"Para el director Sam Raimi "no es un superhéroe en el sentido clásico. Es un chico que lucha por entender qué tiene que hacer con su don extraordinario"
Por Miguel Ángel Cárdenas M.
Es la misma fascinación, conflicto y sabiduría: es el eterno retorno de la mitología; pero con las leyes del mundo moderno. Es el cine --salido del cómic-- de los superhéroes: los sucesores de los antiguos héroes míticos. El contexto cambió --sobrevino la revolución industrial, tecnológica, atómica, espacial-- pero la esencia no. Solo basta cerrar los ojos: Y sentir que esos monstruos y villanos mitad hombre y mitad animal --con el agregado complejo y contemporáneo del mitad máquina-- son los sucedáneos de minotauros, centauros, cíclopes, hipogrifos, hidras, quimeras, escilas y caribdis.
Y solo basta abrir bien los ojos y saber que los artistas de la Marvel y D.C. han bebido consciente e inconscientemente del icor de la mitología: la Mujer Maravilla sale del Monte Olimpo, donde vivían los dioses griegos; Thor, el dios vikingo del trueno, mereció su propio cómic; Flash es una reinvención de Mercurio-Hermes, con casco alado y sobrecargada velocidad; Namor es un hijo platónico de Neptuno y la Antorcha Humana debió ser un sobrino divertido de Prometeo, el que le robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres. Y el conjuro de batalla del Capitán Marvel era shazam: las iniciales de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio.
Jack Kirby, el creador de los 4 Fantásticos, dijo una vez: "Las historias de superhéroes son el equivalente de hoy de las leyendas de los dioses". Y este sello imperecedero está desde el primer superhéroe de la historia: Superman. Uno de sus creadores, Joe Shuster, definió esa consanguinidad legendaria: "Un Hércules por su fuerza. Una Némesis para los malhechores: el Superhombre". Roman Gubern lo comparó con el Gilgamesh babilonio, "pero, pese a su fuerza, padece una vulnerabilidad específica a la kryptonita, como les ocurrió a Aquiles, a Sigfrido o Sansón. Es, además, el protector de Metrópolis, como los animales totémicos de muchas tribus. Y Umberto Eco ha podido referirse al 'parsifalismo' del personaje". De Batman se ha escrito también demasiado. Y del tercero en popularidad, el héroe creado en 1962 por Stan Lee, se acaba de estrenar la tercera parte de su saga fílmica, que deja una estela de araña. Desde hace más de cinco mil años la araña se ha asociado en el inconsciente colectivo a las divinidades de la vida (creatividad, fertilidad: por sus elaboradas telas) y de muerte y negatividad por su picadura mortal. Esta ambivalencia es explorada en "Spiderman 3".
EL INSECTO QUE LLEVA DENTRO
A grandes rasgos, la luz está del lado de Superman, la oscuridad del costado de Batman. Spiderman es distinto, es más normal, más clasemediero, más claroscuro, puede ser el amigo de todos: Peter Parker tiene el sentido del humor del perdedor, es un genio nerd de la ciencia (Clark Kent es solo 'looser'), es fastidiado por los fuertes de la clase, está enamorado de la rubia hermosa del colegio y trabaja de 'free lance' sin beneficios.
Los mitos no solo servían para las grandes preguntas y las grandes respuestas, sino también para los grandísimos dilemas cotidianos. Y ahí Spiderman es el más idóneo en el imaginario heroico. Umberto Eco decía en "Apocalípticos e integrados", a propósito de Superman, algo que es más característico del arácnido: "Es aceptado únicamente porque su acción se desenvuelve en el mundo cotidiano". A pesar de que la identidad secreta, la máscara, la doble vida es lo particular del superhéroe --a diferencia del héroe clásico--, tras ella hay una vida familiar convencional y laboral: la dulce tía May, el sensacionalista diario "El Clarín".
Además todo héroe tiene una pertenencia: Perseo era de Argos, Teseo de Atenas, la 'araña' es el insecto prodigio de Nueva York. Todos los dilemas míticos se ponen en escena con el arácnido: los superpoderes --antes poderes divinos-- son una bendición y un tormento a la vez. Por eso, el escritor argentino Pablo de Santis, quien definió el cómic como "el tarot de la ciudad moderna", dice que Spiderman está atormentado por "el conflicto entre su endeble psiquis y su fuerza sobrehumana, entre el superpoder considerado como don o como maldición y condena". Y es aquí donde se da el dilema mayor en esta nueva película: tanto como en los mitos, el poder, su ambición, es identificado siempre con el corruptor lado oscuro.
Ya lo analizó Joseph Campbell en "El héroe de las mil caras": en el camino heroico, se deben pasar pruebas y una de ellas es el tránsito por "el vientre de la ballena": el paso por el reino de la propia noche interior. Lo que en otro contexto el psicoanalista Carl Jung --quien analizó esto porque soñaba con un duende marrón-- llamó "la sombra". La sombra es el tantas veces mencionado lado oculto de la personalidad: esos aspectos reprimidos, prohibidos, inconfesables, que proyectamos en los demás cuando están en nosotros mismos. Jung diría: "En nosotros radica el origen de toda posible maldad".
Y eso tiene que atravesar Peter Parker con su soberbia perniciosa, y sobre todo con su deseo de venganza contra los asesinos de su tío y contra la traición de su amigo fiel: el Patroclo, el Lanzarote, el Sancho, el Watson, el Toro que se convierte en su enemigo. Es esa misma venganza sin piedad que le perdió el favor de los dioses a Aquiles y decretó su fin. La película está llena de referentes al conflicto entre vengarse y perdonar. Un ciudadano le dice: "Una buena persona hace la diferencia"; su tía May: "La venganza te corroe el corazón, sin darte cuenta te convierte en alguien malo... yo creo en ti, Peter, eres una buena persona... perdónate a ti mismo, es lo más difícil"; y su casero: "Solo dile a tu novia: tú buena mujer, yo buen hombre". La venganza la vive también su amigo infiel: como a Hamlet se le aparece el fantasma de su padre.
En lo peor de su crisis, su novia, Mary Jane, le pregunta: "¿Quién eres?". Y él responde: "No lo sé". Peter se había perdido de sí mismo. (Su traje es el equivalente al escudo mágico, a la capa de invisibilidad o a la armadura invencible; por eso, es simbólico que se convierta en negra, soterrada).
En "La infancia recuperada", el filósofo Fernando Savater tiene una respuesta: "El héroe se mueve en esa estrecha y azarosa franja en la que quien se olvida de quién es y a dónde va, perece. Y perece sin honra". Porque en definitiva: "El héroe es el que se recuerda a sí mismo". Peter se acordó quién era. Y aquí sucede un enganche antiguo que nos regresa a la infancia y que ha analizado el psicoanalista Bruno Bettelheim: "Las elecciones de un niño se basan más en quien provoca sus simpatías o su antipatía que en lo que está bien o está mal. Cuanto más simple y honrado es un personaje, más fácil le resulta al niño identificarse con él y rechazar al malo. El niño no se identifica con el héroe bueno por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profunda y positivamente. Para el niño la pregunta no es ¿quiero ser bueno?, sino ¿a quién quiero parecerme? Decide esto al proyectarse a sí mismo nada menos que en uno de los protagonistas. Si este personaje fantástico resulta ser una persona muy buena, entonces el niño decide que también quiere ser bueno". Porque "en los mitos el héroe cultural se presenta al oyente como una figura que este debería emular en su propia vida". Y del lado oscuro nadie se escapa. Lo importante es el valor de la elección, de la amistad redentora y del amor no egoísta, que aprende el arácnido al final. Y los niños queremos ser como él.
Es curioso que en el desarrollo de este conflicto, uno de sus rivales, Sandman, el hombre de arena, diga: "No soy mala persona; tuve mala suerte". En "Malos y malditos", Fernando Savater hace una salvedad salvadora: "Llamo malditos a los que quisieran ser buenos pero acaban haciendo pupa porque los demás no les ayudan, les rechazan o no les entienden. Más que malos, los malditos son buenos con mala suerte. Los malos auténticos se hacen solos; pero a los malditos los hacemos malos entre todos".
Sandman es un maldito. Pero siguiendo con los mitos, su otro rival sí es un malo: su Némesis. Esta era la diosa de la venganza y la justicia compensatoria que castiga la desmesura de la fortuna y que representaba el equivalente antagónico en la balanza del héroe. La Némesis de Spiderman, su opuesto arácnido maléfico, es Venom.
SOLO UN HASTA LUEGO
El mito tiene la elasticidad de las telas de araña. Existen grandes miedos atávicos que conforme evoluciona la humanidad han sido explorados por el cine: a los animales (desde las abejas asesinas, la invasión de las hormigas, las pirañas, los tiburones, las orcas hasta los monstruos como King Kong, Godzilla), a los fantasmas (Freddys, Jasons...), a la tecnología (las máquinas que se humanizan y tiranizan a los hombres), a los extraterrestres (los Alien, depredadores...).
En el vencimiento de sus pruebas oscuras, todos estos recurrentes se reinventan en "Spiderman 3". Primero, históricamente, Peter fue picado por una araña radiactiva: la mezcla entre la serpiente venenosa de la selva y el peligro genético y nuclear. La identificación con un animal, del que es descendiente y que inspira su poder, es ancestral (y llega hasta el chamanismo, con el doctor-jaguar; pero sobre todo tiene de Hércules y del León de Nemea). Segundo, los espectros del pasado son empecinados. Tercero, los peligros de la tecnología siguen siendo el gran tema. Los mitólogos vieron en la ciencia al verdugo del mito y de la magia. Pero con la aparición de los superhéroes: la ciencia se convirtió en la magia moderna. En el cómic, el pensamiento mítico adoptó al científico y no al revés. Todos nos convertimos en inconmensurables 'imaginadores', como José Arcadio Buendía --de "Cien años de soledad"-- viviendo un mundo sin fronteras entre la ciencia y la alquimia. Y eso pasará siempre con estos nuevos héroes míticos. Cuarto, ese ser negro que tiene la capacidad simbiótica de corromper y dar poder efímero y egoísta --la figura recurrente de la tentación-- vino como un meteorito del temible espacio exterior. Se podría hablar de más mitos --el de la doncella secuestrada que analiza el doctor Joseph Henderson con el eterno femenino--, pero a veces es mejor ser menos racional, menos instrumental, más mítico.