Un catálogo con 1.173 piezas

LONDRES. Leonardo Patterson es un costarricense coleccionista de arte precolombino que ha cumplido una sentencia breve en la cárcel federal de Texas (EE.UU.), por fraude y falsificación de piezas arqueológicas, así como por traficar especies animales protegidas.

También ha sido investigado por tráfico arqueológico en México, importación de especies animales protegidas en Suiza y, recientemente, su nombre hizo noticia en el Perú cuando, en julio del 2006, la policía británica recuperó un tocado de oro moche que poseía su abogado.

Según Antón Roeckl, Patterson es su amigo desde hace 28 años. Este posee una enorme colección de miles de piezas arqueológicas provenientes, principalmente, de Mesoamérica. Incluso hizo una exhibición en 1996-1997 en Santiago de Compostela (España).

En dicha oportunidad, la 'Colección Patterson' -- que figuró en un lujoso catalogo de 1997-- contó con varias piezas peruanas. Lo más impresionante eran los objetos de oro moche, en especial los provenientes de La Mina. En total, los objetos nacionales exhibidos --y cuyas fotos constan en el catalogo-- suman 1.173, incluidos objetos de cerámica, tejido, piedra, oro, plata y cobre.

La pomposa manera como se redactó la introducción del catálogo, firmada por el mismo Patterson, sugería que todas las piezas exhibidas en Santiago de Compostela le pertenecían: "Mi colección jamás había sido mostrada en una exhibición global y un libro. Nunca lo quise así, y no me gustaría repetir la experiencia", explica en la primera página.

No obstante, como luego confirmaron Patterson y Roeckl, todas las piezas peruanas que se exhibieron pertenecían al alemán, quien se las había prestado.

UNA VENTA FRUSTRADA
La intención era convencer al gobierno regional de Galicia para que adquiriera toda la colección por 18 millones de dólares. Afortunadamente, dicha transacción no se concretó porque una prominente arqueóloga española, especializada en metales peruanos, --a la que El Comercio contactó-- fue consultada por los representantes legales de los potenciales compradores.

Tras un primer vistazo a las fotos del catálogo, a la arqueóloga no le tomó mucho esfuerzo darse cuenta de que una gran cantidad de las piezas peruanas provenía de saqueos y que, por ende, su posesión era ilícita.

Desde aquellos días de 1997, las impresionantes piezas precolombinas del Perú quedaron guardadas en un almacén de la empresa Mudanzas Boquete, en Santiago de Compostela.

El trato entre Roeckl y Patterson era que su propiedad se transferiría al segundo cuando este hubiera pagado por ellas.

LA LUPA HOLANDESA
En los años que siguieron a la exhibición, el nombre de Patterson fue materia de controversias porque fue objeto de constantes ataques en la página web del holandés Michel Van Rijn, quien, luego de haberse dedicado al tráfico de bienes arqueológicos durante años, ahora acosa a aquellos que se dedican a esa actividad.

Debido a los incesantes ataques que el holandés realizaba contra Patterson, este no pudo vender la colección. Algunas de las ofensivas acusaciones realizadas por Van Rijn carecían de fundamento, como la supuesta participación de Patterson en el asesinato de Raúl Apesteguía.

No obstante, Patterson no logró silenciarlo por la vía legal y, en su desesperación, visitó al holandés en su domicilio en Londres para entregarle una de las más excepcionales piezas mostradas en su catálogo: el tocado de oro moche que fue repatriado al Perú el año pasado.

Van Rijn no tenía intención de cesar en sus ataques contra Patterson y, en cambio, alertó a Scotland Yard, quien implementó una sencilla operación mediante la cual la pieza fue recuperada de las oficinas de los abogados de Patterson en Londres y posteriormente volvió al Perú.

Roeckl afirma que el difunto Apesteguía le confió a principios de los años 90 que Van Rijn era uno de sus regulares compradores de piezas arqueológicas peruanas. Dicha afirmación es negada por el holandés.

PAPELES BAJO LA MANGA
Según Patterson, el tocado moche fue la única pieza proveniente de la colección personal de Roeckl por la cual pagó una suma de dinero no especificada. Las piezas restantes aún se encuentran impagas, motivo por el cual aún "pertenecerían" al alemán.

Este último refirió a este Diario que Patterson estaba a punto de conseguir financiamiento para implementar un museo en Alemania, donde exhibiría la colección que figuró en el catálogo de 1997. Roeckl esperaba que Patterson le pagara el monto convenido por las piezas peruanas.

A su vez, Patterson asegura que ya no tiene interés en adquirir dichas piezas, dadas las complicaciones que estas acarrean.

Como se sabe, el Juzgado Penal 33 de Lima procesa una denuncia de Walter Alva contra Patterson, por la posesión de las piezas saqueadas de La Mina.

A fin de aclarar la controversia sobre la propiedad de las 1.173 piezas peruanas que constan en su catálogo, Patterson facilitó a El Comercio, a través de sus representantes legales en Lima y Londres, un documento certificado notarialmente en el distrito de Miesbach, Bavaria, mediante el cual Antón Roeckl declara ser el único propietario de las piezas precolombinas peruanas.

El documento está redactado en español y fechado el 16 de febrero de este año.

Asimismo, en otro documento notarial, Roeckl declara haber adquirido en 1988, de Raúl Apesteguía, el tocado de oro moche repatriado el año pasado.

Actualmente, Patterson ha sido notificado con una orden de comparecencia, emitida por el Juzgado Penal 33 de Lima. Su representante legal ha presentado una serie de instrumentos procesales con la finalidad de que dicha orden sea revocada, dado que la propiedad de las piezas es ejercida por Roeckl.

Un proceso judicial contra el alemán Roeckl, por poseer cientos de objetos robados, sería la única vía legal que lo forzaría a devolver las piezas saqueadas del Perú. Estas incluirían al menos gran parte de las 1.173 piezas que fueron exhibidas en España y que aún se encuentran en el almacén de Mudanzas Boquete, así como otro numero indeterminado de piezas de Sipán y otros grandes saqueos.

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