Una prenda de alta costura

RETOS. El señor Farrit Alí recibió de Inca Kola el encargo más bizarro de su trayectoria como empresario de confecciones: coser el polo más grande del mundo. Hace poco lo terminó y el insólito ejemplar acaba de ser fotografiado por un satélite. El récord es inminente

Por David Hidalgo Vega

Doblado como está, el polo parece una enorme serpiente de trapo enrollado. Es posible calcular su extensión por las vueltas y más vueltas con que ha sido acomodado en el único guardarropa posible, un almacén de mercaderías en Villa El Salvador. Farrit Alí, el hombre que tuvo el cargo de confeccionarlo, cabe perfectamente en el centro de ese montículo de tela de algodón, sin duda el mayor reto de su trayectoria como confeccionista. En el cálculo de proporciones, quiere decir que entraría sin problemas en el bolsillo del pecho, si lo tuviera.

Alí piensa que el encargo cayó en las manos apropiadas, más que por su propio oficio, por su origen árabe. "Es un tema familiar: Los árabes siempre estamos ligados a las telas", comenta. Su padre, quien llegó al Perú a los 7 años, tuvo una tienda de telas en el Mercado Central y luego una empresa de confecciones. Su rubro eran las prendas de uso casual, trajes, el tipo de ropa que se encontraba en los bazares de la época. Los seis hermanos de Farrit Alí se han dedicado al mismo negocio y sus hijos están estudiando carreras que les servirán para perpetuar la tradición.

Sin embargo, la segunda generación de la familia encontró un perfil más lucrativo para el negocio: las confecciones publicitarias. En lugar de confeccionar trajes y vestidos, Farrit Alí y sus hermanos elaboran prendas de mercadeo. Puede ser que un banco les solicité cinco mil polos para una campaña o treinta mil carteras para otra, y así. Lo que nadie le había pedido era una prenda que rebasara todas las dimensiones de sus trabajos juntas.

"Cuando me lo pidieron, tuve cierta duda. Sé que varios se asustaron con la idea, pero me di cuenta de que el tema era solo una cuestión de logística y me puse a trabajar", recuerda.

PIEZA A PIEZA
El mayor inconveniente estaba en cómo mover el tamaño de tela necesario para armar el polo. Se empleó 33 paños de 77 metros de largo cada uno, entre la espalda y el pecho. Alí convocó a un grupo de quince personas para que ayudaran a cargar las piezas de tela. Tenían que hacerlas pasar por cuatro máquinas remalladoras y una recta. "Las primeras piezas fueron más o menos fáciles, pero imagina cómo fue cuando ya teníamos varias cosidas y debíamos cargarlas para agregar las últimas. Fue tremendo", recuerda el hombre.

Antes de unir las mitades del polo, se tuvo que hacer el estampado del pecho en un lugar aparte. "Era para evitar que la pintura atravesara hasta la espalda. Entonces alquilamos una cancha de fulbito y empezamos el trabajo guiándonos con una plantilla". Las medidas siguieron siendo monstruosas: solo el dibujo sumó doscientos kilos de pintura.

El polo pesa tres toneladas.

Entonces llegó el momento de coser la parte delantera con la trasera y luego las mangas y el cuello, con gente que iba cargando la tela con un esfuerzo que debió ser como levantar y coser las capas de césped de dos canchas de fútbol.

Tenerlo listo fue solo la primera etapa. Había que llevarlo hasta Moquegua para que fuera fotografiado desde el espacio, como anunciaba la campaña de Inca Kola. Farrit Alí contrató un camión y mandó personal de confianza a que supervisara los detalles. Tenía que ser extendido con extremo cuidado en una base de helicópteros del Ejército. Treinta soldados, bomberos y miembros de Defensa Civil apoyaron la tarea.

A las diez de la mañana del pasado viernes 13 de abril, el satélite Quick Bird, de la empresa estadounidense Digital Globe, pasó a 500 kilómetros de altura sobre esa ciudad y registró la hazaña: Sobre la superficie terrosa puede verse el diseño inspirado en el Escudo Nacional, con la cornucopia, el árbol de la quina, la vicuña, entre las bandas rojas y el fondo blanco. El detalle de la carretera que corre al costado y las construcciones cercanas dan una idea de las proporciones que se manejó en este esfuerzo.

En esa pieza están también las firmas que centenares de personas fueron dejando a lo largo de la campaña promocional. Firmas de Arequipa, Cusco, Chiclayo y Trujillo, ciudades donde fueron enviados los fardos de tela antes de la costura. "Lo que me interesó fue esa sensación de esfuerzo común", dice Farrit Alí. Por eso la imagen es como su trofeo.