CUANDO LA POLÍTICA SE VICIA
"Menudo reto que enfrentamos para encontrar una vía legal que nos libre de este tribuno"
Por Fernando Vivas, Periodista
No nos equivocamos al pensar que jalando los hilos de Mantilla nos acercamos a la entraña donde se cuecen todos los vicios de la política: la intriga, el despotismo, la violencia paramilitar y la pura corrupción. Porque este hombre, luego de jugar peligrosamente al 'recontraespionaje' cuando llegó a ser ministro del Interior en el primer gobierno de Alan García (lean, por favor, el capítulo referido al 'Clan del Besito' en "Muerte en el Pentagonito" de Ricardo Uceda), recibió en su mano pelada dinero de Montesinos y fue condenado a prisión como delincuente común.
Así que no hay que andarse con medias tintas al aludir a este zamarro y no hay que creerle al avergonzado partido que lo expulsó, cuando dice que es un hombre libre e inofensivo cada vez que sale a pasear con cara de 'no me nieguen porque los puedo echar'. He oído con estupor el testimonio de una amiga periodista, Paola Ugaz, quien el lunes entrar al restaurante Fiesta, en Miraflores, a este singular grupete, acompañado por varios agentes de seguridad.
Los hermanos Agustín y Jorge Mantilla, Óscar López Meneses, otro zamarro que también ha purgado prisión por hacer negocios con Montesinos, el general del ejército en actividad Roberto Vértiz (ex jefe de Cologe, el Comando Logístico del Ejército, ente que realiza cuantiosas compras), un comandante de la misma rama y, ¡oh, sorpresa!, Javier Ríos Castillo, elegido ayer miembro del Tribunal Constitucional.
Como para no creerlo. Un miembro del TC almorzando con Mantilla y López Meneses horas antes de su elección. En realidad, al margen de su presencia en el almuerzo, ya es un escándalo mayúsculo que Ríos Castillo fuera candidato sabiéndose que cuando fue abogado de las universidades Ricardo Palma y San Martín de Porras, fue denunciado por maniobras ilegales e incluso, en un reportaje de Rosana Cueva en "La revista dominical" fue acusado de realizar prácticas de chuponeo.
Que el Congreso haya elegido como miembro del más alto órgano de justicia a alguien con tamaños antecedentes, es un escándalo político que pesará, en primer lugar, sobre su presidenta Mercedes Cabanillas. Tendrá que explicar, en primer lugar, por qué apuró una elección que, según se puede verificar en las previsiones periodísticas se esperaba para un día después. Y las bancadas fujimorista y aprista, incluyendo al primer ministro Jorge del Castillo que se dio el trabajo de ir a votar, también tendrán que explicar el porqué de su respaldo.
Lo más grave es que el cargo de tribuno, según leo en la Constitución, tiene el mismo perfil que el de congresista, o sea, es irrenunciable y goza de inmunidad. Menudo reto que enfrentamos para anular y replantear esta elección de tribunos que no ha sido fruto de la democracia sino de sus vicios mayúsculos. Demandemos una reacción inmediata y contundente de quienes, en el poder, saben que hay que cerrar el paso a los advenedizos.