Por Ricardo León
I.
Una beca por 50 mil dólares puede valer lo mismo que un microscopio regalado sin sorteo. Dmitry Vaintrob (18), el nuevo referente estudiantil en su high school, ganó el derecho de considerarse un Nobel juvenil por investigar la asociación entre estructuras algebraicas y espacios topológicos. Dayan Li (17) lleva buen tiempo familiarizado con la angiogénesis o el proceso fisiológico a través del cual se forman vasos sanguíneos nuevos a partir de unos ya existentes. Y Philip Vidal (16) obtuvo la primera evidencia de que los nanotubos de carbón son termodinámicamente solubles. La hegemonía gringa se hizo presente en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Intel (Intel ISEF, en inglés): Dmitry, Dayan y Philip estudian en EE. UU.; digamos que jugaban de locales. Ellos se hicieron acreedores a las becas y un puesto en alguna de las cientos de organizaciones científicas que hay en ese país, muchas de ellas dirigidas por chinos .
La delegación peruana tuvo entre sus filas a quienes podrían haberse llevado el premio a la precocidad. Jhenyfer Espinoza y Raúl Vicente figuran en la lista oficial de proyectos presentados como estudiantes de 14 años. Caminando en ropa de baño y sin toalla hacia la piscina de agua tibia de un hotel de lujo, la duda sería despejada: "Tenemos 12". El proyecto que presentaron representaba un éxito colectivo. En su pueblo, Ninacaca, en Cerro de Pasco, el agua con la que sus 4.000 habitantes sancochan la papa está contaminada porque los desechos de las haciendas cercanas llegan hasta su reservorio en forma de heces de animales o de desechos químicos, así que ellos vienen planteando soluciones eficientes que puedan aplicarse a 4.700 metros sobre el nivel del mar.
(La feria se llevó a cabo en Albuquerque, una ciudad desértica del estado de Nuevo México donde las tormentas meten a todo el mundo en su casa. En Ninacaca las tormentas son más fuertes y aún así nadie deja las chacras de maca).
Jhenyfer y Raúl no recibieron premios ni becas y tuvieron que hacer peruanísimas colectas para poder viajar. Uno de los jueces del evento, sin embargo, les regaló un microscopio para poder analizar ellos mismos el agua y poder concientizar a la población con más pruebas científicas a la mano, que es a fin de cuentas lo que pretenden. Entonces, proporcionalmente hablando, ese microscopio vale lo mismo que una beca por 50 mil dólares. Y la lluvia de pica-pica en papel lustre para la foto de los tres estadounidenses exitosos equivale, para Jhenyfer y Raúl, a volar de Albuquerque a Las Vegas, de Las Vegas a Miami y de Miami a Lima y ser recibidos en el aeropuerto con una olla de patasca caliente junto a un letrero que dice Llegadas Internacionales.
II.
Ahora resulta que comer snacks puede influir positivamente en la comprensión de lectura en los adolescentes. A John O'Shea (Minnesota) se le ocurrió medirlo científicamente en alumnos de secundaria y descubrió que aquellos contemporáneos suyos que leían comiendo sonseras artificiales se concentraban más y mejor que aquellos que leían con la boca vacía, y que la acumulación de carbohidratos potenciados favorece el desarrollo cerebral. Pero no por ser polémico era el trabajo más interesante de los 1.500 presentados. Llamó la atención uno realizado por Samantha Paige, una jovencita experta en Charles Manson y Ted Bundy, dos de los más sanguinarios (y también célebres) asesinos en serie de la historia de los EE.UU. Indagó, sumó, restó, comparó y concluyó que factores genéticos, ambientales y sexuales pueden concatenarse y engendrar un monstruo. A propósito, un dato: la mayoría de asesinos en serie son hombres; las mujeres con ese perfil psicológico se dañan a sí mismas; los hombres, en cambio, agreden al otro. Dios o Freud sabrán por qué la diferencia.
Pero no todos los participantes fueron adolescentes estadounidenses. El húngaro Gergely Attila se preocupó por comparar los colores más comunes en los videojuegos con aquellos que deberían utilizarse para no interferir en el desarrollo de la inteligencia estética de los niños. El mexicano Scott Munguia estudió los efectos psicosociales en los hijos de madres solteras de entre 7 y 11 años, con la respectiva propuesta de solución a través de la estimulación al diálogo. Ahmed Khaled al Nuaimi, de Arabia Saudí, diseñó un zapato para ciegos que activa una alarma cuando se aproxima un obstáculo identificado a través de sondas. La propuesta se presentó como una alternativa al uso de bastones. El puertorriqueño Michael Gabriel Rodríguez, mientras tanto, concibió un automóvil que funciona con energía eléctrica y su planteamiento incluía introducirlo en los vehículos de la policía, que son los que más combustible gastan y los que más contaminan. Un invento premiado que debería ser patentado lo realizó Juan Alberto Rodríguez, de Costa Rica: es un guante para descifrar los códigos de comunicación de la población sordomuda. El sordomudo se coloca el guante, emplea las señas que utiliza para 'hablar' y estas se convierten en palabras y aparecen luego en una pantalla.
Pero los jueces prefirieron las estructuras algebraicas, la angiogénesis y los nanotubos de carbón.
III.
Lógico: un alumno de un colegio militar inventando un juego matemático que preserve el vínculo con el cuartel. Hernán Arroyo ha diseñado, entre varios otros, un juego llamado Soldados Matemáticos para enseñar matemáticas sin acudir a la pizarra y la tiza. Ya se ha venido aplicando en su colegio, Gran Mariscal Ramón Castilla, en Trujillo. Lo suyo son los denominados Juegos Multicreamatemáticos, que además incluyen dados trigonométricos y herramientas semejantes. En ese mismo colegio trujillano estudia Jesús Rojas; él ha diseñado un programa interactivo para PC que contiene toda la historia de las culturas preíncas. Sus también paisanos Mauricio Montenegro y Francisco Favio Amasifuén presentaron un proyecto de educación ambiental en niños menores a través de los trabajos en un biohuerto.
No ganó ningún peruano. Qué importa. Quizá haya sido más difícil reunir ganas y dinero para viajar que obtener una medalla. Porque no todos tienen una escuela que los financie: el limeño Frederick Vargas ha diseñado un programa de computación que permite automatizar a voluntad ciertos aparatos como ascensores o letreros luminosos tipo teleprompter. En la feria presentó la maqueta de un ascensor fabricada con los carretes de una impresora vieja que encontró en su casa. Él aprendió a crear un programa estudiando vía Internet. Ahora hay alumnos de universidades peruanas que quieren conocer su proyecto.
Esto lleva la competencia a un ámbito más afectivo que efectivo. Porque el interés de un grupo de universitarios por un ascensor casero hecho a mano con materiales reciclados ya es un premio. Igual que el regalo inesperado de un microscopio. La patasca caliente en el aeropuerto, incluso.
Cuidado: jóvenes inventando