Lunes, 10 de julio de 2006
Siguen noqueando a los peloteros
Aunque no hay mucha cinta que celebrar, el pasado verparacreer sobre el cine pelotero quedó corto. Al pretender explicar por qué este perdía por KO en primer round ante el imbatible cine sobre box olvidé un pequeño pero muy comentado opus argentino, "La quimera de los héroes" (2003) de Daniel Rosenfeld, sobre un entrenador que a punta de ajos y rudas arengas logra que un equipillo de cabecitas negras juegue una copa en Buenos Aires.

 El director evita sentimentalismos y los jugadores, todos actores no profesionales, patean sin hablar, en ese estilacho que se ha dado en llamar el minimalismo argentino que, para mí, es uno más de esos eufemismos que encantan a los comentaristas deportivos. Bah, es tan solo una pose, con sus pros y sus contras.

Ahora sí, para cerrar el recuento, dos títulos peruanos. En 1972, a tono con la fanfarria nacionalindigenista del velasquismo, el difunto Bernardo Batievsky (fundador de Frecuencia Latina) pretendió inmortalizar a Hugo Sotil en "Cholo". Batievski, tosco y naif, exprimía el clisé del ídolo popular que se marea con la fama, pero como detrás de su éxito está la sabiduría popular, recompone felizmente el partido. Nada que una miniserie contemporánea no pueda actualizar en un tris.

En rigor, esta sería la única película peruana con background futbolero profesional, porque la reciente "Peloteros" del primerizo Coco Castillo lo tiene tan solo como afición de patas de barrio. Solo por estrategia publicitaria, y por hacer coincidir su estreno con el Mundial, se le ha dado tanto énfasis a un tema que está más explorado en "Chicha tu madre" (2006), de Gianfranco Quattrini, que hace deambular a su protagonista por el mundillo de las ligas menores.

En "Peloteros" el director no logra ponerse de acuerdo con sus protagonistas sobre si es más importante debutar en el 'troca' o ganar la copa del barrio. A juzgar por la coda en la que se reseña el destino de los patas cuando adultos, poca huella dejan ambos trances. Pero Castillo sí tiene una secuencia que me sorprende: tal es la urgencia de los chicos por comprar sus uniformes deportivos que asaltan una tienda, como si nada. Y al director esto le parece una anécdota formativa, justificada en el sumo bien común de ganar la copa de latón. Andá, pelotero, revisa tu score y tus valores. Pero me inhibo de un juicio ético final sobre la película, porque la ligereza del guion no se plantea esa dimensión que sí esta considerada en una subvalorada miniserie de TV.

"Misterio" (Jorge Carmona y Aldo Miyashiro, 2005) hurga en las pasiones y depresiones, compulsiones violentas y afectos sanguíneos, de un jefe de barra brava. En la composición de Pietro Sibille, el barrista tiene una exaltada conciencia de que los triunfos de su equipo pueden ser derrotas de su lucidez. En fin, con todo y sus capítulos apurados, aquí hay más rollo que en "Peloteros", a cuya ingenuidad hay que sumar otro espantoso clisé: el 'intelectual' del grupo, que responde al alias de 'Vargasllosita' padeció polio. O sea, si no juegas tu pelota, es porque eres discapacitado, manyas. Con razón gana el box por KO.



Fernando Vivas



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