Por Ricardo León
Fotos: Richard Hirano
En este país casi siempre hay dos formas de hacer las cosas. Formas no, llámense caminos.
Por ejemplo, para hacerse torero bufo y ser más o menos reconocido hay dos caminos. Uno es ser torero y ganar el suficiente poco dinero como para irse por la a veces más rentable rama de la comicidad taurina. El otro es ser un cómico ambulante --con risas y aplausos también se abren pymes-- y un día buscar chamba en un coliseo de toros, y conseguirla. En la primera se necesita aprender a ser gracioso, tener chispa o conseguirse una. La segunda exige perderle el miedo a un animal de 150 kilos (generalmente vacas pequeñas), a veces más, a veces menos, siempre con cuernos que se supone han sido previamente lijados.
El otro prerrequisito para ser considerado un torero bufo es tener un personaje diseñado de acuerdo con las circunstancias. Nacidos en Huancayo, los hermanos John y Milton Camarena son, en el orden respectivo, la 'Gringa Torera' y la versión taurina y gimnástica del 'Chapulín'. Los efectos especiales en la 'Gringa' se limitan a dos globos como senos y dos más como nalgas; esos globos los usa la hija de John para jugar después del espectáculo. Lo demás es una peluca y zapatillas de fulbito. El disfraz del 'Chapulín' es ya conocido; él también lleva zapatillas de fulbito, pero pintadas de amarillo. Este 'Chapulín', por cierto, usa un pito de policía de tránsito.
De repente Marcial Ayaipoma no pase a la historia como el mejor presidente del Congreso de toda la historia del Perú republicano, pero sus amigos taurinos recordarán que algo hizo por ellos: la llamada Ley Taurina, presentada como proyecto en el 2001. No es sino hasta el Capítulo 1, Artículo 2, ítem H, en que se clasifica al toreo cómico como parte del espectáculo taurino. Un espectáculo paralelo, diría Víctor Manuel Sánchez, promotor del show que presentaron el pasado Día de la Madre los hermanos Camarena en una plaza de toros portátil en Carabayllo, camino a Canta. Sánchez, que se presenta a sí mismo como 'director técnico' del show y que a veces personifica a 'El Payasito Torero' (también anima fiestas infantiles con muñecos Disney, órgano y filmación, según su tarjeta de presentación), explica la diferencia básica y lógica, pero al mismo tiempo enorme entre el toreo común y el toreo cómico. "Nosotros no matamos, no es parte del show. Es un poco raro ver a un payasito matando a un toro clavándole una espada en el lomo, ¿no?".
John, o la 'Gringa Torera', fue torero alguna vez. Su perspectiva está enfocada en lo que ha visto y escuchado desde la arena misma. "No a todos les gusta ver cómo matan al toro, algunos pifian. Pero a todos les gusta reírse con lo que hacemos nosotros. Tenemos más público".
Según una encuesta de la Universidad de Lima publicada en el 2006, el 82% de limeños y chalacos desaprueba las corridas de toros. Pero siempre hay una fiesta patronal en la periferia de la capital con toros incluidos. Para estas fiestas se suelen contratar toreros bufos. Por eso la 'Gringa Torera' y el 'Chapulín' compiten con la 'Negra Mona Lisa', el 'Hombre Araña' (que no brinca encima de edificios sino encima de toros pequeños), 'El Borrachito' o 'El Paisano', etc.
El cliente escoge finalmente a quiénes quiere ver, porque con los toreros bufos la fiesta taurina sufre un feliz revés. Cuando un torero pone los pies en la arena, todos los que pagaron su entrada quieren ver cómo mata al toro sin que el toro lo alcance antes. Cuando un torero bufo pone las zapatillas de fulbito en la arena, todos quieren ver cómo le caen cornadas o la destreza con la que el cómico las esquiva. Como en la política, en la religión o en el deporte, el humor es la otra manera de ver las cosas.