Revelación de un talento

MÚSICOS. El joven José Manuel García quedó prendado del piano desde que escuchó un caset en su natal Ayacucho. Aprendió a tocar de oído y luego tomó clases que pronto quedaron cortas. Hace un año fue descubierto por un pianista consagrado. Mañana será su debut oficial

Por David Hidalgo Vega

A los nueve años el muchacho escuchó una grabación de sonatas de Beethoven tocadas por el gran pianista chileno Claudio Arrau. Era un caset de su abuelo, una copia casera. Eso fue como una revelación para él. En el epicentro musical que es Ayacucho, sin embargo, no había mucho acceso a la música clásica. Todo era folclor. Entonces José Manuel García tuvo que aprender en un teclado eléctrico que le regalaron en casa, luego entró a la banda de su colegio y apenas pudo fue a la escuela de música. Su talento era voraz: en dos semanas aprendió a leer partituras gracias a un veterano músico militar. En la escuela no iba a durar mucho, porque al año y medio sintió que superaba a sus profesores y necesitaba más retos.

Practicaba solo en el piano de su colegio, en casas privadas, en las aulas musicales que había abandonado, cuando podía entrar. Ninguno era un piano de nivel profesional. Así pasó cuatro años, hasta que un día, semanas después de terminar la secundaria, vino a Lima para postular al Conservatorio Nacional. Un amigo le avisó que un pianista sueco ofrecía clases maestras gratuitas y por eso está aquí, a pocas horas de su concierto debut. El pianista era el prestigioso Helge Antoni, un hombre que ha dado recitales en medio mundo. El veredicto del profesional era claro: el chico ayacuchano "es un talento extraordinario".

ANTONI: Un día José Manuel me llamó para pedirme una audición y yo acepté. A los dos días vino a mi casa y tocó un programa muy difícil de Bach, Chopin. Me impresionaron la pasión y el profundo conocimiento musical que tenía. Y eso que es un chico casi autodidacta. Cuando lo escuché, en enero del año pasado, me emocionó esta situación. Le dije: mira, cuando esté en el Perú, yo te voy a dar clases, porque mereces atención a un alto nivel.

Tu vocación es temprana.

Desde pequeño me gustaba la música. Solía prender la radio para escuchar música peruana. Pero a los nueve años encontré un caset de música clásica de mi abuelo. Tenía las sonatas más famosas de Beethoven, la Apassionatta, Patética, Waldstein, y eso me inspiró. Mi mamá me regaló un teclado electrónico en el cual comencé a practicar, pero solo de oído. Llevé clases de verano con una profesora que felizmente me enseñó una buena posición de las manos. Luego postulé a la escuela de música e ingresé. Para mí era difícil obtener las partituras, las grabaciones, porque en Ayacucho no hay. Además, yo no tenía un piano en casa.

¿Y cómo hiciste?
Siempre tenía que ir a otros lugares. A veces practicaba en mi colegio, con un piano que estaba en mal estado. En la escuela de música me prestaban los pianos, incluso cuando dejé de ser alumno, porque al año y medio me retiré.

¿Y eso por qué?
Avanzaba mucho y los profesores ya no. Pero siempre iba a practicar. Lo malo es que hay solo seis pianos para más de cien pianistas. Entonces tenía que esperar el turno, quedarme hasta el final y cerrar la escuela con el portero. Practicaba apenas cuatro horas a la semana. Ahora lo hago cuatro al día.

ANTONI: Lo que más me emocionó fue su dedicación. Porque el talento es una cosa, pero se necesita más. No solo debe conocer la técnica, la historia, sino también su dimensión espiritual. Con Beethoven, Chopin y Bach no existe el más o menos. No puede ser. Es muy complejo. José Manuel es una esponja. Le hablo de una cosa y la retiene de inmediato. Es una inspiración trabajar con él.

¿Cómo solucionabas la escasez de partituras?
Esperaba en la biblioteca de la escuela de música a ver si llegaban los nuevos libros. Siempre estaba detrás del bibliotecario. Hasta que una vez hicieron una donación de las sonatas de Beethoven en una versión española. También estudios de Chopin, que no había, ni siquiera el "Clave bien temperado", que es lo básico. Tenía que recurrir a profesores, pero, bueno, los libros son costosos y así nomás no te los prestan. Al final, menos mal que pude entrar a Internet.

Ayacucho es un centro de folclor muy fuerte. ¿Cómo veías la música tradicional?
Iba mucho a los conciertos de la escuela de música, que tiene cuartetos de charango, pero a mí me gustaba el piano, y no es usual tocarla con este instrumento.

Curiosa tu persistencia, cuando no tenías muchas facilidades para seguir con lo clásico.
La pasión es lo que te empuja. Yo iba a las librerías para buscar unas revistas que venían con sus CD. Era música de los grandes maestros antiguos. Y una vez que vine a Lima escuché un concierto de Brahms que no encontraba en Ayacucho. Un día lo conseguí y me puse a saltar en la calle.

ANTONI: Es muy importante en la vida del músico encontrar a su maestro. Y lo fascinante es ver cómo crece el talento. Ningún profesor en el mundo puede predecir si su alumno será pianista: es imposible. Solo uno sabe en su corazón, en su alma. Eso es lo que me gusta en José Manuel. Esa voluntad es su base, su capital, junto con su talento.

Tu maestro dice que tú creíste descubrir el mundo.
Sí, como no había los medios, no había libros ni CD, yo pensaba que lo mismo pasaba fuera de Ayacucho. Entonces, en mi ingenuidad infantil me propuse hacer conocer al mundo esta música. Solo cuando llegó Internet pude darme cuenta de que había miles de pianistas. Me ponía a ver videos que estaban colgados en la red, algunos muy buenos, otros muy malos. Antes de eso, entraba a una página que te permitía escuchar cinco movimientos por día. En esa época era muy caro.

¿Con quién vives en Ayacucho?
Con mis abuelos y un tío. Mi mamá falleció cuando yo tenía once años. Me vio tocar solo una vez, pero en teclado, nunca en piano. También recuerdo que en cuarto de primaria me vio tocar un solo de trompeta. Era una obra difícil, pero allí me solté. Es bueno soltarse desde pequeño.

¿Siempre supiste que querías ser músico?
Siempre. Incluso yo quería venir antes de terminar el colegio, en tercero de media, para postular al conservatorio. La congregación salesiana me iba a dar una beca para trasladarme al colegio de Lima, pero no era posible, porque no podía venir solo. Tuve que esperar a terminar el colegio. Entonces vine para dar mi examen, pero un amigo, también pianista, me avisó por mail que había un maestro sueco que daba clases maestras. Programamos una audición y conocí al maestro.

Me dicen que tuviste que adquirir una disciplina.
Sí, tuve que adecuarme a un sistema de prácticas que me puso el maestro. Y yo feliz, porque solo me iba a dedicar a la música. Ahora ya tengo un año y cuatro meses en esto. Siempre me han gustado las obras difíciles. Una vez me llegó a decepcionar tanto no poder tocar un concierto de Beethoven que quise dejar el piano, pero fue un par de días. Luego volví a ensayar. Ahora sí se va a hacer realidad.

ANTONI: Él tiene mucha cultura musical. Es increíble, porque, contra todo, pudo aprender. Existe gente que vive al lado de la Biblioteca Nacional y no agarra un libro. Esta es la prueba de que uno necesita pasión. Yo creo que la historia de José Manuel puede inspirar a cualquier joven. Él es un excelente ejemplo de que cuando uno se ayuda a sí mismo, encuentras gente que te ayuda más.

LA FICHA
Nombre:
José Manuel García Bendezú.
Edad: 17 años.
Fecha y lugar de nacimiento: 25 de julio de 1989, Ayacucho.
Educación: Estudió en el colegio Salesiano. Aprendió lectura musical en la Escuela de Condorcunca. Desde enero del año pasado toma clases particulares con Helge Antoni.