No entendemos por qué se habla menos de José Carlos Somoza que de otros novelistas españoles actuales (digamos, Marías, Cercas, de Prada, Muñoz Molina, Pérez Reverte, qué sé yo), si es autor de una docena de novelas (publicadas en sucesión apabullante, año tras año, desde 1996) de trama perfecta en casi todos los casos. Obras que reelaboran con originalidad y hondura psicológica, además de con riqueza de alusiones culturales que no estorban la fluidez de la acción narrativa (es decir, lo que no consiguen Joyce ni Borges, a quienes Somoza admira), la novela erótica y la música ("Silencio de Blanca", 1986), la cinefilia ("La ventana pintada", 1998), el género epistolar ("Cartas de un asesino insignificante", 1999), la ficción novelesca ("Dafne desvanecida", 2000), el relato policial y el diálogo platónico y la tragedia griega y la metaliteratura ("La caverna de las ideas", 2000), las artes plásticas ("Clara y la penumbra", 2001), el poema de Dante en el Infierno y el poder mágico de la palabra poética ("La dama número trece"), el Purgatorio y la fascinación tenebrosa de la narración ("La caja de marfil", 2004) y el Paraíso y el lado peligroso del conocimiento científico, en particular la teoría física de las supercuerdas ("Zigzag", 2006).
Y, ahora, en "La llave del abismo" tenemos, de un lado, el relato de horror entremezclado a la ciencia-ficción conforme Lovecraft, de manera tal que sus catorce capítulos tienden conexiones con 'mitos' de Lovecraft. Y, de otro lado en un nivel más inquietante y hondo, la idea de que exista una Biblia, es decir unas Sagradas Escrituras; para postular corrosivamente su origen humano y su validez ligada a la sugestión generada por la fe. Si Borges imaginó a Tlön como un planeta opuesto al criterio 'realista' de la Tierra; Somoza nos entrega una Tierra futura donde la divinidad de la Biblia judeo-cristiana ha cedido el sitio a la fantasía de Lovecraft.
Pero hay algo más: hay huellas del 'thriller' (asesinato en serie, miedo-suspenso-violencia que tiene en vilo al lector) en la mayoría de las novelas de Somoza, marcadamente en "Clara y la penumbra", "La dama número trece" y "Zigzag"; pero recién en esta novela irrumpe totalmente, con una violencia digna del mejor Stephen King y del cine de Tarantino y los maestros en danzas-peleas chinas. En entrevistas, Somoza ha confesado que nunca había disfrutado imprimiendo tanta acción a una novela suya.
Y lo ha hecho tan bien que ha ganado el Premio Ciudad de Torrevieja, lauro que suma a los numerosos que ha recibido: Fernando Lara, Nadal, Gold Dagger a la mejor novela de suspenso, Hammett a la mejor novela policíaca , etcétera.
ARGUMENTO
En el futuro, previendo la caída del Color (una "materia extraña" que, al chocar contra la Tierra, produciría una radiación que haría imposible la vida en la superficie del globo) los científicos construyeron en las aguas profundas del mar la Llave del Abismo, donde almacenaron millones de células que aseguraran la perduración de plantas, animales y, sobre todo, la especie humana. Cientos de miles, acaso millones, de años después ocurre la acción de la novela: una expedición zarpa de Alemania a Japón, de ahí a Nueva Zelanda y, finalmente, al océano del Abismo en busca de dicha Llave, siguiendo las indicaciones de un creyente en la Biblia del Amor y el Arte, la cual ha reemplazado a la Biblia que existió antes del Color.