Martes, 10 de octubre de 2006
Comentario del editor: El congresista, el vicepresidente y el almirante


Hay que saber distinguir entre las investiduras y las vestimentas, a la hora de representar el poder civil



Por Juan Paredes Castro

El homenaje del domingo último al Caballero de los Mares, Miguel Grau, se encontró con una representación protocolar del Gobierno sin duda formal y patriótica, pero lamentablemente destemplada.

Quien se encargó de llenar la ausencia del presidente Alan García, fue el primer vicepresidente Luis Giampietri. Su cargo está precisamente para eso. Para hacer las veces, en ciertas circunstancias, de quien es también jefe del Estado y personificación de la nación.

Hasta aquí, nada debía llamar a sorpresa, excepto que una fecha conmemorativa como esta (el Combate de Angamos) casi siempre está presidida por la más alta magistratura de la República.

Lo que muchos no comprendimos ese día fue por qué un ciudadano electo a un cargo civil en el Ejecutivo y a otro igualmente civil en el Congreso y que circunstancialmente actúa por delegación expresa del poder civil, tuvo que aparecer en la ceremonia vestido de almirante, título que también lo tiene, pero que, para la ocasión, debía subordinarlo a los demás.

Inclusive, a la hora de imponer la ofrenda floral del Estado ante el monumento a Grau, el personaje marchó flanqueado del ministro de Defensa y del comandante de la Marina.

Sabemos que militares en retiro como Giampietri pueden usar sus uniformes y lucir sus condecoraciones. Hubiera sido normal que este lo hiciera, siempre y cuando no interfiriese con sus cargos políticos de congresista y de primer vicepresidente. Investidura no es igual que vestimenta.

La otra parte del desplante representativo de ese día fue su discurso, excesivamente parcializado sobre el papel de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el terrorismo, viniendo de donde venía: del primer vicepresidente de la República. Otra cosa sería si el contenido de un discurso de ese tipo procediese de una toma de posición personal, a la que tiene perfecto derecho .

Con el respeto que tenemos por la trayectoria y los méritos del almirante Giampietri, creemos que la ceremonia del 8 de octubre merecía un cuidado más escrupuloso de parte del protocolo oficial y otro similar en el tratamiento del discurso a su cargo.

La Marina de Guerra, sus héroes como Miguel Grau y sus caballerosos oficiales honran, sin duda, al país. Pero que nadie se moleste por estos puntos sobre las íes, que a todos nos harán más bien que mal.





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