Chávez y sus aliados no tan condicionales

Las plataformas del ALBA

Por Eduardo Ulibarri
Internacionalista

Con sus recientes y coincidentes 'cumbre' en Barquisimeto y 'encuentro de movimientos sociales' en Tintorero, Venezuela, la hiperbólica Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA) ha hecho más claro su juego de dos plataformas.

La estatal y diplomática, que congregó a los representantes de los cuatro países miembros y algunos observadores, es un conducto para la compra de voluntades oficiales por parte del gobierno de Hugo Chávez.

La plataforma social, en cambio, se revela como un vehículo para interferir, vía aliados locales, en los asuntos internos de todos los países del hemisferio, sean miembros o no del tinglado bolivariano.

La quinta cumbre fue oficiada por Chávez, sus colegas Evo Morales (Bolivia) y Daniel Ortega (Nicaragua), y el vicepresidente cubano, Carlos Lage, miembros plenos del ALBA. A ellos se unieron, como observadores, el presidente haitiano, René Préval, la canciller ecuatoriana, el ministro de economía uruguayo y representantes de tres micronaciones caribeñas: St. Vincent, St. Kitts-Nevis y Dominica.

Como alianza de gobiernos, el ALBA representa, sin duda, un problema regional. Uno de los claros designios de Chávez es dislocar la institucionalidad multilateral que, con sentido práctico y respeto por la diversidad, se ha venido construyendo en América Latina. La lista es muy amplia, e incluye el Grupo de Río, el Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones, el Plan Puebla Panamá, el Mercado Común Centroamericano, además de la OEA y las cumbres iberoamericanas, que ya cuentan con una secretaría general en Madrid.

Además, Chávez desde el petróleo, y Castro desde su fortín totalitario, están induciendo a Nicaragua y Bolivia hacia políticas económicas disparatadas y un creciente aislamiento de los flujos internacionales de capital. ¿Cuál mejor muestra que su anunciado abandono del Centro de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi), rama del Banco Mundial destinada a proporcionar seguridad jurídica a quienes invierten en otros países?

Una debilidad del ALBA oficial, sin embargo, es que, a pesar de su retórica populista y hasta incendiaria, se debe mantener en los canales de la diplomacia y respetar claros límites de acción.

Aquí es donde entra en juego su plataforma 'social', que, mediante la acción de grupos nacionales presuntamente independientes, brinda a Chávez y sus aliados vías para intervenir en los asuntos internos de cualquier país.

Los 'movimientos sociales' también forman parte del organigrama del ALBA, y su actividad final fue una reunión conjunta con Chávez, Morales, Ortega y Lage.

Conclusión: estamos ante un esquema dispuesto a utilizar todos los canales disponibles para proyectar la influencia de Venezuela, Cuba y, junto a ellos, del populismo y el autoritarismo, hacia el resto del continente.

Su curso dependerá tanto de cómo otros gobiernos y fuerzas latinoamericanas enfrenten este embate, como de cuán capaces sean Chávez y compañía de mantener una organización tan compleja.

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