Domingo, 22 de octubre de 2006
Cine: Venganza coreana


Hipnosis mortal / Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera



4Hipnosis mortal

El cine de Corea del Sur es uno de las más dinámicos, variados y atractivos de hoy. Su producción comprende desde el filme de género, de acción bien aceitada e intensa, hasta la más exigente película de autor. Lo más interesante ocurre cuando esas vertientes coinciden. Una película como Hipnosis mortal (Oldboy), de Park Chan-Wook, se puede ver como una cinta de acción, que moviliza a un personaje que vive para cumplir una venganza implacable, pero también como una fabulación sobre la incapacidad de ser libre, más allá de estar o no en reclusión física. Su director impone un punto de vista personal al tratamiento de cada uno de los vericuetos de la historia.

Hipnosis mortal empieza alterando todos los puntos de referencia y ubicación que permitan entender el destino de Oh Dae-Soo, el personaje principal, que ha pasado quince años alejado del mundo. Es un hombre en cautiverio, que vive su encierro no en una prisión convencional o un asilo; el decorado de su prisión es más bien el de una célula aislante, una campana neumática. Recluso o secuestrado, el hombre es víctima de un verdugo que lo pone a prueba y le lanza desafíos violentos y despiadados, que incluyen la súbita libertad.

La incertidumbre está en la base cada acción de la película, que avanza a sacudones espasmódicos, entre escenas inexplicables en un inicio pero que encuentran sentido más tarde. Incertidumbre que alcanza al personaje principal, que se cree libre al salir de la prisión, se entera del asesinato de su esposa, y decide ejecutar su venganza sin darse cuenta de que está al servicio de un titiritero cruel.

Gran parte del interés de esta película se debe a la actuación de Choi Min-Sik, que impone el registro visceral del hombre angustiado al principio, luego rencoroso, más tarde iracundo, luego deseoso de sexo y alimento (la escena del pulpo devorado vivo es antológica), que encuentra la fuerza para imponerse solo a decenas de enemigos en una secuencia excepcional. Reacciones primarias que corresponden a la angustia causada por la idea del laberinto que es la idea central de la película. Un laberinto ilusorio de decorados dispuestos para crear falsas ilusiones visuales, de cárceles privadas que parecen departamentos de lujo, y departamentos que parecen prisiones de cristal. De fantasías que parecen realidades y que acaso lo son, solo que filmadas en otro registro, cercano a la pesadilla. Un mundo construido, preparado, creado para convertir al personaje en un insecto para estudio de entomólogos.

Hipnosis mortal es atractiva hasta en sus desequilibrios, sus falsos finales, su confusión narrativa, su violencia desaforada, el desnivel entre las secuencias de exposición y los momentos fuertes, como aquellos en los que Oh lleva el martillo en la mano para consumar la venganza del hombre común.

4Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera

Otra película surcoreana entra de pronto a la cartelera: Primavera, verano, otoño, invierno...y primavera. La dirige Kim Ki-Duk y es una fábula de inspiración budista sobre la búsqueda de la quietud como un modo de vencer la gravedad de los errores cometidos en el curso de la vida. Como lo indica el título, la cinta está divida en partes distintas que dan cuenta del crecimiento de los personajes y de los ritmos y humores del filme, que pasa de la violenta crispación al relajamiento formal. Cada estación se identifica con un tratamiento de la imagen y del color: se pasa del verde natural al blanco de la nieve que lo calma todo y anuncia un nuevo inicio.

A diferencia de las tensiones crecientes de Hipnosis mortal, esta película avanza hacia lo contemplativo. La puesta en escena se construye en torno a elementos invariables, ejes permanentes, intemporales, que miran desde más allá la caída y renacimiento del personaje principal. El templo, el lago y las montañas dan a la cinta su magnífico sentido del espacio, pero en contrapunto está también la imagen de lo más cercano, es decir, de las amenazas y peligros que descubre el encuadre cerrado: las plantas venenosas, las alimañas, la serpiente. Como siempre en las películas de Kim Ki-Duk (La isla, Hierro 3, entre otras), hasta la perfecta serenidad se asienta en el hormigueante desorden de la naturaleza, los deseos y los sentidos.


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