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La muerte detrás del amor

EL POLÉMICO Y LÚCIDO PERIODISTA ARGENTINO VISITA LA FERIA DEL LIBRO RICARDO PALMA SU NOVELA "MUERTOS DE AMOR" RELATA LA HISTORIA DE UN ABORTADO SUEÑO REVOLUCIONARIO

Por Enrique Planas

No se equivoque. "Muertos de amor" no es el título de una melosa novela rosa. Un periodista como el argentino Jorge Lanata jamás se vería implicado en tal trance. En su más reciente novela, el amor tiene un sentido más trágico, instalado en los corazones de quienes integraron el Ejército Guerrillero del Pueblo, quienes allá por 1963, liderados por el periodista Jorge Ricardo Masetti, quisieron seguir los pasos del Che y de Fidel Castro, internándose no en la Sierra Maestra, sino en la durísima selva de los Yungas, en el norte argentino.

Una aventura donde no hay lugar para romanticismo y sí mucho de crítica a los nobles ideales revolucionarios que justificaban los más terribles crímenes. Una fracasada aventura guerrillera que, como investiga, relata y analiza Lanata, fue una verdadera y letal locura por amor a una revolución. "De alguna manera, ellos murieron de amor; a veces, el amor también te mata --explica el celebrado periodista argentino--. "Creo que el libro es una reflexión sobre si se puede o no disponer de la vida ajena y en nombre de qué. Cuestiona algunos mitos fundacionales de la generación del 70, como 'El hombre nuevo' (propuesto por el Che Guevara), la supuesta moral socialista, o el concepto del 'foquismo' (la teoría revolucionaria inspirada por Guevara), que luego fue bastante siniestro".

El amor no solo mata, también enceguece. En la novela, demuestras cómo el amor por un ideal puede llevar a los guerrilleros a matarse entre ellos...
A mí me contaron esta historia hace como 20 años, y siempre pensaba escribirla en algún momento. Y fue azaroso el momento de hacerlo. Encontré en Internet que uno de los protagonistas del Ejército Guerrillero del Pueblo salió a hablar en una revista literaria en Córdoba. Yo viajé allá a verlo. La primera vez que me contaron la historia de la guerrilla liderada por Masetti, que terminó matando a dos de sus propios hombres, supe que era una historia muy atractiva por su fuerza metafórica. Era un "Esperando a Godot" en medio de la selva. Pero a la vez pensé que esos tipos estaban locos. Cuando fui al lugar, a la selva de los Yungas, me convencí de eso. Se extiende entre Salta, al norte de Argentina y Bolivia. Conseguí un helicóptero de la gendarmería para que me llevara, pues caminando hubiera tomado semanas. Allí te das una idea del tamaño de la empresa que estos tipos querían hacer. ¡Es increíble, no hay nada a 120 kilómetros alrededor! Allí había 20 tipos dispuestos a empezar una revolución y no lo crees.

¿Cómo así te interesó escribir esta historia de guerrilleros?
Escribo la novela desde el final para adelante. Lo que me llevó a escribir la novela fue la historia de los guerrilleros fusilados. Y creo que los fusilaron por débiles. Ellos ni siquiera querían escapar. Fue como un fusilamiento 'preventivo' para que no escaparan, una locura. Eso te lleva a preguntarte qué hubieran hecho con las personas más débiles si hubieran ganado su revolución.

Son muchos los excesos justificados por una superior moral socialista. ¿Es que en ese tiempo no había voces que desenmascararan la idea romántica del guerrillero?
Quizá las hubo, lo que pasa es que no tuvieron la fuerza suficiente. Creo que es un error adjudicar todo a la cultura de la época. Haciendo entrevistas, me he encontrado con un ex comandante montonero que me hablaba de Woodstock. ¿Y que tiene que ver Woodstock con matar a un compañero? La guerrilla era parte de la cultura de la época, pero Mayo del 68 también formó parte de esa cultura y allí no mataron a nadie.

¿De dónde crees que sale la propuesta del Che sobre 'El hombre nuevo'?
Lo de 'El Hombre nuevo' es una idea bíblica. Creo que tiene que ver con que la madre de Guevara era muy católica. Como pensamiento, 'El hombre nuevo' es muy soberbio. Ya de por sí es difícil intentar cambiar la sociedad, imagínate cambiar la especie.

Otro tema que acompaña la violencia de los guerrilleros es su idea sobre la masculinidad.
Claro, completamente machista. Condenaban a muerte la homosexualidad al interior del grupo. Sin duda eran autoritarios, usaban grado militar, tenían comportamientos y un concepto de la lucha totalmente militar. Pero es importante ver cómo de esa época hasta hoy hay una cosa que antes no era un valor y hoy sí lo es: la democracia. En general, para la izquierda dogmática la democracia nunca fue un valor, algo comprensible porque ellos buscaban la dictadura del proletariado. La democracia era para ellos un prejuicio burgués, en el mejor de los casos, una estación camino al socialismo. Hoy ya no se tiene ese concepto. En Argentina, todo el tema de la guerrilla de los años 60 está sin discutir hasta al día de hoy. No se escribe de eso. Y me parece que está bien que nosotros podamos hablarlo, porque hasta hoy solo hay historias de buenos y malos, y no hay personas. Hay un debate pendiente sobre la época y no es casualidad que el debate se dé en un momento en que los gobiernos en América Latina son gobiernos setentistas. Finalmente, es la generación de los guerrilleros la que llegó al poder. Si este libro tiene un valor, es relatar la vida de personas que son capaces de matarse entre sí, pero a la vez también capaces de amar.

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