Peso pluma: Palabra de campeón

Óscar Málaga. Escritor
El narrador y poeta cuenta cuando le dio la mano a Lolo Fernández en los años 50

Fui un deportista de sofá. Ahora lo soy de dormitorio, hace pocos meses decidí poner mi televisor frente a mi cama. Que yo recuerde solo he tenido un gran éxito deportivo: A principios de los años 50 del siglo pasado fui campeón mundial de bolitas.

En ese tiempo mi mundo tenía como fronteras la cuadra diez de la avenida Brasil, su aduana más vistosa y visitada era el cine Diamante, y una zona oscura llena de piratas huatatirus y perezpradinos: la avenida General Varela, que también tenía su cine, El Varela.

El campeonato, que fue a muerte, se disputó en los jardines de la calle Pedro Ruiz y una de las partidas, aquella en la que enfrenté al equipo que venía de la zona casi interplanetaria, Azcona, duró tres horas y varios despiadados minutos. No hubo medallas ni himnos nacionales, pero durante una larga noche de insomnio y ensueños fui deportivamente feliz.

Después de esa noche casi olímpica me retiré para siempre de los deportes conocidos y me dediqué a la tarea de vencer y salir ganador en deportes más secretos, con menos presencia mediática. Pero por el momento no hablaré de ellos, y tampoco de mis alentadores fracasos.

Sin embargo, sí hablaré de uno de los momentos más intensos de mi vida: el día que le di la mano a Lolo Fernández.

En los años que siguieron mi vida deportiva fue escasa, salvo uno que otro éxito que logré en ardorosos partidos de fútbol con tablita (no con pelota, sí con tablita), que jugué en mi infancia en los patios del colegio Salesiano de Lima.

Ese sí que era un deporte difícil, exigía una gran destreza con las piernas, reflejos rapidísimos y una mirada de águila para reconocer, entre las decenas de tablitas que se cruzaban en el campo de batalla futbolera, cuál era la que pertenecía a tu equipo. Y cuando sonaba la campana de fin de recreo, rápidamente recogías tu tablita y te la guardabas en el bolsillo.

En aquel encuentro le dije al gran Lolo palabras que jamás, nunca más, he vuelto a decir, "usted es mi ídolo" y él, pausado y sonriente, me preguntó si yo deseaba ser jugador de fútbol. Le dije que no, que no sabía qué quería ser. Después puso su mano sobre mi cabeza, yo tendría 7 años, y me dijo:

-Eso no importa, lo que interesa es que todo lo que hagas lo hagas con pasión.

Así es Lolo, por eso aquí estamos.

El secreto de la trapecista
Autor: ÓSCAR MÁLAGA
Editorial : ALFAGUARA