Miércoles, 28 de marzo de 2007
"Ver un partido de fútbol es el momento de la salvajería feliz"

Juan Zegarra Salas
MARTÍN CAPARRÓS
El periodista y escritor argentino, además de apasionado del fútbol, analiza el fenómeno cultural del deporte hegemónico.

La expectativa mundial que genera el campeonato de fútbol no se da en otros deportes.
Ningún deporte ha conseguido el grado de globalización y hegemonía mundial. Hay algo extraordinario en los mundiales, cientos de millones de personas pensamos lo mismo en un mes, ese es un fenómeno muy extraño y con una potencia increíble. Es un hecho cultural de primer orden. Además, en este mes se da la definición más precisa de las vacaciones, es decir, salir durante un mes de todo lo que hace tu rutina, dejamos en segundo plano el resto de ocupaciones y preocupaciones, y nos centramos en algo que es literalmente extraordinario, que pasa solo cada cuatro años y que nos descentra absolutamente, esa es una situación extraña para tratar de entender. Te produce un nivel de interés y de adrenalina que muy pocas otras situaciones, lamentablemente, te producen en la vida. Por lo tanto, volver después al posmundial se hace muy difícil. Pero me da mucha pena pensar que toda esa adrenalina e intensidad se produce en relación con algo finalmente poco importante como son una serie de partidos de fútbol. Me da lástima que no sepamos producir este grado de adrenalina de esfuerzo y de compromisos con cosas que realmente valgan la pena. Ahora, miles de veces me he preguntado por qué el fútbol y no otros deportes. Quizá porque es un deporte grupal, lo cual provoca una adhesión más fácil. Se puede adherir a una persona, pero es más fácil disolverse en esa idea de grupo que representa un barrio, un gremio y últimamente un país.

¿Por qué no el vóley, básquet u otro deporte con sentido grupal?
Lo central es la rareza del gol. En el vóley, básquet o rugby se anota muchos tantos y entonces ese momento tan extraordinario de explosión del gol se produce tan a menudo que pasa a ser habitual. En un partido de básquet se espera que el equipo que tiene la pelota termine haciendo un tanto, igual en el vóley. En cambio, esa unicidad del gol me parece que hace que el fútbol sea distinto de casi todos los demás deportes. Un partido de fútbol es una experiencia del fracaso constante, o sea, un equipo está en el campo de juego para hacer goles y fracasa el 98% del tiempo. Solo una, dos, tres veces, cuatro como mucho, consigue eso que está intentando. Es curioso que el triunfo sea fracasar tantas veces para lograr lo buscado solo una vez, es una idea curiosa de la vida.

No esperamos que el equipo o jugador esté bien todo el partido sino que le salga la genialidad en cualquier momento.
Sí, hay una idea bastante clásica que es la belleza como lo fugaz, salvo las obras de arte. Me llama la atención cómo el aprendizaje de una disciplina, en este caso, ver fútbol crea pautas de belleza que uno no tiene por qué tener. Estamos todos convencidos de que un sombrerito o una huacha es estéticamente admirable. Cómo fue que se decidió que la belleza era eso y no tantas otras cosas. Se ha creado un canon estético indiscutible entre millones de personas en poco tiempo y ahora somos tributarios de ese canon.

¿Quizá tenga que ver con ese sentido de irracionalidad del fútbol, del hincha que sigue a un equipo sin un sustento racional, simplemente ocurre?
Ir a ver un partido de fútbol es el momento de la salvajería feliz. Once muchachos ya grandes de pantalones cortos y pelos en las piernas que corren detrás de un cuero inflado para tratar de introducirlo entre tres postres, visto así es una estupidez extrema.

Borges decía que el fútbol es una cosa estúpida de ingleses...
Como decían tantos y uno mismo si lo piensa con un mínimo de distancia. El problema es que uno elige no tener esa distancia, no interponer ese prisma de lo racional. Y ese es el momento de la salvajería feliz porque semejante estupidez te produce un nivel de apasionamiento, ansiedad, nervios y felicidad que muy pocas otras cosas te producen.

En tu libro "Boquita" (diminutivo de Boca Juniors) mencionas que el fútbol es una forma barata de encontrarse con sensaciones indefendibles.
La inversión que uno hace para encontrarse con esas emociones es muy escasa, consiste en seguir más o menos de cerca a un equipo de fútbol que uno ha elegido. Los efectos que la actuación de ese equipo de fútbol tiene en tu vida son muy escasos. Uno se puede apenar espantosamente o alegrar infinitamente, y sin embargo al día siguiente será el mismo, irá al mismo trabajo, la misma situación. No hay efectos en lo real, tiene que ver con lo imaginario, te acerca a la magia.

El fútbol ha sofisticado la forma de medirse entre países, es como una prolongación de la política, del poder.
Creo que es una manera no sofisticada, es una manera falaz de medirse entre países. Es cierto que el Mundial es el mayor certamen internacional de audiencia, y sin embargo, establece escalas de poder totalmente distintas de las que hay en el mundo. Lo obvio, el país más poderoso, Estados Unidos, no tiene poder futbolístico, así como China, Japón, India, Rusia. Establece un sistema de poder autónomo y por eso no es una buena representación del sistema de poder real de la política y la economía.

Pero enaltece, mira Portugal, siempre visto como el último país que entró a la Unión Europea y que hay que ayudarlo, supongo que ahora los portugueses tendrán un gran orgullo al mirarse con el resto de europeos, no tiene sentido práctico pero sirve.
Te lo devuelve de una manera falaz. Que lo crean durante seis horas o seis meses. No hará que el nivel de vida de 60 millones de ingleses sea peor que el de 15 millones de portugueses. Ahora, me parece que el fútbol es eficiente para crear el efecto patria, tiene un efecto muy galvanizador. Le da sentido palpable a esa entelequia ser parte del mismo país y produce grandes desbordes. Pero también me da horror pensar, en mi caso, que en el momento que Argentina mete un gol estoy gritando el mismo gol que el general Videla (ex dictador) y Carlos Menem (ex presidente) y cantidad de gente que detesto. Me humilla formar parte en ese momento de la misma alegría de la gente que más desprecio en el mundo.

El extremista de derecha francés (Jean Marie) Le Pen dijo que no se sentía representado por su selección, que en su mayoría son morenos. Es el efecto de la migración.
Eso hizo eclosión en el Mundial de Francia 98, cuando Francia justamente ganó con un equipo multiracial y multicultural, y eso de alguna manera hizo que todo un país se diera cuenta de que ya no era lo que creía que era, que Francia ya no era el lugar de monsieur Dupont y madame Michelle, sino un país de caras distintas. Eso fue muy celebrado pero no impidió que no mucho después Le Pen saliera segundo en las elecciones presidenciales.

Es increíble que un país esté pendiente de que gane su selección y Le Pen diga semejante cosa.
Son esas declaraciones que uno cree que son un despropósito pero cuando llegan las elecciones se da cuenta de que hay millones de personas que recompensan ese tipo de declaraciones. O sea, no son despropósitos sino que sintetizan el pensamiento de muchos.

El origen del fútbol es violento, de fuerza y de contacto, pero ahora se busca mucho el juego limpio y por ejemplo, un buen partido como Holanda-Portugal es cuestionado por su cantidad de faltas.
La fuerza siempre fue parte del fútbol y la potencia en la cancha nunca estuvo reñida desde que los ingleses lo inventaron. Me parece que de lo que más se trata en este último Mundial es atacar la simulación, que es algo que como enfatizaron bastantes periodistas antes solo lo hacíamos los sudamericanos y que ahora todos practican. Nos echan la culpa de que esto se haya globalizado. Lo que pasa es que el fútbol está basado en el fingimiento. Una gambeta es un engaño, es decirle con el cuerpo al contrario que saldré por la derecha y terminar saliendo por la izquierda. La esencia del fútbol es engañar al contrario para que no pueda reaccionar ante lo que finalmente haré. Me parece un poco fariseo esto de condenar la simulación. ¿Quién decide cuáles son los engaños válidos y cuáles los condenables?

¿Le quitaría espectáculo el 'fair play' entendido como evitar los fingimientos en la cancha?
Esta bien que los árbitros lo intenten y que los jugadores sigan intentando sacar ventaja. Lo que me parece bien es que si alguien pega una patada tenga su sanción porque ayuda a ver un mejor espectáculo.

¿El juego de un equipo define el perfil nacional de un país?
Hay una idea de que eso es así pero me pregunto: ¿Cuál es el huevo y cuál la gallina? Si son esos supuestos caracteres nacionales los que definen cómo se juega el fútbol o si la manera en que sus equipos juegan el fútbol nos hace pensar en caracteres nacionales. Esa es mi duda.

La FIFA aseguró por derechos de transmisión 1.046 millones de dólares y además estáN los 700 millones de dólares de los 15 patrocinadores oficiales, sin contar muchas otras cosas. ¿Cómo explicas el negocio del fútbol?
Es a partir de la televisión que rompió los límites del estadio e hizo que un partido que hasta hace 30 años solo podía ser visto por 50 mil personas ahora pueda ser visto por mil millones de personas. Eso cambió la escala al fútbol. Por un lado, hoy los partidos se juegan más para la televisión y el público en el estadio es la escenografía que la televisión requiere. Se juega distinto, se juega para el plano corto. Me parece que esos malabarismos que los jugadores privilegiados hacen tienen que ver con la televisión. Ahora hay una cantidad de jugadores muy exitosos que juegan fútbol Nike.

¿Cómo es eso?
De la marca, si ves como juega Messi, Ronaldinho, Roberto Carlos y cinco o seis más, lo que hacen son unos malabarismos maravillosos que quedan perfectos en la propaganda de Nike pero que después en la cancha no necesariamente dan resultado. El fútbol Nike también es un efecto de la televisión. Después hay un efecto de la televisión globalizada que mejora el espectáculo. El hecho que equipos como Real Madrid, Barcelona, Manchester, Juventus (hasta el año pasado), Arsenal, Chelsea compren tantos jugadores y armen como grandes selecciones me parece que tiene que ver con que ya no tienen una hinchada cautiva, porque al japonés o canadiense que ve ese partido no le importa que gane el Real Madrid o Manchester porque no tienen esa fidelidad, lo que les importa es ver un buen espectáculo. Provoca que estos equipos tengan que esforzarse por retener al público con mucho mejor espectáculo, este proceso odioso de concentración de buenos jugadores en los equipos más ricos de Europa produce espectáculos que muchas veces son mejores que los que había.

El neoliberalismo salvaje.
La concentración de riqueza futbolística en estos pocos equipos europeos, que son producto del neoliberalismo salvaje y la globalización, me parece que en espectáculo futbolístico nos beneficia.

Hay gente que considera que ya no juegan bonito sino que simplemente fuerzan un resultado.
Digo lo contrario porque para que Manchester, Real Madrid, Arsenal, retengan a su público, que no es fiel, no pueden darle solo resultado sino que tienen que darle buen fútbol.

Jorge Valdano dice que el fútbol creativo se asocia con la izquierda y el de fuerza y brutal, de derecha.
No estoy de acuerdo con esa idea porque si chequeas la realidad vas a encontrar que el fútbol creativo y elegante suele ser patrimonio de los equipos burgueses, mientras que los equipos populares, que en el origen cuando armaron su concepto futbolístico no tenían dinero para hacerse con los buenos jugadores, practican un fútbol de fuerza. Parece curioso que el fútbol de izquierda lo jueguen los equipos elegantes, burgueses, y el de derecha, los equipos populares. Hay un contrasentido político.

Se supone que era el mundial de los jóvenes Messi, Ronaldinho, Rooney, pero allí están los viejos conocidos Zidane, Figo y Cannavaro. ¿Qué pasó?
Este Mundial es el gran fracaso del fútbol Nike. Estas estrellitas del malabarismo que se suponía serían los grandes héroes del Mundial mostraron sus falencias para integrarse en un juego de equipo. A mi me gusta ese fútbol de los lisiados, que no necesitan una condición física extrema para practicarlo pero que tienen una gran destreza técnica y sobre todo una enorme claridad mental para entender la jugada antes que exista. Me maravillan esos jugadores como Zidane o como suele ser Riquelme, que con un pase a un lugar que nadie había visto inventan una jugada que hasta entonces no existía, esos son los grandes jugadores. Esos son los creadores que hacen la diferencia, el malabarismo lo hace cualquiera. En términos literarios, una cosa es hacer un juego de palabras y otra es encontrar un concepto, una forma que nadie había visto antes de que sucediera.

"UNO CAMBIA DE CASI TODO... MENOS DE UN EQUIPO DE FÚTBOL"

El escritor mexicano Juan Villoro recuerda a un locutor de su país que decía que el último minuto también tiene 60 segundos. Italia en dos minutos demolió a los alemanes.
Sí y lo hicieron después de haber ganado su partido anterior en el minuto 94 (contra Australia). Esta es una singularidad del fútbol. En historia o cualquier otro proceso humano se llega a lo que se fue edificando poco a poco, y no son súbitamente reversibles en el último minuto. Lo interesante es que en el fútbol es todo lo contrario.

Son códigos diferentes...
Claro, pero ese código da la ilusión de que la vida también podría ser así, que uno podría salvarse en el último minuto y lamentablemente no es.

Para eso tuvo su tiempo...
Pero hay algo con el tiempo. El tiempo se multiplica cuando uno está mirando en serio un partido de fútbol. Uno ve al jugador que avanza con la pelota y entonces al mismo tiempo ve los tres pases posibles que tiene y cómo se mueven otros jugadores, y entonces piensas, ¡dásela a fulano que es mejor!, y el fulano que está por recibir, no sabes si podrá hacerlo, y entonces la para y levanta la cabeza y tiene tres opciones, y todo eso va como multiplicando infinitamente el tiempo. Luego ves esa misma jugada en la televisión en la noche, sabiendo cómo sucedió, y todo eso no duró 15 segundos y sin embargo en su momento ese tiempo parecía interminable. Entonces, esa manera de extender el tiempo es algo que me apasiona del fútbol.

Esos interminables diez segundos de un ataque
Esos segundos que duran horas. Si busco en la vida las pocas cosas que hay, que me permitan estirar un poco el limitado tiempo que uno tiene, es cuando a veces escribo y el tiempo se me hace enorme; a veces en una charla o en un encuentro amoroso el tiempo pierde su noción habitual.

En tu libro mencionas la diferencia con el amor. Si alguien te falla, simplemente te alejas , pero en el fútbol tu equipo puede no ganar en años un campeonato pero igual sigues siendo tan hincha como cuando tenías cinco años.
En el mundo uno cambia de casi todo. Cambia de trabajo, de pareja, de nacionalidad, de partido político, de cualquier cosa, menos de un equipo de fútbol. Hay una frase que no existe, por lo menos en Argentina: 'yo era de Boca'. Esa es otra de las singularidades, te ofrece un espacio en el que desde el principio sabes que nada va a cambiar, y frente a un mundo en que todo cambia demasiado rápido, ese espacio de inmutabilidad siempre se agradece.

El fútbol tiene que ver con la distinción de clases porque siempre hay un equipo del pueblo y otro visto como el cuadro millonario, burgués.
En casi todas las ciudades futboleras del mundo se da esta dicotomía entre el equipo popular y el burgués. No lo puedo probar pero creo que tiene que ver con el hecho de que los equipos surgieron a principios del siglo XX cuando las diferencias entre popular y cultura burguesa eran muy fuertes. Ahora todo eso está mucho más disuelto y por lo tanto quedan mitos de origen que se transforman en imágenes como en características simbólicas de los equipos. Empezó como una realidad que queda ahora como una característica simbólica.


La ficha
Nombre
: Martín Caparrós.
Profesión: Periodista.
Publicaciones: "Boquita" es un libro surgido de un gran reportaje sobre su equipo Boca Juniors y una explicación del fútbol como fenómeno cultural. Otras obras son "No velas a tus muertos" (1986), "La guerra moderna" (1999). Junto con Eduardo Anguita (escritor chileno), publicó en tres tomos una investigación sobre la militancia revolucionaria de los setenta: "La voluntad". Presentará su última obra "Valfierno" en la Feria del Libro de Lima y participará en un conversatorio el 21 de julio en el auditorio de la UPC.





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