Los cantos sagrados de Nampag

MITOS. José Ayui es un nativo aguaruna que ha dedicado casi 30 años a recuperar dos de los principales valores culturales de sus ancestros: la tradición oral-musical y el manejo de plantas medicinales. Alguna vez lo tacharon de brujo, pero hoy es una autoridad en las orillas del Marañón

Por Ricardo León

(Bienvenida en el monte bajo una lluvia diagonal y un sol vertical que insinúa arco iris).

El saludo ancestral recitado de un aguaruna tiene algo de horror al vacío. Nunca debe entenderse como palabreo. Tampoco como un desorden voluntario de la sintaxis básica como mecanismo de defensa o, quién sabe, de ataque. El saludo ancestral recitado de un aguaruna es un juego de metáforas, de relaciones humanas llevadas al terreno de la lujuria oral cronológicamente --¿y geopolíticamente?-- lejana y aún no convertida en souvenir de aeropuerto provinciano. Felizmente. José Ayui Yampis dice Hola y da la mano, pero desde que un día aprendió el saludo de sus ancestros, esos que llamaron a sus botes peque-peque porque sus motores suenan así: 'peque-peque', desde entonces entendió que lo que se pierde cuando no se acumula es más que un aplauso emocionado de un turista maquillado con repelente (aunque aquí el efecto del repelente es más que nada psicológico: el insecto 'manta blanca' pica de todas maneras y sus colegas también si aún queda espacio entre la pantorrilla y el tobillo). Entendió que se pierde la tradición, que es algo así como el nombre propio. Y recién estamos hablando del saludo, traducido así:

Hola, qué tal, qué tal qué tal hola qué tal / yo qué tal, conmigo conmigo no hay problema, no hay noticias, no hay problema / no hay noticia, yo estoy yo estoy... / Vive así, vive tranquilo. / Bueno qué tal...

Jaja, jeje, bien, en caso que haya algún problema grande, / cuando nos encontremos otro día nos comuniquemos bien. / Yo también amigo, todo lo que quería detallarte los / problemas lo he hecho y algún otro día cuando nos veamos, nos estaremos comunicando.

Jeje, nada más nada más sea, nada más sea, que sea eso nomás / que podemos estar, estar, tratando tanto, tanto, nos vemos algún día, algún día.

(Al mediodía, con arañas en el techo y la cría de un sajino, hoy mascota, que a los pocos meses ya tiene dientes filudos y un mal humor ídem).

La historia de José Ayui tiene destellos de leyenda medieval y también de chisme de barrio. Nació en una comunidad del Alto Cenepa; ahí comenzó a investigar la tradición cantada y recitada del pasado aguaruna y, al mismo tiempo, a estudiar y cultivar plantas medicinales (para un hombre de monte, todas las plantas sirven para algo, todas). Conoció el anen, un ritual cantado o de corte instrumental que repele una dificultad a través de la energía concentrada en la persona que la sufre. Podría compararse con el hecho de rezar arrodillado ante la inminencia de una crisis, solo que los aguarunas no tienen un dios determinado sino una cosmovisión plural. Lo que hacen con el anen es repeler la crisis con la propia energía interna, como en "Anen para recuperar esposa" (fragmento):

Jejejee jejeje cuñado Puwampuacito, donde está sentada mi esposa / delante, delante de ella parándote jeaja jeaja cántamelo, con melancolía cántamelo, / hazle sentir profundamente, hazle que piensa profundamente: "La Puampa por qué cantará, ¿acaso antes suele cantar así? ¿Antes suele cantar así? / --hágalo pensar-- y sale corriendo / afuera y sacando conejitos de tus manitos, piensa en mí, piensa en mí en todos tus alrededores solo piensa en mí...

Y conoció también el Nampet, un canto que representa escenas cotidianas, como el "Nampet al amanecer" (fragmento):

Jajajajai jajajai jajajajai jajajai jajajajai jajajai / Guacamayo, guacamayo, que sales a la luna nueva, que de filas vienes, que filas vienes / Jajajajai jajajai / Garrapata, garrapata, garrapata, garrapata, garrapata, garrapata, garrapata, garrapata...

Pero, quién sabe si por influencia de las religiones occidentales que se calzaron las botas y se metieron al monte, empezó a ser rechazado en su propia comunidad. Ayui (dirige la Asociación Cultural Aguaruna Huambisa Nampag, por eso todo el mundo lo llama a él Nampag, que se pronuncia 'Nampan') fue acusado de brujo. "Si hasta había gente que se asustaba pensando que les iba a hacer daño". Recordarlo ahora ya no duele y a veces hasta da risa, pero haber tenido que alquilar un peque-peque para recoger a su familia y apenas algunas pocas pertenencias sí constituyó un problema real hace unos años, allá por el 2003. Lo dejaron sin casa y sin comunidad y casi sin destino. "Decían que yo tenía poderes para acabar con los peces del río, con algunas plantas del monte". Reclamó y nada, volvió a reclamar y nada, pidió que aunque sea le dieran alguna parcela de propiedad del Estado para sembrar yuca y plátano, y nada. Hasta que un comisario del centro poblado Ciro Alegría le dio dos hectáreas y los comuneros le ayudaron a construir su casa. En Ciro Alegría (un pueblo pobre que tiene apenas un solo teléfono) la gente se interesó en su manejo de las plantas medicinales. Nampag nunca más volvió a la comunidad de la que fue expulsado. "Me han dicho que allá todavía se acuerdan, que si voy me matan". Hay un anen que él canta y transmite que, aunque parezca una sentencia de ataque, es más bien una defensa; se titula "Anen para disculparse directamente":

Y yo, y yo, y yo y yo, y yo / no soy muchacho de acá (tierra), no soy muchacho de acá, y yo, y yo / muchacho de arriba soy (cielo). Muchacho de arriba soy, y yo, y yo / hijo de obispo soy, hijo de obispo soy, y yo, y yo.

Si a mí andan odiándome. Si a mí andan odiándome / cuando llega mi padre, cuando llega mi padre / va temblar la tierra, y todos ustedes van a morir, y todos ustedes van a morir / por qué, por que odiamos tanto han de pensar, han de pensar / solo piensa en mí, solo piensa en mí y soñándome soñándome estarás / amándome amándome estarás.

Y yo, y yo, no soy muchacho de acá / al odiarme a mí, pensando parada, dirás que estoy cerca de Dios, cerca de Dios / mirarás al sol y te emocionarás / ¡oh! cómo andará, cómo andará, así pensarás en mí, así pensarás.

Apenas llegue donde mi padre, ámame, ámame eternamente, ámame, ámame eternamente.

(Sigue lloviendo, no hubo arco iris. Cuando le toman fotos, Nampag dice que lo están exprimiendo, pero le gusta. No le gusta que se moje su atuendo).

Así que en Ciro Alegría se establecieron Nampag, su familia, su casa, sus plantas y la asociación que dirige. Nampag llegó a Lima y conoció lo que es un CD y luego grabó uno y dictó talleres para difundir la música aguaruna y sus instrumentos, lo mismo en Lima que en Ciro Alegría. El discurso de Nampag es confuso como la traducción que él mismo hace de las canciones que difunde, pero del que se desprenden algunas palabras importantes: preocupación, ancestros, pérdida, costumbres, educación, ayahuasca, música, reconstruir. Lo demás es cosa de ir atando cabos basados en el "Nampet para cuidar las plantas y el territorio":

Las plantas han florado tengan cuidado. Las plantas han florado tengan cuidado / para que las hermosas flores no se marchiten. / Más tarde también, mañana, pasado también tengan cuidado, más tarde también, mañana, pasado también tengan cuidado (...)

Yo también si logro terminar mi estudio, yo también si logro terminar mi estudio / para defender mi territorio, para defender mi territorio (...)

Yo también si logro terminar mi estudio, yo también si logro terminar mi estudio / para hablar sin tener vergüenza, para hablar sin tener vergüenza.

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