Por Élida Román
Dueño de un vigor, una versatilidad, una constante osadía y un apetito por el riesgo que parece retroalimentarse y crecer al paso del tiempo, Frederic Amat es una de las más interesantes y sólidas presencias del arte contemporáneo español. Resulta incomprensible, entonces, la indiferencia de los medios ante su presencia en Lima, con ocasión de la presentación de bocetos y dibujos que sirvieron para su trabajo de colaboración con José M. Sánchez Verdu, para la puesta en escena de su ópera "El viaje a Simorgh", estrenada en Madrid el pasado mayo. Algunas secuencias de este extraordinario espectáculo pueden verse en un video que acompaña la exposición en el Centro Cultural de España. Adelanto que no hace sino instigar nuestra curiosidad y deseo por ver la obra en su totalidad, dada la complejidad y riqueza simbólica que se intuye de esta breve presentación. Basada en un texto sufi del siglo XII, y también en la novela de Juan Goytisolo, "Las virtudes del pájaro solitario", la ópera propone una narrativa alejada de lo lineal, habitada por fuerte misticismo y desgarrado grito por la intolerancia, y desarrolla un verdadero recorrido iniciático no por los viajes materiales sino por los que se llevan por el espacio íntimo, interior, atemporales y totalizadores. Y así lo detalla su autor. Pero esta calidad especial, la del traslado por territorios nuevos, despojado el viajero de sus anclajes y estorbos, solo atento al recorrido y al descubrimiento, abierto y expectante, ambicioso solo de ejercicio sensible y peripecias distintas, es precisamente lo que ha caracterizado la trayectoria misma de Amat.
Pintor, grabador, escenógrafo, ilustrador, ceramista, experimentador y conceptualista, ha visto y vivido Europa, África, América y Asia. Y de estas residencias, transitorias y a la vez profundamente vividas, ha ido alimentando los rasgos de una expresión que se ha valido de los más diversos materiales como instrumento o proceso. En sus palabras: "...¿Cómo entender la creación artística sin osadía?, creo yo..."
Estos dibujos, que parecen cuadernos de bitácora de ese proceso creativo, mantienen la constante de lo vertiginoso, inquieto y circular. Que es el sentido mismo del material poético y místico que ha originado la obra. Otra vez nos aclara: "no es la representación de un sueño sino la escenificación, regida por la música, de una visión centrífuga de la memoria y la contaminación..." y sigue "...El viaje es renovación. El viaje invita a salirse de uno mismo y observar, fuera de nosotros, desnudos de nuestro entorno inmediato, sobrepasando los límites, suspendiendo cualquier orden codificado. El viaje, en fin, como posibilidad de conocimiento y reconocimiento..." Artista, también, con la palabra. Las obras de esta muestra permiten encontrar el trazo expresionista y automático, la mancha aprovechada, la grafía extendida y comprimida por la misma tensión administrada y resuelta. Ese contraste tan poderoso de blanco y negro, que trasmite violencia y explosión tanática, al mismo tiempo que intensidad de éxtasis.
Un artista y una obra a conocer.