Hallazgo puede dar nuevas luces sobre entierros de chinos en Lima. Cuando realizaban tareas de recuperación en la Huaca Santa Cruz de San Isidro, ubicada en la cuadra 3 de Belén, arqueólogos descubren una momia que, según indicios, corresponde a un culí chino que habitó en el siglo XIX. El cuerpo, envuelto con tela, fue hallado a veinte centímetros de profundidad. Aún se desconoce su sexo y edad.
Los escombros sumergieron a la Huaca Santa Cruz, de San Isidro, en el olvido. Sepultaron los vestigios de su historia, erosionaron las huellas de sus obras y oscurecieron la dimensión de su grandeza. Finalmente, convencieron a quienes en el siglo XX construyeron vías y viviendas en la zona que la "ruina" no tiene valor.
Sin embargo, un grupo de arqueólogos empieza a ganarles la batalla, guiado por la política de puesta en valor de vestigios históricos que impulsa el Instituto Nacional de Cultura (INC). Desde hace cinco semanas rescata la memoria sanisidrina en un área de cuatro mil metros cuadrados. Ayudados por palas y carretillas, retiran escombros y malezas de los alrededores de la huaca, además de rescatar construcciones de barro deterioradas por el tiempo.
Uno de ellos riega la tierra donde antes se levantaba un tanque de agua construido por Sedapal. Después de dos años de gestiones realizadas por la Municipalidad de San Isidro, el atentado cultural en nombre del desarrollo solo es testimoniado por fotografías.
Sobre uno de los muros descubiertos, de dos metros de altura, Javier Chang limpia con su brocha el polvo que descansa sobre una momia de un metro sesenta centímetros de estatura. Envuelto con tela marrón, el pequeño cuerpo está amarrado con soguillas. Fue descubierta a escasos veinte centímetros de profundidad.
Los primeros indicios indican que se trata de un personaje del siglo XIX, aún sin datos sobre su sexo ni edad. "Posiblemente se trate de un culí chino que trabajaba en las haciendas de la zona", comenta el arqueólogo Camilo Dolorier, responsable de los trabajos de campo en la Huaca Santa Cruz.
ENTIERRO REPUBLICANO
¿Cuáles son las razones para señalar que esta momia no corresponde a la época prehispánica? Una de ellas es el patrón del entierro. El arqueólogo Dolorier señala que desde 200 hasta 600 d.C., etapa en la que floreció la cultura Lima, los cuerpos envueltos en tela se extendían, invariablemente, sobre una camilla de carrizos, a la que se amarraban con una soguilla antes de ser enterrados.
Añade que las cabezas se ubicaban con dirección al sur y los pies, al norte. Era costumbre que los cuerpos se complementaran con ofrendas de sus seres cercanos y vasijas de su pertenencia. Incluso, los personajes más modestos eran sepultados acompañados por una ollita.
Este patrón varía en la época Wari (600 al 900 d.C.) y abarca hasta el período Inca (siglo XV), en que se prefieren fardos funerarios con los cuerpos flexionados. "Allí eran colocados con sus respectivas ofrendas. Se modifican también algunas formas como las falsas cabezas, sin cabezas, figura más cuadrangular, y con estructura interna de caña que lo convierte en más cúbica", afirma Camilo Dolorier.
El entierro descubierto en la Huaca Santa Cruz fue extendido de manera sencilla, al estilo Lima, pero no lleva la camilla de cañas como soporte y la cabeza se dirige al norte. No es acompañado por ningún tipo de ofrenda y su tamaño es pequeño. Además, no se advierte el acondicionamiento preliminar para depositar el cuerpo, que en el caso de los entierros grupales de Lima era hasta un metro y medio.
Ya en la década del ochenta, la doctora Mercedes Cárdenas, respaldada por la Pontificia Universidad Católica del Perú, encontró un entierro similar. Al estudiarlo, llegó a la conclusión de que se trataba de un culí.
Extranjeros sin cementerios
Desde la época Preinca se crearon cementerios con el fin de enterrar los cuerpos en grupo a fin de preservar el sentido de colectividad. A inicios de la Colonia, los cadáveres se depositaban en las iglesias, pero muchos de éstos eran extraídos de noche por los nativos para llevarlos a sus lugares de culto.
En la época Republicana ya no se encontraron entierros en huacas de población local, sino más bien de grupos étnicos foráneos. Los primeros culíes chinos, quienes morían en las haciendas, eran enterrados en el lugar eriazo más próximo a éstas, y no en la iglesia cercana. Con el dominio de las áreas cultivadas, las huacas se convirtieron en el único espacio que consideraban sagrado.
Cuando concluyeron sus contratos, a mediados del siglo XIX, los culíes viajaron a las ciudades para empezar el proceso de aculturación e integrarse en la sociedad. Quienes prefirieron quedarse en el campo, donde adquirieron parcelas, fueron enterrados allí cuando fallecieron. En Pueblo Libre, entre las calles Río Moche y Río Huaura, se ubica la Huaca Panteón Chino, que ha sido delimitada por viviendas. Este cementerio del Horizonte Tardío fue preferido por los chinos.
"Es probable que el entierro en estas condiciones haya sido por una necesidad. Las poblaciones que trabajan en un sitio desconocido y fallecen antes de insertarse en la sociedad, son enterradas en los sitios disponibles que consideraban sagrado, o en los que por lo menos no serían vulnerados", comenta la arqueóloga Lyda Casas, directora del Museo de Huallamarca y del Proyecto de Recuperación de la Huaca Santa Cruz.
Hasta mediados del siglo pasado, razones como el crecimiento demográfico, la pobreza extrema y la pérdida de influencia de la religión Católica favorecieron que las poblaciones ya no buscaran cementerios o lugares sagrados, sino cualquier terreno eriazo abandonado. Allí nacieron los cementerios de los conos de Lima.
RECUPERACIÓN DE ZONAS ARQUEOLÓGICAS
La arqueóloga Lyda Casas enfatiza que los trabajos que realizan en Santa Cruz no están orientados a ubicar entierros sino a recuperar la zona arqueológica. "Nuestros objetivos son integrar esta zona arqueológica a la trama urbana de San Isidro e integrarla a un circuito turístico mayor. Luego de esta primera etapa, que es financiada por la Municipalidad de San Isidro, investigaremos los hallazgos de manera puntual".
El proceso de limpieza, que culminará en un mes, se concentra en las zonas norte y este de la huaca. "Retiramos el material que colapsó con el recorte y el acondicionamiento urbano de los años 40. Lamentablemente, en Santa Cruz sólo se dejaron las estructuras más relevantes", comenta Casas.
Luego del retiro de los escombros y malezas, se expondrán las construcciones restauradas. "Los muros externos se habían destruido y daban la idea de ruina. Por eso era valorada. Cuando se vean limpios y muy bien cuidados, con cuadros explicativos, la población la sentirá suya", afirma Camilo Dolorier.
La siguiente etapa, de lograrse el financiamiento, será de investigación. El propósito es rescatar contextos funerarios y mayores evidencias de arquitectura, así como ampliar el área de exposición. Igualmente, se evalúa construir un pequeño museo o un parador turístico, de acuerdo a los lineamientos que establece el Instituto Nacional de Cultura. De esta manera, se integrará el pasado con el presente para proyectarlo al futuro.
Jesús Raymundo