Martes, 19 de diciembre de 2006
Rincón del autor: El nudo de Vizcatán


Ojalá no veamos el desagradable espectáculo de buscar culpables, fruto de una innecesaria pasión política. Se necesita cabeza fría y objetivos



Por Mariella Balbi

Cinco policías y dos civiles, todos jóvenes, fueron cruelmente asesinados en una emboscada senderista en Machente, La Mar, provincia de Ayacucho. La zona se conoce como el VRAE, siglas que quieren decir: valle de los ríos Apurímac y Ene. También se sabe que es un reducto de una facción de Sendero Luminoso, pero es un reducto añejo porque está ahí hace ya un buen tiempo. El lugar es alejado y difícil, lo que abona para que una buena parte de los peruanos --instruidos o no-- no tenga idea de dónde queda y vea el accionar de Sendero como algo bastante difuso. Tal vez tengan razón porque, a diferencia de antaño, no constituye una amenaza para la continuidad democrática, sin dejar de ser peligroso porque está aliado firmemente al narcotráfico y mata.

Fuentes oficiales indican que el grupo lo forman cerca de 200 subversivos y su centro de operaciones está en la tupida montaña de Vizcatán. La expresión en el rostro de un alto oficial del Ejército cuando describe el terreno es más que elocuente. Transmite la impotencia de acceder a este espacio, como lo quisieran muchos desinformados, y es tajante en la imposibilidad de perseguir a la columna terrorista. Avanzar dos kilómetros puede tomar cuatro horas. Sendero está en la cima y conoce al dedillo la zona. Las fuerzas del orden buscan 'colgarse' de un satélite que podría ayudar. Los visores de alto alcance son escasos o inexistentes.

Sucesivos gobiernos no han podido articular un plan para este punto del país, ahora se supone que hay uno. Achacarle la responsabilidad al titular del Interior es un clásico de clásicos en la política peruana. Si es verdad que los policías salieron a inspeccionar sembríos de coca con un tímido fusil, el oficial a cargo de la patrulla es el responsable y si no es así y los senderistas más bien se llevaron armamento policial, la prensa que consignó este dato debería corroborarlo bien antes de publicarlo.

Esa zona está bajo la responsabilidad y al mando de las Fuerzas Armadas, ahora se habla de informes de inteligencia a cargo de estas y también policiales. Sin duda son importantes, aunque no son tan precisos como se cree, no constituyen un antídoto contra la muerte; más aun si la superioridad del narcoterrorismo fue evidente. Ojalá no veamos el desagradable espectáculo de buscar culpables, fruto de una innecesaria pasión política. Se necesita cabeza fría y objetivos. Sería más efectivo que el plan trazado se ponga en práctica con una real coordinación entre la policía y las FF.AA. ¿Cinco policías pueden erradicar sembríos de coca? ¿Qué papel juega en una acción policial personal de Enaco, saben acaso manejar armas? Tal vez el destino se torcía si el grupo policial hubiera estado resguardado por una patrulla militar, con armas iguales o mejores que las del narcoterrorismo. Esa zona está en guerra, hay que actuar en consecuencia, vale decir inteligentemente.





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