se les cobra mantenimiento y tienen un número de retiros ilimitado. Según el Foncodes, se ha invertido un millón 675 mil soles en más de 4 mil cuentas desde el año 2003.

DISCRIMINACIÓN POSITIVA
Pero no todo fue color cielito lindo en Parocan. Los primeros en levantar las cejas al conocer de este proyecto fueron los maridos, desconfiando de los depositarios del tesoro femenino. Pero sobre todo, les desagradó la repentina libertad de sus esposas y que ellos no pudiesen acceder a los mismos beneficios bancarios. "Tradicionalmente, los habitantes de las zonas rurales del Perú han sufrido la exclusión y la marginación. Y en ese grupo, las mujeres sufren el doble, pero hemos comprobado que son más responsables", explica Jorge Feliciano, gerente de Proyectos Productivos del Foncodes. No se trata de genética privilegiada sino de algo simple: ellas administran el hogar, la educación de los hijos y saben cuánto cuestan las medicinas cuando alguien se enferma en casa. Otorgarles esta oportunidad no es solo resarcir años de ausencia estatal, sino una manera de sembrar la semilla en sus hijos.

Manuela y Eulalia son madre e hija, viven a más de 3 mil m.s.n.m. en la comunidad de Huantacachi Chila, en Puno, y ambas pidieron un crédito bancario de 500 soles para engordar a los animales que crían en casa. Ellas son las más risueñas 'cantutas' de la asociación Las Pankaritas --florecitas en aimara-- y ayudan al grupo tejiendo miniaturas de animales, además de delicadas chalinas de lana de oveja color crema, con las que salen a las ferias de Acora e Ilave.

Eulalia --o 'Lula'-- también teje inusuales chullos que diferencian a las mujeres solteras de las casadas por sus bordes ondulantes de colores sobre la frente, pero en especial por su extensión, pues les cubre la espalda desde el cuello hasta la cintura. Lula, de 20 años, hace una semana que se lo cambió por un sombrerito marrón. Es que ya tiene pretendiente.

A las veintiséis mujeres aimaras se las distingue por sus chalecos bordados con flores rojas, naranjas y fucsias. "Las que veníamos a las charlas éramos cincuenta, pero al final quedamos solo veintiséis", recuerda doña Rosa Condori, líder de Las Pankaritas. Ella fue escogida por ser la más responsable, puntual y cumplidora, y goza del respeto ajeno por haberles enseñado a salvarse con el ahorro. "Antes esperábamos que el marido nos diera plata, a veces ellos se lo tomaban. Cada mes vamos a guardar nuestras ganancias de la venta de tejidos y antes de gastarlo se piensa", añade.

Maruja Candelaria no puede calcular cuánta plata perdió cuando a su hijita de 2 años le diagnosticaron sordera. Solo sabía que era muda y que había que llevarla a La Paz (en Bolivia) para que un médico la viera. "Vendí mis cosas como sea, no sé cuánto, pero fue por gusto. El audífono parece que no funciona", señala. Accidentes, imprevistos, gastos escolares en marzo: todo eso que parece resuelto aquí en Lima en una localidad como Huantacachi Chila puede convertirse en un martirio. Por eso, Delia además vive de la leche y produce delicioso queso paria. Eleuteria también compra, engorda y vende ovejas. Doña Rosa se dedica a criar y vender cerdos. En su casa tiene una intimidante 'chanchita' negra que pronto dará a luz una camada de 10 crías. A doña Rosa le brillan los ojos de verla: cada cría se venderá a 30 soles.

Muchos hombres deberían estar acostumbrados a que sus mujeres trabajen duro. Como Fernando Huanca, quien impulsa a doña Rosa a guardar su plata en el banco. "Mi esposa no tiene temor de ir y estamos muy tranquilos", dice. Sus palabras lo convierten en una rara avis dentro del machismo imperante en la zona del Altiplano, pero no está solo. Un chiquillo casado de 21 años lo secunda. Se trata de Félix, quien ha bordado las chompas de todas las 'pankaritas', incluyendo a su esposa Ana María. "Mi papá me enseñó el oficio. Ella hila y yo bordo, no me hago problemas", dice, mientras pedalea una máquina de segunda mano que pronto desecharán por una nueva.

CIUDADANAS DE PRIMERA
Gracias a este programa, los bancos Credinca (Cusco) y Caja Los Andes (Puno) han incluido a trabajadores que sepan las lenguas quechua y aimara. Esto no solo les sirve para captar clientes sino para brindarles confianza a los miembros antiguos del banco, quienes lo veían como un lugar frío y confuso. "Al principio no era negocio salir a las zonas rurales a buscar depósitos de 100 o 50 soles, pero ahora estamos viendo los frutos. Ya no solo tenemos ahorristas, sino que hay gente que pide créditos para negocios", explica Raúl Calle, gerente de la Caja Los Andes. Según dice, las mujeres rurales tienen menos niveles de morosidad porque han asumido el ahorro como un compromiso. El contrato de la mayoría de mujeres con el Foncodes vence en el 2007, pero podrán mantener sus cuentas allí mismo pero sin gozar de incentivos.

Pero el desarrollo va más allá: estas 4 mil puneñas y cusqueñas han tenido que obtener su DNI y acaban de votar. Sus vidas están existiendo y la ciudadanía no es más una discusión erudita o política sino un modo de ver el futuro. Eso también las hace soñar más. Lula cree que su pretendiente --futbolista como ella-- entenderá su afición por el balón y por el negocio del telar. Si él no accede, ella será la primera en cambiar de rumbo para seguir adelante.

Datos
4El Foncodes ejecuta en el corredor Puno-Cusco el proyecto de inserción rural en el sistema financiero con más de 4 mil mujeres de las provincias de Urubamba, Anta, Acomayo, Canas, Calca, Canchis, Paruro y Espinar, en el Cusco. Y con las provincias de Azángaro, Melgar, Lampa y San Román, en Puno.

4Para el próximo 2007 se espera la inserción de 2 mil quinientas ahorristas más.

4La próxima convocatoria pública será el 12 de julio.





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