Instrumentos de la tribu

SONIDOS. Phillip Duperly quiere que lo llamen Felipe. Él es un músico de origen inglés y francés, investigador y coordinador del Museo Étnico de Instrumentos del Mundo en España, que recorre el planeta en búsquedas musicales y dando talleres a niños pobres

Por Miguel Ángel Cárdenas M.

La palabra etnomusicólogo no es atractiva: si hay que explicarla, no atrapa de entrada. Ahora mismo puede hacer que un lector --como usted o como yo-- pase a otro artículo sin ser seducido por esta historia (porque la entrada en un texto es como calcular el amor a primera vista).

No obstante, si usted o yo viéramos un duduk, sentiríamos un leve coqueteo. La etnomusicología se haría más interesante. El duduk es un instrumento musical armenio, cuyo origen se remonta a 95 años antes de Cristo, en la época de un rey legendario llamado Tigranes, el Grande. Parece un oboe de madera con una lengüeta muy grande; la leyenda dice que su sonido sollozante puede volver sentimental a un rinoceronte con espuma en la boca y el cuerno. Los clarinetistas sufren de desarmónicos celos cuando lo miran. Pero cuando lo escuchan se les dulcifica el hígado.

Si no solo viéramos, sino también escucháramos ahora un didgeridoo, sentiríamos deseos de tenerlo. Un didgeridoo es una trompeta natural, fabricada con eucalipto vaciado del fondo por termitas, utilizado por los aborígenes de Australia en sus ceremonias de encuentro con sus ancestros. La lengua del chamán australiano debía ser ágil y milimétrica controlando un tipo de respiración circular (inspirar y soplar al mismo rítmico tiempo).

La etnomusicología se volvería apasionante entonces, uno intuiría que de seguir podría enamorarse. Y más si un etnomusicólogo (alguien que no solo se ha ilusionado sino casado con ella) llamado Felipe Duperly explica lo que es el mbira con el rostro demudado como si fuera una flauta ovoide que tiene de agujeros sus ojos, fosas nasales, orejas y boca: "Es uno de los instrumentos más importantes de Zimbabue. Es tan sagrado que los shonas lo han utilizado durante más de mil años; conectaba con los espíritus y acompañaba ceremonias para producir paz y fraternidad. Según la tradición shona, la mbira trae lluvia en épocas de sequía. Durante el período colonial, los misioneros la acusaron de ser el demonio. Después de la Independencia, el instrumento y su música volvieron a recuperar su fascinación".

Duperly tiene una escala de patrias: nació en Inglaterra, de madre francesa, vivió hasta los 10 años en Colombia, se fue a estudiar a Europa, recorre siempre el África de sur a norte, radica en España y vive hipnotizado por el Perú.

La etnomusicología es el estudio antropológico de la música en su contexto cultural. "Es meter el dedo en la llaga, profundizar en las etnias, en los diferentes grupos sociales de sus respectivos países", dice, y hace 'almática' esta ciencia porque también es músico. Felipe tiene una forma de tocar el lekolilo semejante a lo que en Oriente se entiende como sabiduría loca. El lekolilo es una flauta de Lesotho que se hace con algas marinas secas y la flor de la papaya, que no tiene orificios para producir notas sino que la boquilla se hace con el dedo.

La etnomusicología se convertiría en un amor fiel (el más escaso en esta época posmoderna) cuando, como Duperly, se usara para recorrer el mundo y se enseñara no solo a los círculos académicos, sino también a los niños más pobres. Él estuvo este sábado motivado a escuchar y fabricar instrumentos étnicos y oyendo a pequeños talentos en las cinco casas de las Aldeas Infantiles SOS, del Callao a Chosica, que acogen a cientos de niños huérfanos o en abandono y les ofrecen una madre sustituta, más auténtica que la original. La palabra etnomusicología, para usted o para mí, ya sonaría tan cautivante como el nombre de esa mítica griega llamada Eurídice.

HIJOS DE LA MÚSICA
En Lima no tenía cómo conseguir algas marinas para un lekolilo. Y las sustituyó por mangueritas de plástico para enseñar a fabricarlo de todas maneras. Floriano Benjamín levantó la mano en un salón acondicionado como taller musical en la Aldea SOS de Zárate y a sus valientes 13 años escucha con los brazos abiertos la explicación de Felipe Duperly. Floriano viene de Chanchamayo y aprendió a tocar zampoña de oído. Felipe le enseña a él delante de todos cómo usar ese tubo con la misma técnica con que los habitantes del sur de África lo hicieron con algas. "Tu misión es enseñarles después a todos". Le indica cómo poner los dedos y le dice que sople. Floriano no puede y el etnomusicólogo le dice: "A mí me pasó lo mismo; estuve como tres meses así". Al cuarto intento logró zanjarle un sonido y sus cincuenta amigos de la aldea lo aplaudieron. "Es muy importante controlar el soplo: suave para notas bajas, fuerte para las agudas".

Angelina Durán, de 10 años, levanta ahora la mano para pasar a la siguiente lección. Su madre sustituta se llama Maximina: ella le calienta el cariño todos los días, la lleva al colegio Triunfo de Próceres y promueve su gusto por la danza. "Yo bailo danzas del Cusco, por ejemplo". Angelina coge la mitad de una caña de unos cuatro metros que Felipe ha cortado, lija los extremos, mientras aquel hace un hueco en el centro con un cuchillo. "Ella va a ser su profesora cuando yo me vaya", les dice a todos, e indica a la futura maestra cómo pegar papel celofán para tapar el agujero por un lado y elástico para separarlo por otro. Y le instruye que en el hueco central debe cantar para que suene. El sonido tiene de flautín y de armónica. "Con otros materiales hay un instrumento parecido que se llama nunut en Valencia", comenta Felipe.

Esta aldea de Zárate tiene 32 años de fundada y 16 madres sustitutas con nueve niños cada una, que sobre todo llegan refugiados de familias con problemas de drogadicción y pobreza absoluta de Villa El Salvador, San Juan de Lurigancho y San Juan de Miraflores.

El nunut es tan conmovedor y tan sencillo de hacer que todos los niños se arremolinan, empujan sus sillas, cogen las cañas y se amontonan para hacer uno parecido inmediatamente. El caos infantil es incontrolable; pero esta misma reacción la ha visto Felipe en todo el mundo. Vanesa González, de 13 años, está encantada y quiere seguir escuchando al músico. Vanesa quiere escucharle hablar del carajillo, un tipo de castañuela que se hace con la cáscara de nuez, una especie de mondadientes y una goma de elástico. O de las gaitas, pero no de las escocesas, sino de las marroquíes y de las de la India que no llevan la bolsa de palos, con una lengüeta más pequeña que el duduk. O de la gaita colombiana fabricada con cactus, pluma de pavo y una boquilla de cera de abeja en combinación con carbón vegetal. Y que los intérpretes de cumbia han dividido en macho y hembra (el primero tiene dos orificios y la segunda cinco) y que se suelen tocar en pareja.

Felipe ve en la muchacha el mismo rayo tenue en la mirada que tenía él a su edad cada vez que le hablaban de un instrumento musical de una cultura lejana. "Por favor quien quiera estudiar música que lo haga, que tome clases", alcanza a decir antes de partir a la Aldea SOS de Pachacámac.

UNA CUESTIÓN DE OÍDO
El mismo rayo tenue. Hoy Duperly se dedica a recorrer los países difundiendo los hallazgos del Museo Étnico de Instrumentos del Mundo, fundado en España por el investigador y músico uruguayo Carlos Blanco Fadol y que cuenta con más de 3,500 instrumentos de los cinco continentes.

Duperly estudió flauta traversa en el Conservatorio de Madrid hasta que de dura casualidad cuando veía un programa infantil escuchó el sonido de unas quenas y zampoñas. "Y el sonido de la quena me hechizó, quise averiguar de dónde venía hasta que conseguí una que me mostró un argentino. Cuando viajé a París sucedió algo increíble: encontré al maestro Santillana que tocaba la melodía de aquel programa infantil y se convirtió en mi maestro. Lo mío ya no era la música clásica".

La quena peruana le abrió el mundo. Duperly se interesó por esos sonidos étnicos que lo herían de gozo. A los 20 años, como bailarín del grupo "Los Machucambos" viajó a Sudáfrica, Madagascar e Isla de la Reunión. Luego volvería por estadías intensas, porque "África es interminable, es la cuna de los instrumentos musicales". La ombira y la calinda, instrumentos que se percuten y pulsan con el dedo en unas láminas de acero que vibran, lo encandilaron de por vida. Pero su amor oriundo siguió siendo la quena; por eso fundó en 1976 el grupo Ayacucho, reconocido por los historiadores como el pionero de los difusores de la música andina en España. "Le puse ese nombre por la batalla y hacíamos música del Perú, Bolivia, Ecuador. Hay un vals peruano que se llama 'Melgar', que siempre me ha apasionado: lo toco con quena".

Marruecos e Israel fueron dos países que lo marcaron, también el folclor ruso. El ney fue alunizándole el corazón. El ney es un instrumento árabe, como una quena que no tiene boquilla y se utilizan en su lugar los labios y una caña con agujeros. "Vas descubriendo infinitas melodías e instrumentos similares. En el museo tenemos uno africano y uno chino, exactamente iguales; lo único que cambia es el material y la forma de fabricación. El chino es más meticuloso, tiene mejor acabado, mientras el africano es más rústico, pero el instrumento es en sí el mismo". Duperly viene al Perú también para dar una conferencia magistral sobre las analogías de instrumentos, melodías y danzas peruanas con las africanas. Tiene desorbitados hallazgos etnomusicológicos. Valga esta última y fantástica palabra.

SEPA MÁS
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Felipe Duperly ofrece hoy un taller gratuito de instrumentos y música del mundo, organizado por la Escuela Nacional Superior de Folclor José María Arguedas. La escuela está en el jirón Ica 143, Centro de Lima, teléfono 426-0202.
4La colección del Museo Étnico de Instrumentos del Mundo en España es una de las más completas del mundo.
4Pueden verse: www.felipeduperly.com y www.museomusicaetnica.com