Escondido
Por Ricardo Bedoya
Escondido (Caché) es una película excepcional. Dirige el austriaco Michael Haneke, del que sólo se ha estrenado La profesora de piano. Otras cintas del director se han visto en el circuito cultural.
Escondido ganó el premio a la mejor "puesta en escena" del Festival de Cannes de 2005. Los premios de festivales no suelen acertar, pero en este caso fue una recompensa a lo esencial. La "puesta en escena" de Escondido es de un rigor ejemplar.
¿Qué es la puesta en escena? Es la valorización expresiva que hace la mirada del cine (gracias a la significación aportada por la distancia de la cámara, su altura, el tamaño del encuadre, su duración, la fijeza o movilidad de los componentes de la imagen, entre otros) de los elementos de la realidad, o lo profílmico, como los actores, la luz, los escenarios, el mobiliario, etc. Esa mirada genera significados, aporta informaciones, crea sensaciones.
LAS AMENAZAS DE LA IMAGEN
En Escondido, la mirada del cine -de la cámara, del realizador que mueve los hilos de la ficción- configura un mundo inquietante. La primera imagen de la película muestra la fachada de una casa parisina. La imagen se prolonga mientras aparecen los créditos. Termina esa presentación, hay un cambio de ángulo -nueva información- y la imagen sigue allí, sin variaciones. Poco después, se rebobina. No hemos estado viendo la "realidad" de la ficción en directo, sino un vídeo, el mismo que contemplan los protagonistas de la película. Ellos, sintiéndose amenazados por la mirada sobre su casa; nosotros, espectadores, sintiéndonos cómplices de la vigilancia. Mirar y ser mirado; grabar y estar grabado: esos son los resortes dramáticos de la película.
Escondido trata de las amenazas de la imagen y de cómo ella puede crear conflictos, insinuar sospechas, desarmar seguridades, desencadenar lo siniestro, es decir, las consecuencias de aquello que no debió revelarse y se descubrió de pronto. La trama es sencilla: Georges Laurent (el extraordinario Daniel Auteil), un ciudadano pacífico, padre de un púber y presentador de un programa literario de la televisión, a la manera de Bernard Pivot, empieza a recibir casetes de vídeo que denotan una vigilancia estrecha a su vida privada y familiar. Luego recibe otras imágenes que aluden a un pasado que sólo él conoce. ¿Qué hay detrás de ese inesperado acoso? ¿Quién envía los vídeos?
PARADOJAS
La esencia del thriller está allí. Hay una persecución y el personaje principal trata de resolver un enigma. La normalidad se rompe por un hecho inesperado, y a partir de ese momento lo cotidiano se transforma: los timbres del teléfono o de la puerta de la casa familiar se tornan signos ominosos.
Pero Michael Haneke desmonta la idea central del thriller tradicional: no intenta descubrir la identidad del autor de la amenaza, sino de mostrar al amenazado en todas sus paradojas. Laurent, el hombre de la televisión, descubre que hay "buenas" y "malas imágenes": las del control maestro, la edición pulida y la iluminación correcta, y las que vienen de algún lugar sin nombre, grabadas con el estilo de una cámara de vigilancia, propia de un panóptico, sin editar, destinadas a disolver la vida privada. Pero también percibe la naturaleza de su medio. Protegido por el entorno de la graneada cultura francesa, Laurent está acostumbrado a moverse en un set de televisión que se prolonga en la escenografía de su casa, biblioteca sin fin, iluminada en clave alta (el misterio de la película nunca está marcado por luces contrastadas o sombras dramáticas), un lugar con puertas pero sin ventanas. Las imágenes que recibe le llevan a los lugares desconocidos, los barrios populares, los departamentos donde malviven los parias de Europa. Laurent percibe la naturaleza de su jaula literaria; preso en su torre de papel.
Otra paradoja, tal vez la central: Laurent tiene culpas personales y no las tiene. Las faltas de su infancia no pueden pasarle factura, pero sí su negativa a recordarlas y procesarlas. ¿Pero acaso esa denegación personal no es una culpa colectiva y social? ¿El malestar de Laurent no es el de la Francia que "olvidó" la masacre del 17 de octubre de 1961, o de Europa toda?
EL PUNTO DE VISTA
Pocas películas como Escondido trabajan con tanta maestría un tema central: la posición de la cámara, el lugar desde el que se mira, el punto de vista que genera, las consecuencias que trae para el sentido final de la película. La imagen quieta, distante, fija, casi final, de la separación de Majid, el niño argelino, arrancado del seno de la familia Laurent, privado así de un futuro y casi de identidad, es terrible y apasionante en sus sugerencias. Parece (todas son presunciones en esta película) asumir el punto de vista de Georges niño, pero luce como si hubiese sido captada por la cámara que acosa a Laurent. Los vídeos se funden con la memoria del acosado o acaso el recuerdo de su culpa se representa con el formato de una cinta de vigilancia. En ese momento, Georges Laurent es víctima, pero también su propio acosador.