Los magos blancos del metal

PASIONES. Es la mayor banda de culto del heavy metal en español. Rata Blanca dio un concierto el viernes en el Parque de la Exposición y demostró por qué genera tanto fanatismo por su romanticismo neoclásico y épico, así como por el virtuosismo de su líder Walter Giardino

Por Miguel Ángel Cárdenas M.

Fue la última canción.

Y todas las bocas eran un atolón; los brazos y los saltos, una oscuridad de flechas sin cielo y la señora María Ángela Oré: una flecha de Cupido negro. Era "La leyenda del hada y el mago", la canción heráldica de Rata Blanca, el grupo de heavy metal argentino más enfervorizado de habla castellana. Y el delirio juvenil desaforaba de igual manera a María Ángela, una madre huancaína de 50 años, feligresa también de bandas de hard rock como Deep Purple y hasta de Slayer, quien se vino desde San Jerónimo de Tunán (a 15 kilómetros de Huancayo), con sus dos hijos para cantar a lengua en cuello:

Cuenta la historia de un mago que un día en su bosque encantado lloró porque a pesar de su magia no había podido encontrar el amor... La luna, su única amiga, le daba fuerzas para soportar todo el dolor que sentía por culpa de su tan larga soledad... Es que él sabía muy bien que en su existir nunca debía salir de su destino. Si alguien te tiene que amar, ya lo sabrás, solo tendrás que saber reconocerlo.

María Ángela había estado sentada durante todo el concierto, siguiendo las melodías con los dedos en sus rodillas, mientras el maretazo de brazos con cadenas y caderas con correas y espuelas se confundía con las personas de terno oscuro. Pero con "La leyenda..." se paró encima de su asiento y saltó como una noble demonia de Tasmania. El concierto estaba lleno de parejas endulzadas y de padres con sus hijos mayores de 12 años. ¿Era esta una tocada de música metalera según el cliché: con chillidos y gritos ininteligibles, gente antisocial, pogo feroz, lisuras y ditirambos a don diablo?

Fue en una tarde que el mago mientras paseaba en el bosque la vista cruzó con la más dulce mirada que en toda su vida jamás conoció... Desde ese mismo momento el hada y el mago quisieron estar solos los dos en el bosque amándose siempre y en todo lugar... Y el mal que siempre existió no soportó ver tanta felicidad entre dos seres. Y con su odio atacó, hasta que el hada cayó en ese sueño fatal de no sentir.

"Adoro Rata Blanca y en mi pueblo nos consideran raros porque no tomamos, no fumamos, no nos amanecemos. Yo ni caso hago, porque todos son chicheros", dirá antes del concierto María Ángela, que empezó escuchando a los Dolton's y los Iracundos, y terminó venerando a Kiss y Pantera; y que cocina escuchando a todo volumen a los 'rata'. "Siempre que venía del colegio escuchaba las guitarras de Giardino y ya sabía que mi mamá me estaba preparando unos chicharrones", dirá su hijo Denis de 28 años. "Este grupo te da alegría y pureza, habla de la belleza, de la naturaleza, de la mitología", continuará la madre. Y el otro hijo, Leonel, el guitarrista de 19 años, que ha intentado formar un grupo en su pueblo con ingrata incomprensión, agregará: "Yo estudio Literatura... los 'rata' tienen formación barroca. Walter Giardino es un genio. Crea metáforas, con buena vibra, no como el death metal, que es tétrico". La canción-escudo tenía el retumbar de un canto gregoriano:

En su castillo pasaba las noches el mago buscando el poder que devolviera a su hada su amor, su mirada tan dulce de ayer. Y no paró desde entonces buscando la forma de recuperar a la mujer que aquel día en medio del bosque por fin pudo amar.

Porque el público de Rata Blanca no es el que se considera escoria ni el que quiere demonizar la vida. Los más díscolos a lo sumo son ermitaños sociales que necesitan satisfacer su espíritu gregario empujándose con desconocidos.

Y hoy sabe qué es el amor, y que tendrá fuerzas para soportar aquel conjuro... Sabe que un día verá a su dulce hada llegar ¡y para siempre con él se quedará!

Son 'buenos chicos malos'. Entre otras cosas por la línea melódica de la banda y su romanticismo.

AMOR AL AMOR
Fue la canción de mitad del concierto.

Una llamada "Aún estás en mis sueños". Y en la última fila, Antonio Gutiérrez, periodista de 26 años, que de día usa corbata negra y de noche, como metalero, la usa de muñequera, abrazaba a su esposa. "Solo para amarte" o "Es tan difícil amar" ("es increíble cómo un solo de guitarra puede, sin palabras, decirte eso: que es tan difícil amar"): fueron canciones que estilizaron su relación. "Rata Blanca nos dio magia. Solo bastaba cerrar los ojos para trasladarnos a los castillos y a los bosques encantados... La mayoría de fanáticos se ha enamorado con 'Mujer amante'; ser metalero no es sinónimo de nihilista", confiesa quien inspirado en la lírica 'ratense' le dice "las quimeras de los pasadizos inmortales" al patio de la casa de su mujer, donde compartían caricias fieles y promesas estelares.

¿Pero son solo el mitologismo y el sentimentalismo el quid de la banda? Rata Blanca se fundó en 1985. Y tuvo un factótum creativo desde siempre: ese hijo de Medea resucitado llamado Walter Giardino, con su guitarra rabdomante. Giardino es alguien que creció con las influencias melódicas, rítmicas y armónicas de Paganini, Mozart (en el concierto haría una versión de fauno raudo de "La marcha turca"), Vivaldi (suele parquearse en sus cuatro estaciones) y Beethoven. Y sobre todo de Bach: en 1992, al finalizar la Gira Guerrera interpretó un preludio suyo con una orquesta de cuerdas. Pero Giardino saboreaba estas influencias con comilonas de rock pesado: de Deep Purple, Rainbow, Judas Priest y AC/DC.

Y conforme el grupo editaba discos épicos, como "Magos, espadas y rosas" (ya con más de un millón de copias vendidas) y "Entre el cielo y el infierno", tenía la osadía de tocar en las bailantas. Ganándose las críticas vesiculares del sector duro a las que respondía: "Soy del pueblo y fui a tocar para el pueblo". "Guerreros del arco iris" y "El camino del fuego" desenfadarían el estilo neoclásico y la 'mitofilia' de la banda, que afrontó muchos cambios de integrantes. Pero que consagraron a Adrián Barilari como la voz espartaca de los mayores éxitos del grupo: "El sueño de la gitana", "Agord, la bruja", "Rompe el hechizo" y "Los ojos del dragón".

CHICOS CALLEJEROS
Fue la primera canción.

Ángel, ella es un ángel, tiene la llave que devuelve la ilusión. Dame, dame un instante, te necesita mi cansado corazón... el fuego no se apagó.

Y en la primera fila, Yesenia Quiroz tiene enfrente a Giardino y a Barilari en trance: y lo puede creer. Ser la primera en llegar desde Chosica --a las tres de la tarde-- tuvo su privilegio: "Tengo el heavy metal en las venas, los amo como a Iron Maden o Metallica. Y todos en mi familia los escuchan, hasta mi mamá". Y hasta su hija de 6 años es 'ratense'.

A su costado el estudiante de Ingeniería Mecánica en la PUCP, Bruno Camacho, de 20 años, recuerda cuando escuchó la canción "Guerrero del arco iris" a los 10 años. Y esta sería una de las letras más celebradas del concierto, con un video de la lucha de Greenpeace, con sus sabotajes a las transnacionales contaminantes. Los videos con puertas de fuego y peleas como las de la película "Troya" fueron parte de la parafernalia.

Pero sobre todas las cosas fueron los solos de Giardino los que hicieron que la luna menguante --cuando anda a un tercio de volverse llena-- fuera un clítoris atmosférico. En el metal es característico el movimiento de arriba a abajo de la cabeza --el punk es que es más lateral y zigzagueante--, y cuando Giardino terminó de arrojar al público cada cuerda de su guitarra las cabezas 'arribaron' al máximo.

Después del concierto, el genial guitarrista --exhausto y exhaustivo-- confesaría que sus temas mágicos no lo serían sin sus arpegios y acordes. Aunque crecer cerca de un cementerio pobló su imaginación con encantos y encantamientos. Que ese mensaje de los Rolling Stones de sexo, drogas, alcohol y rock and roll fue rompedor cuando salió, pero que ahora es hasta reaccionario, "ya hay que ir por otros lados". Que cree en un Dios que está en la naturaleza y que no soporta la pose, "porque Rata Blanca nunca formó segmentos". Y que sí, que es un romántico desorbitado: "el heavy no está peleado con el blues". Esto último le hubiera encantado escuchar a Yesenia, la primera en llegar al concierto y la última en irse. Porque sueña con que algún día Giardino le componga la canción: "La leyenda de la maga y el hado".