Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

Análisis

La inmunidad de Latinoamérica ante el islamismo

Por Luis Jaime Cisneros Hamann. Periodista

El asesinato de la ex primera ministra pakistaní Benazir Bhutto marca el punto más alto de la ofensiva terrorista contra uno de los principales aliados de Estados Unidos en Asia durante el 2007. El magnicidio puso en evidencia la inestabilidad política sobre la que se debate Pakistán, bajo el implacable acoso de grupos radicales islamistas ligados a la red internacional Al Qaeda. Los talibanes tampoco han sido ajenos a esta presión: el movimiento fundamentalista afgano tiene fundadas razones para pasarle la factura al actual régimen del general Pervez Musharraf, quien les dio la espalda a fines del 2001. Hasta entonces los talibanes gozaban de buena salud en Afganistán, donde tenían el poder. Pakistán era además uno de los escasos países con los que tenían relaciones diplomáticas y donde sus líderes podían moverse como pez en el agua. Los vientos cambiarían a partir del 11 de setiembre del 2001, luego de que Estados Unidos acusó al régimen talibán de proteger a Osama Bin Laden, y los estadounidenses iniciaran la guerra contra el terrorismo internacional invadiendo y ocupando Afganistán desde octubre del 2001.

La muerte de Bhutto cerró un año terrible plagado de atentados para una región tan inestable y temeraria como una combi limeña, convertida para el mundo occidental en epicentro geopolítico de las crisis más graves del último sexenio teniendo como escenario Afganistán, Pakistán, Iraq y, por cierto, Irán, con la controversia sobre el supuesto uso pacífico de la energía nuclear por parte del régimen islámico y teocrático de Teherán.

La acción terrorista que recorrió el mundo el 2007 puso en estado de alerta y bajo los reflectores a casi todos los rincones del planeta, con una solitaria y no menos llamativa excepción: América Latina. En efecto, esta región escapó hasta el momento de escribir estas líneas de ser escenario del accionar sangriento de grupos islamistas que golpearon sin prisa y sin pausa a países de África, Asia, Oceanía, Europa y América del Norte.

Ningún atentado o amenaza que haya sido pública, proveniente de esa matriz político-religiosa, se registró en los países latinoamericanos en la última década. Ninguna, salvo los atentados en Buenos Aires, en 1994, contra la Embajada de Israel y la Asociación Mutualista Israelita Argentina. Esos ataques, que dejaron más de medio centenar de muertes y que siguen teniendo como principal sospechoso a Irán, son la única ocasión en que el terrorismo internacional hizo sentir su peso en la región. E incluso sus motivaciones no entran en la misma categoría que utilizan los islamistas.

La relativa inmunidad que ha demostrado tener América Latina frente a la amenaza terrorista de corte político-religioso puede deberse al hecho de que no existen intereses significativos de países musulmanes y de Estados Unidos en la zona. Pero también puede gravitar el hecho de que se trata de la región del mundo con mayor población de confesión católica, un factor que podría incidir en esta inmunidad.

El papel que juega la religión, y en especial el catolicismo, en la política quedó notoriamente demostrado con el protagonismo que jugó en la caída del comunismo el papa Juan Pablo II. No parece gratuito tampoco el aporte de referentes del cristianismo en sus versiones populares, como la teología de la liberación o los evangelistas, como muro de contención a los movimientos que pregonaron la violencia.

Ni siquiera la intervención de algunos países latinoamericanos en la guerra internacional contra el terrorismo derivó en represalias hacia estos países. Las versiones de prensa alimentadas por fuentes estadounidenses sobre la presencia de células islamistas en la triple frontera en Paraguay resultaron rumores que fueron desestimados.

En América Latina se especuló que Colombia, Paraguay, Perú y Chile podían ser uno de los nichos de refugio de terroristas fundamentalistas para organizar ataques contra Estados Unidos. En el caso peruano las miradas de las autoridades se dirigieron en algún momento hacia la comunidad pakistaní asentada en Tacna, sin que se haya descubierto o probado una relación impropia.

La excepción latinoamericana podría tener una prueba de fuego con ocasión de la cumbre de la Unión Europea y América Latina, que se celebrará en mayo del 2008 en Lima, y con la cumbre del Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC), que reunirá en noviembre en la capital peruana, entre otros, al presidente estadounidense, George Walker Bush, y a los gobernantes de China, Rusia y Japón. El hermetismo de las autoridades peruanas sobre los barriles de cianuro hallados en dos centros comerciales de Lima abrió una serie de interrogantes pendientes aun de pública respuesta.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google