Polémica y riesgosa es la ley por la que se concedería al Banco Agropecuario (Agrobanco) la facultad de conceder créditos directos a los campesinos, aun más cuando este fue el talón de Aquiles despilfarrador del primer gobierno aprista. Entonces, como se recordará, la medida no pudo mejorar la productividad del sector. Solo sirvió para fomentar el comercio informal en Arequipa y el contrabando en Puno; se creó un enorme forado en el fisco y se fomentó, con las condonaciones de las deudas, una nefasta cultura del no pago.
Es buena señal que el presidente García haya anunciado su intención de observar la ley para evitar, además, que Agrobanco reciba ahorros del público o que sus directores duren cinco años en el cargo. Agrobanco podría conceder préstamos en lugares donde la banca comercial no llega. Sin embargo, si bien el pequeño campesino requiere de apoyo crediticio, la agricultura demanda garantías válidas y firmes, y la institución de la cultura de la formalidad.
Esperemos que la nueva norma sea evaluada para que primen criterios eminentemente técnicos y no políticos. El jefe del Estado no querrá que la historia lo señale como el mandatario que tropezó dos veces con la misma piedra.