
Uno imagina que en más de cuatro mil kilómetros nadados día a día por los ríos más salvajes del mundo, como el Ucayali primero y ahora el Amazonas, el eslovaco Martin Strel habrá enfrentado remolinos o quizá tropezado con algún tronco a la deriva o tal vez estado frente a un feroz caimán que le hiciera dudar de seguir su aventura por las aguas dulces de las entrañas de Sudamérica, para llegar al Atlántico. Pero, no.
Ciertamente todo ello le ha ocurrido, pero no es lo más duro que tuvo que afrontar en estos casi 50 días ininterrumpidos que viene nadando desde Atalaya, en el sur de Ucayali, rumbo a Belem do Pará, Brasil, en el delta de desembocadura del Amazonas, en el Atlántico, hasta donde habrá alcanzado 5.430 kilómetros, para quebrar así largamente su propio récord mundial de natación maratónica.
Hace un mes pasó por Iquitos. Aquí reveló que su principal enemigo mientras nadó en territorio peruano fue el sol. Las temperaturas que por aquellos días bordeaban los 40 grados centígrados, calentaban demasiado el agua y las partes de su cuerpo que se exponían a la superficie. La luminosidad reflejada en el río era demasiado fuerte, a pesar de estar preparado para estos retos extremos.
Por ello, en varios tramos del recorrido entre Pucallpa, Contamana e Iquitos, necesitó usar un sombrero para protegerse del sol y colocarse una mascarilla especial para cuidar la cara de la calentura del agua y del roce de los sedimentos que acarrean las olas. Los impactos permanentes con el torrente del río dañaron varias veces su rostro.
Strel pensaba encontrar en el Perú un clima lluvioso. Durante los meses que estudió la ruta, supo que esta es la temporada pluvial y así se lo confirmó el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi). Incluso los días previos al inicio de su proeza, el 1 de febrero, fueron de intensas lluvias por Atalaya, pero después bajó la precipitación y no llovió entre Pucallpa e Iquitos. A pesar de estar todo el día en el agua, el calor durante la travesía fue uno de sus tormentos en todo lo que va de esta aventura.
Ya se encuentra en Brasil. El miércoles pasó Manaos (3.825 kilómetros), tres días antes de lo previsto. Para su fortuna, las tormentas son frecuentes. No le teme a los remolinos, a las palizadas, a los caimanes ni a las pirañas que más bien se refugian en aguas quietas.
Tampoco tiene que preocuparse mucho por el astro rey, pero las amebas ya le han dado una advertencia. No a él personalmente, pero sí a uno de los miembros de su equipo, a quien tuvo que dejar en un nosocomio de Manacaporu, poco antes de Manaos, por un cuadro de fuerte disentería.
Con las tormentas que vienen cayendo por Brasil, un acompañante menos se siente, aunque posiblemente lo reemplacen por algún experto en computadoras que pueda encontrar en el camino, pues los temporales tienen loca a la tripulación del bote vigía que afronta muchas dificultades con sus equipos satelitales.
Este desequilibrio ambiental que se refleja en la irregularidad del clima, fue comentado por Strel, como uno de los motivos que lo alientan en su hazaña, para advertir al mundo sobre la necesidad de cuidar el ambiente y reducir el calentamiento global, protegiendo las regiones que amparan la vida en el planeta, como la Amazonía.
"Estos cambios climáticos son un problema en todo el mundo. En Europa, este año no nevó en invierno. Cuando estuvimos por Iquitos debió llover, pero casi nos asábamos por el calor", anotó Strel.
En los primeros tramos, por Atalaya, tuvo dificultades con las piedras que arrastraba el río Ucayali y vadeó remolinos. Por allí Strel llegó a ver los primeros lagartos en las orillas, que según sus cálculos tendrían unos tres metros de largo, pero él se mantuvo nadando a 50 metros de distancia, con el bote vigía al lado, mientras los saurios boquiabiertos lo miraban nadar.
Otros lagartos un poco más grandes vio también hace unos días cuando atravesaba la confluencia del río Negro con el Amazonas, por Manaos.
"Lo que tuve muy cerca fueron muchísimos bufeos que me siguieron por en medio del río. Esos momentos fueron muy gratos y animaron el desplazamiento", dijo.
En Contamana la gente le puso el mote de 'El Hombre Paiche', que Strel asumió con simpatía. "En mi país también me conocen como 'El Hombre Pez'", rememoró con nostalgia. En realidad le habrían conocido como 'El Niño Pez', porque desde los 6 años que se metió al agua ya no quiso salir, ni ahora que tiene 52.
En Iquitos se expresó agradecido de los ribereños que lo esperaron en las orillas para verlo pasar. "Son gente muy sencilla, alegre y servicial; dicen ser pobres, pero yo creo que son muy ricos por la suerte de vivir en un mundo de paz, rodeados de pura naturaleza, lo que seguramente los hace gente tan simpática y especial", apreció.
Como es temporada de creciente, el Senamhi aconsejó cuidarse de los deslizamientos en las orillas que traen abajo los árboles y provocan palizadas. También de las confluencias con los ríos secundarios, donde se forman remolinos. No siempre la mejor ruta es el centro del cauce, pues la topografía del fondo fluvial es cambiante y puede orientarse hacia alguna de las riberas.
Ese escenario es similar ahora que está en Brasil, pero Strel, que estudió investigó el río con equipos satelitales, no parece preocuparse. Más bien el mayor caudal parece haberlo favorecido para avanzar más rápido.
Pero, aunque es intrépido, es también un hombre precavido y con ideales. Cuando estuvo en Sao Paulo antes de empezar esta expedición, declaró al periódico "La Folha": "Si yo puedo cruzar ese río, entonces palestinos e israelitas pueden vivir en paz. Si yo puedo cruzar ese río, los países más ricos del mundo pueden perdonar deudas a los países más pobres. Si yo puedo cumplir este imposible, los líderes religiosos y políticos también pueden entenderse".
Ese es su rumbo y lo sigue hacia su meta, sin importar las contracorrientes de los ríos más caudalosos, como cuando tuvo que pasar a brazo forzado las confluencias del Amazonas con el Nanay, en Iquitos, o del Amazonas con el río Negro, en Manaos. Son cruces peligrosos, incluso sobre una embarcación.
Pero Martín Strel sigue de frente, sin detenerse, como pez en el agua.
SEPA MÁS
4 Hasta Iquitos recorrió 1.705 km en 16 días, desde Ucayali.
4 En Iquitos se sorprendió al saber que, en los años 70, el sanmartinense Eleodoro Vásquez Tananta asombró al mundo nadando por los ríos amazónicos sin salir del agua y cubriéndose el cuerpo con grasa animal para resistir.
4 Según su cronograma, Strel debe llegar a Belem do Pará el 11 de abril, un recorrido de 5.430 km. en 70 días. Actualmente lleva tres días de adelanto.
4 Entre sus récord está haber nadado 3.004 km. del río Danubio en 58 días, el Missisippi (3.797 km.) en 68 días y otra vez el Danubio, pero esta vez 504 km y sin parar, en 84 horas y 10 minutos.