Por Ricardo León
GUERRA AVISADA SÍ MATA
Cuando alguien muere inesperadamente se suelen tejer conjeturas emocionales que lindan con lo parapsicológico; todo sea por llenar un vacío. Cuando Héctor Peas murió desangrado y sin piernas, luego de pisar una mina en el conflicto del Cenepa, en 1995, alguien comentó que ya lo había visto en sueños, su hermana María Vicenta dice que él ya lo presentía, que cuando se emborrachaba y le entraba la pena le decía que algún día la dejaría porque se iría a defender a su país. Se buscaban explicaciones para una muerte inexplicable. El hecho es que si las guerras fueran justas y un poco menos estúpidas, Peas no habría muerto: era civil, un nativo aguaruna que quiso servir voluntariamente como guía de las tropas en el monte. Ni siquiera murió en un combate, sino por pisar una mina escondida en el suelo. Pisas, suena clic, sales volando y cuando vuelves a abrir los ojos (si los abres) ya no tienes piernas. Luego pierdes sangre hasta que mueres.
Es el obsceno mecanismo de una mina: mejor que matar a un soldado es herirlo para que sus compañeros vean cómo sufre y se asusten y se les baje la moral. La muerte del soldado herido es, incluso, un efecto secundario. En pleno conflicto de 1995 la Cruz Roja emitió un comunicado para alertar sobre el peligro de activar minas antipersonas en la frontera. Ahí se leía: Sin duda es uno de los artefactos más destructivos en los conflictos armados. Son armas que hieren y matan indiscriminadamente, no distinguen entre un combatiente y un niño. O un nativo aguaruna bueno, joven y con hijos.
EL CIENO ES EL LÍMITE
En una pared de la oficina del Centro Nacional de Acción contra las Minas (Contraminas) hay un afiche alusivo a una campaña mundial contra las minas con una imagen que es casi un cliché antibélico: un niño africano jugando fútbol con una pierna metálica. Pierna metálica igual a explosión de una mina más una pierna destrozada. Todavía hay quienes creen que solo en África hay este tipo de artefactos regados en los bosques. No, las minas siguen de moda. Hay cerca de 40 países que las producen; con tanto conflicto que hay, poner un negocio de venta de minas da plata, qué importa si una de esas minas luego deja sin pierna a un niño africano que juega fútbol.
Según Contraminas, en la frontera con Ecuador hay cerca de 30 mil minas sembradas (en el lado peruano). En el informe anual de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas (ICBL, en inglés) del 2005 se determina que esas 30 mil minas afectan a unas 400 mil personas, es decir, a la población que vive alrededor de la Cordillera del Cóndor: Las poblaciones en mayor riesgo son los indígenas huambisa y aguaruna, dado que usan los senderos selváticos para llegar a sus tierras de cultivo.
Después del conflicto se firmó un acta entre el Perú y Ecuador para retirar las minas de la frontera; no hay antecedentes de dos ejércitos, antes enfrentados, que trabajen coordinadamente en la zona de guerra desactivando minas. El Comercio estuvo en el puesto de vigilancia Chiqueiza, en Amazonas, a 15 minutos a pie del puesto de vigilancia ecuatoriano Teniente Ortiz. Para llegar hasta Chiqueiza hay que viajar seis horas de Chiclayo a Bagua, luego ir por tierra durante cinco horas hasta Imaza, navegar tres días hasta el puerto de Escudero y caminar tres horas y media en el monte, donde si llueve el barro llega hasta las rodillas. Chiqueiza es un punto inhóspito del mapa.
MÁS ALLÁ DE LAS MINAS
Los soldados peruanos apostados en Chiqueiza para los trabajos de desminado están lejos de todo, de sus familias, de una bodega, de la ciudad. Su trabajo implica un nivel de estrés superlativo: caminar en un terreno plagado de minas que la lluvia y el barro han ido repartiendo por todos lados, peinar cada centímetro de terreno con un detector de metales y un traje que pesa más de 10 kilos, con un calor denso y profundo y rodeados de insectos de todo tipo y tamaño, encontrar una mina, hacerla explosionar, luego seguir peinando el terreno. Un paso en falso puede significar la muerte o un miembro amputado.
Como es un trabajo física y emocionalmente riesgoso, las condiciones de vida de los desminadores tienen que ser física y emocionalmente óptimas. Por eso hay incluso países que financian estas labores. El desminado en Chiqueiza, por ejemplo, cuenta con el apoyo de la Organización de Estados Americanos y con fondos de la Unión Europea. Con este apoyo,lo desminadores reciben un pago (aparte de su remuneración como militares) denominado estipendio de riesgo. Además, tienen comida decente, trabajan 20 días y luego se van a su casa en helicóptero a descansar 10 días, tienen las comodidades básicas para no tener que preocuparse más que en buscar minas y desactivarlas.
Pero eso es en teoría. Los 19 efectivos asignados al desminado en esta zona tienen otras cosas en qué pensar. Por ejemplo, en los días que no trabajan. A veces es por mal clima; un resbalón por la lluvia puede ser desastroso para un desminador. Otros días no se trabaja porque las normas internacionales exigen que haya un helicóptero cerca para cualquier evacuación de emergencia y las fuerzas armadas, ya se sabe, no tienen muchos helicópteros, que digamos. El que estaba asignado al desminado, un MI27, fue movilizado hacia el VRAE para operaciones contra el narcoterrorismo. El Ejército alquila un helicóptero a la Fuerza Aérea (FAP), pero este debe recibir mantenimiento luego de determinado número de horas de vuelo. Según Guillermo Leal, coordinador regional de Acción Integral Contra las Minas Antipersonales (Aicma), programa que canaliza la ayuda extranjera hacia el Perú y Ecuador, a los efectivos se les paga por día trabajado o por aquellos días en que no se trabaja por razones de fuerza mayor, como el clima. Pero si no hay helicóptero, no. Eso escapa a nuestras manos, el Perú se comprometió desde un principio a destinar un helicóptero para el desminado. Los que 'pagan pato' son los efectivos internados en una zona inhóspita (paradójicamente, al helicóptero se le llama 'pato'). Ellos a veces ni se enteran de estos líos de oficina.
Por otro lado, el hecho de que no haya un helicóptero cerca convierte los días de descanso en otra ocasión para lamentarse: sin helicóptero, esos 10 días de descanso ('bienestar', le llaman) se reducen por los tres días de ida a Bagua (por mencionar un lugar 'cercano') y 3 de regreso. No hay presupuesto ni helicópteros, ¿quiénes son los perjudicados? Los 19 desminadores que se emocionaron pensando que harían una labor valiente, interesante y relativamente bien remunerada. Esos que tienen su himno: A cada punzada que el terreno da / elevemos nuestro espíritu / con el brazo firme y pulso sereno / tan igual como lo mantienes al sondear / las minas que has de detectar... A veces el problema de las minas no está en el monte, sino encima de un escritorio, en Lima.
No solo es un tema de seguridad
"El programa de desminado estuvo abandonado. Hubo una dejadez del gobierno anterior. Hay que darnos un poco más de tiempo para acomodar todo". Según José Antonio Bellina, encargado de la Dirección de Asuntos Internacionales e Intersectoriales del Ministerio de Defensa, el Gobierno busca reforzar las labores de desminado porque es, además, un tema de imagen del país.
Mañana
Las labores de desminado en Ecuador. Un trabajo bien coordinado siempre es más efectivo