ESTUDIOS. "La maternidad y sus vicisitudes hoy" se llama el libro que enfoca desde nuevos ángulos los dilemas, retos y conflictos de la madre moderna. Carmen Zelaya, Johanna Mendoza y Elvira Soto son las editoras, psicoanalistas y madres del libro
Por Miguel Ángel Cárdenas
Hace más de un siglo, el trabajo de Sigmund Freud se sustentó especialmente en adultos, pero el psicoanálisis evolucionó y en las últimas décadas afinó la mirada hacia las complejidades contemporáneas de las madres en relación al desarrollo de sus bebes. La experiencia fue esencial: Carmen Rosa Zelaya tiene tres hijos de 28, 19 y 17 años; Johanna Mendoza, dos hijas de 13 y 11 años; y Elvira Soto, dos de 26 y 20 años. Ellas pertenecen a la Asociación Peruana de Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes. Las tres se formaron psicólogas clínicas en la PUCP, con orientación psicoanalítica. Pero es su práctica clínica de muchos años la moderna partera de su libro.
Empecemos por la absoluta idealización cultural que sentimos todos con la maternidad. Para cualquiera de nosotros la madre es lo más sagrado. Uno se pelea por la más mínima alusión a ella. No existe una mentada de padre, por ejemplo.
Johanna: Lo que aporta el psicoanálisis es que esta imagen idealizada ha sido una negación de la sociedad para verla de una manera más humana. Ha escindido otros aspectos por considerarlos negativos o porque van en contra de esa idealización, por ejemplo su capacidad de goce, su sexualidad o su agresión.
Carmen: Imaginemos primero la inmadurez con que nace un niño, sus angustias, el ser humano es el mamífero menos preparado para el nacimiento, los otros mamíferos se paran y saben lactar. En nosotros la condición física incluso explica la necesidad de ser sostenido, de ser cargado, que no tienen otros mamíferos, además los pechos están adelante, no como las ubres que están atrás, y el contacto es cara a cara. Por eso, si hablamos de la idealización, esas primeras experiencias hacen que el niño perciba a la madre como un ser poderoso, porque lo está haciendo sobrevivir, de no hacerlo surge lo que conocemos como las angustias de desintegración, de aniquilación, ese caerse y no tener quien te sostenga. Así la figura de la madre queda inscrita en lo más profundo de nuestra mente; por eso, cuando tenemos mucho miedo, decimos: "Ay, mamá, sálvame". Ella está asociada a los temores más fuertes que hemos tenido y se la idealiza.
En esta idealización hay dos imágenes. Primero la de dentro del vientre, donde se supone que somos felices y estamos protegidos. Nacer es como perder el paraíso. Y de otro lado, una vez nacidos: ella es nuestro paradigma de la ternura, del sacrificio, de la entrega máxima, la leona que da la vida por sus hijos.
Elvira: Lo que se sabe ahora es que ya desde el vientre el estado de la madre está influyendo en el bebe, que este percibe los cambios hormonales. Si la mamá tiene algún nivel de angustia por algo, la adrenalina va a subir a mil y eso va a afectarlo.
Carmen: Esa imagen de madre abnegada, perfecta, crea angustia, sentimientos encontrados en las mujeres actuales. Esta enorme responsabilidad va de la mano con una forma de vida cada vez más aislada, donde las mujeres trabajan, se vive en departamentos, ya no están las casas multifamiliares, donde si no estaba el padre estaba la madre, la tía, la madrina, siempre había un grupo que apoyaba a la mujer. Hoy las mujeres están bien solas, aparte de que muchas deciden tener hijos solas. Por eso se observa desde la clínica una mayor incidencia de problemas en las madres, por ejemplo, la depresión posparto es un cuadro que siempre se ha dado, pero ha venido incrementándose en los últimos tiempos.
Hoy suceden dos cosas. Algo que era impensable en otros tiempos: una mujer que decide no tener hijos, lo que ha suscitado discusiones sobre qué es la feminidad, el instinto maternal. Y, por otro lado, ha habido una frivolización de la publicidad que ha estereotipado la delgadez. Las abuelas decían que una madre embarazada debía comer por dos. Esto genera angustia por la imagen externa que se pierde.
Johanna: El deseo de tener un hijo es un libre albedrío y es una ganancia, es algo positivo que cada mujer pueda decidir que su destino no es ser madre. El problema está en ver si esa persona hace esa elección porque se encuentra con ella misma, después de elegir los pro y los contra o si es expresión de algún tipo de conflicto que ella misma no entiende, que tiene que ver con las heridas de su historia, los conflictos, la soledad, los vacíos, lo que fuera.
Carmen: La vida de las mujeres a partir de la aparición de la píldora anticonceptiva, a pesar de que esto lleva más de cincuenta años, ha venido cambiando mucho... Hay una psicoanalista inglesa que trabaja el concepto de la identidad generativa, que corresponde a generar, a crear. Una aplicación es la maternidad, donde la mujer siente que está creando. Pero hoy podemos crear proyectos, libros, obras de arte, algo que cree sentimiento de trascendencia. Los hijos representan eso, nos trascienden porque nos perpetúan. Al tener un hijo no solo llevan nuestros rasgos genéticos, sino nuestro apellido y heredan nuestros bienes. Creo que todos tenemos la necesidad de trascender en el tiempo. Pero estos cambios han repercutido en que comiencen a descubrirse otras maneras de trascender.
En el libro se analiza el lado oscuro de la maternidad, esas relaciones amor-odio, con muchas fantasías contradictorias y ambivalentes.
Carmen: Con la maternidad, siendo una etapa de mucha sensibilidad, se moviliza el mundo interno de la madre, los recuerdos de ella como hija, la relación con su madre. Para mí la naturaleza es sabia, le da a la mujer esos nueve meses de embarazo también para que se prepare mentalmente, vaya resolviendo sus angustias, sus temores y esos sentimientos encontrados. Son muchas las cosas que se pierden con el nacimiento: la libertad, el sueño, la tranquilidad, las horas de comida, y uno tiene que comenzar a dar mucho, no solo la leche, sino dar de su tiempo, entregarse emocionalmente, en una época donde a todo el mundo le falta tiempo. Por eso, las náuseas tienen un factor psicológico, que es el deseo de expresar que "no quiero"; el cuerpo lo rechaza hasta que después lo asimila y lo va gestando. Eso mismo se va produciendo los primeros tiempos de crianza, son etapas de mucha sensibilidad, porque se va negociando internamente en la madre esa pérdida de libertad y poder apreciar y gratificarse de este cambio de vida.
Johanna: La ambivalencia es una condición humana, no aparece cuando somos madres, todos lo somos en algún momento de nuestras vidas o todos los días. El psicoanálisis incorpora esto como aceptación de la naturaleza humana.
Junto a la mujer moderna está el hombre moderno. Hay un gran estereotipo psicológico, que es concebir al padre como la autoridad y a la madre como los afectos. ¿Es tan así u hoy hay menos fronteras? Y, por otro lado, se dice que en los hombres sucede la envidia del embarazo, que sería equivalente a la psicoanalítica envidia del pene que sucede en las mujeres...
Carmen: Siempre vamos a tener envidia por lo que no tenemos, y es uno de los grandes traumas que cargamos los seres humanos cuando descubrimos que no tenemos los dos sexos, sino uno. Los hombres pueden envidiar el embarazo, así como las mujeres pueden envidiar no solo el pene como físico, sino todo lo que eso supone en el desarrollo del hombre, que se asocia con ser más activo, tener poder.
Johanna: El psicoanálisis trata de dar una mirada natural a ciertas cosas, cuando preguntabas por la envidia del pene, las personas que no son especialistas pueden asociar esto con algo no sano, terrible... Si de repente un papá ve que su mujer está dando de lactar y observa la cara de felicidad de los dos, siente que cómo quisiera estar él en ese lugar, eso es envidia de ser madre. No la envidia patológica. La primera pregunta es compleja y en parte es verdad, porque buena parte del primer mes de vida tiene que ver con ritmos y sensaciones y relación cuerpo a cuerpo entre la madre y el bebe... Y el padre, cumpliendo su función paterna, es la ley, quien hace que ese vínculo primario tan estrecho se abra a terceros. El primer tercero es ese padre, por eso es la ley que ingresa a romper esa fusión psicológica madre-hijo para que se abra también a la sociedad. Pero eso no descuida que el padre tenga afectos, sea tierno, cumpla función maternal o la mamá a su manera ejerza otro tipo de leyes.
Elvira: Sobre la segunda pregunta, hay quienes dicen también que el papá quisiera estar en el lugar del bebe porque la mamá lo está atendiendo, lactando, de alguna manera le está dando el pecho a él (...). Es importante que haya una fusión madre-hijo, es la famosa etapa edípica. Pero ahora se habla de la entrada del padre mucho más temprano, antes se decía que entraba alrededor de los tres años, ahora ya se sabe que es fundamental desde que el bebe nace. Es más, para un padre la experiencia de estar cuando la mujer da a luz y ver a su bebe nacer es una experiencia fundamental, va a marcar otro tipo de relación.
Carmen: El ser madre no es exclusivo de la mujer. Si celebramos el Día de la Madre y tenemos a un hombre que es una buena madre, también hay que celebrarlo a él. Porque está comprobado por estudios, que se han hecho recientemente, que existen cambios hormonales que se dan en el hombre frente al embarazo y frente al nacimiento de sus hijos, como los estrógenos, que son hormonas femeninas, se elevan. En una sociedad machista ha predominado la represión de estas tendencias maternales en el hombre que están cambiando.
En el libro hay un artículo precioso sobre el llamado "nacimiento psíquico", que se da con el primer contacto visual entre la madre y su bebe. Hay un filósofo, Levinas, que decía que en los ojos del otro está el infinito, lo divino. El primer contacto con lo sagrado es nuestra madre entonces.
Carmen: El rostro de la madre es como la primera huella digital, que se imprime en ese contacto visual. Y que después está apoyado en la lactancia. Se viene destacando la parte nutricional, pero es mucho más importante la parte emocional, cómo la madre va descubriendo, lo va invitando, lo va seduciendo a través de la mirada, a que despierte y haga contacto. Y en ese despertar lo va reconociendo, le va dando vida psíquica.
Elvira: Es una mirada que organiza el mundo.