Tránsito de imágenes (puntos de fuga hacia el arte último), exposición curada por el crítico Jorge Villacorta, se inaugura el viernes en el Museo de Arte de Lima. Se trata de la tercera de una serie de cuatro muestras que se llevan a cabo en el marco del proyecto Miradas de Fin de Siglo. Conversamos con el crítico sobre su peculiar mirada a los cambios de actitud en el arte limeño contemporáneo.
Por Verónica Klingenberger
Cuatro exposiciones han sido encargadas a cuatro curadores bajo el nombre de Miradas de Fin de Siglo. A cada curador (Buntix, Del Valle, Villacorta y Quijano) se le da carta blanca para que haga lo que quiera siempre y cuando su propuesta tenga un 70% de la colección del museo y un 30 % de obras de fuera. Así, cada propuesta curatorial evidencia los vacíos y los aciertos de la colección en la medida en que juega con las piezas que tiene. Al ser cuatro curadores los responsables se tiene cuatro miradas divergentes y una puesta en cuestión de las artes visuales del siglo XX en Lima. La muestra de Jorge Villacorta es la tercera y se llama Tránsito de imágenes (puntos de fuga hacia el arte último).
El título, más que sugerir la trascendencia de algunas obras en la historia del arte contemporáneo en Lima, apunta a tomarle el pulso a lo sucedido desde fines de los 50 hasta hoy. A modo de un recorrido sencillo, el crítico traza un desplazamiento que opera en la figura misma del artista, que va desde la idea del sujeto encerrado en su taller, que crea con base a una subjetividad muy marcada, de una carga emocional, lírica, muy fuerte (por ejemplo Fernando de Szyszlo o Tilsa Tsuchiya), hasta la figura completamente opuesta del individuo que se vincula con el espacio en el que vive, toma referentes de lo masivo, ya sea entendido como lo massmediático (televisión, radio, medios gráficos, internet), o como lo popular (aquello que sucede en la calle misma).
EL OBJETO, NO LA EMOCIÓN
La museografía es muy simple, una sala dividida por una panelería diagonal que plantea una sola dirección. Uno empieza el recorrido y pasa de artistas como Tilsa o Shinki o Hernán Pasos, a otros como Aguirre, Martinat, Gruenberg o Arteaga. "La principal diferencia con la muestra de Augusto del Valle (la segunda de la serie)" -apunta Villacorta- "es que si bien empezamos casi con la misma mirada sobre ciertas formas clásicas de la plástica peruana, cuando llegamos a los 60 y 70, la orientación se vuelve una observación de cómo las artes plásticas en el Perú se han convertido en un conjunto más amplio que podríamos describir como las artes visuales y cómo dialogan con los medios masivos de comunicación". En Tránsito de imágenes el énfasis está puesto en una estética de la comunicación de corte inmediato, global, porque son los mismos artistas los que dejan de volcarse hacia lo íntimo, se insertan en un circuito más amplio y encuentran una forma impersonal de hacer arte. "Crean objetos que no te remiten a un mundo de emociones, sino más bien a un mundo de objetos. Es como agregar objetos al mundo. Es una forma de mirar que no necesariamente dice que esto es mejor que lo otro, pero es una observación que yo no he podido evitar hacer. Uno va de Szyszlo a La Grabadora (proyecto conceptual que reúne música, diseño y literatura) y en el recorrido el arte se va desvistiendo de aquello que se le adjudicó muy fácilmente durante casi 60 años del siglo XX: 'sólo aquello que se carga de emoción puede ser arte' ".
Según Villacorta, en este acercamiento camaleónico del artista a los medios masivos de comunicación -que no son precisamente el sumun de la profundidad, dice- se pasa de las meras superficies a espacios que resultan distintos de los habituales, pero que tienen a su vez suficientes elementos que te remiten al día a día, al mundo común y silvestre. "Las nuevas propuestas te hacen valorar apreciativamente una poética de lo cotidiano, una poética más bien llana y que no podríamos llamar trascendente de ninguna manera. Es una puesta sin pretensiones, aunque algunos piensan que es probablemente el arte más pretencioso que se haya hecho en los últimos 20 años", dice el crítico entre risas. Villacorta siente que las cosas se han ido decantando. La imagen de lo masivo, de lo masmediático y de lo popular ha calado en los imaginarios de las generaciones y ha cargado sus propuestas de humor, de ironía, para dejar de lado esa actitud reverencial frente a la obra. La mirada que propone la exposición frente al arte contemporáneo rescata el carácter crítico del arte, aquel que busca más cuestionar el contexto cultural en el que se inserta, y que no es puramente complaciente.
INTRODUCIR LA REALIDAD EN EL ARTE
Durante los 50 se discutió mucho si el arte debía ser abstracto o figurativo. Si era figurativo, entonces debía rescatar situaciones para convertirse en elemento de liberación para el individuo maniatado y explotado por la sociedad. Era un poco la idea del arte comprometido. Es la misma discusión que había en la poesía sólo que simplificada de una forma mucho más drástica en las artes visuales, sobre todo en la pintura. La polémica se fue resolviendo en los 50 a favor de lo abstracto, o sea que para el 55 o 56 lo abstracto era lo que imperaba.
"Siempre recuerdo esta línea de Mazzotti, 'métete la realidad en el poema' -finaliza Villacorta-, porque ellos estuvieron explorando cómo hacer para incorporar experiencias de lo real en el arte que hacían. Y ahí es cuando empiezan a descubrir todo un discurso extraído de las imágenes publicitarias, de los afiches, revistas, fotografías, elementos de lo banal, aquello que va y viene, de lo perecible, de lo transitorio pero que parte de lo real. Ni los artistas de la generación anterior ni los públicos amantes del arte como expresión le encuentran mayor valor a la fotografía y a la pintura basada en fotografia. Hay una desconfianza porque creen que son obras que involucran poco trabajo o que se trata de algo que podríamos hacer todos. En el caso de la pintura es porque la capacidad imaginativa y la experiencia que viene de ella deben conducir a la libre interpretación, y de pronto el que alguien se ciña a una imagen fotográfica para hacer una pintura supone renunciar a ello. Pero finalmente una de las cosas que más exploramos en esta exposición es precisamente eso.
La manera en que la pintura empieza a dialogar con la fotografía hacia fines de los años 60. La pintura pasa de los modelos vivos a las imágenes ya creadas. Y a pesar de que los referentes puedan haber sido importados (la idea de la globalización y lo massmediático apunta a eso), los trabajos de los artistas guardan una relación con las discusiones de arte que se daban en el plano local."
UNA MIRADA DE LA MANO DEL CRITICO
1. "En la actualidad, cualquiera que se acerque al dominio de lo visual es imposible que ignore el diseño en cuanto arte gráfica. Por ejemplo, Bob Dylan de Emilio Hernández, una imagen que pudo provenir de una foto y es llevada a una situación próxima al diseño que podría ser la carátula de un disco o un afiche."
2. "Jose Luis Martinat reelabora sobre capítulos de los Picapiedra en los que elimina digitalmente a los personajes. La cámara te permite recorrer los cuartos vacíos como locaciones reales, te permite visitar el escenario animado de los Picapiedra pero al mismo tiempo genera un aura enigmática, casi perturbadora."
3. "La piscina es una pieza de Miguel Aguirre del año 97 que es significativa porque descubre de alguna manera el vuelco de la mirada de una generación hacia referentes foráneos que llegaron a través de la moda, el cine y la publicidad. Es una manera más hedonista de mirar con fascinación por el color y la imagen misma, aunque con cierto escepticismo, cierto desencanto. Esta pieza representa un cambio importante de la pintura a la fotografía."