JOSEFINA DEL PRADO
Internacionalista
En un período de críticas por el unilateralismo y el uso de la fuerza de EE.UU., vale la pena resaltar los resultados de esfuerzos diplomáticos y multilaterales, como el acuerdo alcanzado respecto de Corea del Norte, producto del consenso entre Beijing, Seúl, Moscú, Washington, Tokio y Pyongyang.
El acuerdo ha sido entendido por algunos como una cesión ante las provocaciones e incluso una premiación ante la violación de normas internacionales. Sin embargo, consideramos que más bien se trata de un ejercicio de políticas exteriores convergentes en cuanto al alto costo de un eventual conflicto en la península coreana. Los participantes en las negociaciones comprenden las graves consecuencias de ello. En el caso de China, Japón y Corea del Sur, por ejemplo, su vecindad e interdependencia las hacen muy vulnerables a una eventual guerra que generaría un sinnúmero de refugiados, afectarían su economía y, sin duda, su seguridad nacional.
El mejor escenario para Corea del Norte tampoco es el conflicto. Jugó sus cartas alegando una posición defensiva ante la amenaza de EE.UU., que lo colocó en el eje del mal. Lo pactado le permitirá recibir asistencia económica y combustible e incluso podría salir de la lista de Estados terroristas. La suspicacia respecto a si cumplirá o no el acuerdo no ha desaparecido, pero tampoco la de Pyongyang respecto a si será eventualmente atacada. Sin embargo, se ha votado por la confianza, por lo menos por ahora.