"No se puede seguir permitiendo que, a partir de procesos lentísimos y complicados, la burocracia extorsione a la autoridad paralizando al país"
Por Hugo Guerra
Qué bueno, querido lector, que el presidente García ponga el dedo en la llaga del paquidermo anquilosado --digo del obsoleto Estado peruano--, demostrando la pasmosa lentitud en la toma de decisiones burocráticas.
El problema no está solo en el tiempo y el dinero que se pierde en desmedro del ciudadano, sino en el poder descontrolado que esa burocracia tiene sobre nuestra vida cotidiana.
El término conceptualmente significa "El gobierno de las normas y procedimientos" (¡ojo, no de los ciudadanos!).
Max Weber advertía sobre el peligro de que en el afán de preservar su estabilidad laboral los burócratas desarrollen mecanismos rígidos que traben la toma de decisiones gubernamentales.
Aldous Huxley resaltó cómo la burocracia se escuda en el anonimato y pretende justificarse en un conjunto de formalidades, normas perdidas en el tiempo, reglamentos antojadizos y densos organigramas, que tienen kafkianos procedimientos, tortuosa división de responsabilidades, seudoespecializaciones del trabajo, jerarquías infinitas y relaciones impersonales. Todo lo cual configura un poder independiente de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
León Trotsky, por lo mismo, acusó a los bolcheviques de convertirse en una casta privilegiada.
Así, agobiado lector, la burocracia es mucho más crucial que aquel antipático 'ventanillero' de ministerio que administra ese maldito sello que usted necesita para resolver sus problemas documentarios.
El problema, sin embargo, no se resuelve con más presupuesto y mejor tecnología porque la burocracia es muy peligrosa cuando, además de retrógrada, pierde sentido ético y se dedica a cumplir órdenes "del de arriba".
Hannah Arendt, a propósito del juicio al exterminador SS Karl Eichman demostró cómo aquel miserable se autoconsideraba persona normal y buen ciudadano, porque 'solo' formó parte de una burocracia supereficiente que tenía un encargo cualquiera: ¡exterminar a los judíos! El nazi probablemente nunca tuvo conciencia de que obró mal.
En el Perú, la irreflexión de los burócratas, sus altos niveles de corrupción, la resistencia al cambio y la defensa miope de intereses subalternos les induce a banalizar el mal que causan. Y su mayor crimen estriba en haber convertido a toda autoridad en delincuente potencial.
La telaraña supone, efectivamente, que quien no cumpla con las normas burocráticas sea sentado en el banquillo de los acusados.
En consecuencia, ante la extorsión de un sistema legal cómplice de la burocracia ninguna autoridad se atreve, así nomás, a tomar decisiones. Mientras tanto, los proyectos para beneficio del pueblo se paralizan y los costos del Estado se multiplican groseramente. Por ejemplo, detrás del precio de un simple lapicero comprado en un ministerio hay un costo de control, supervisión, auditoría y gestión que largamente decuplica su valor. Y ese dinero literalmente se le roba a todos cuantos pagamos impuestos.
Por eso García hace bien en reventar la pus burocrática en cuanto a su lentitud, pero sin dejar de lado el control y sanas políticas de anticorrupción urge que su gobierno le devuelva la confianza ejecutiva a los funcionarios para que el paquidermo recobre una mínima agilidad en beneficio de los ciudadanos.