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Entrevista UGO DE CENSI

"Quería ser un cura campesino y he terminado como un industrial"

El párroco de Chacas ya es "oficialmente peruano" y su labor no solo está llena de humildad, sino de una gran lección vital

Por Francisco Tumi Guzmán

"Yo no escribo libros ni doy entrevistas", insiste el entrañable párroco de Chacas (Áncash), quien es también, desde 1976, el inspirado y laborioso propulsor del trabajo educativo-pastoral que la Organización Matto Grosso de Italia desarrolla en las ancashinas alturas de Huari. "Mi trabajo es escuchar. Los chicos me piden hablar de sus problemas. Yo hablo con ellos, los escucho", explica con sencillez. "Mi trabajo es escuchar, pero ahora soy sordo, así que me hago repetir fuerte las preguntas...". A sus 84 años, Ugo de Censi puede sentirse más que satisfecho: mediante la educación, ha cambiado la vida de cientos de niños y jóvenes que hoy, como parte de los Artesanos Don Bosco, fabrican y exportan muebles a diversas partes del mundo. Sin embargo, con asombrosa humildad y lucidez, cuestiona su propia obra y continúa buscando lo esencial dentro y fuera de él. El viernes último, el Gobierno Peruano le otorgó, mediante ley especial, la nacionalidad peruana.

¿Cuántos chicos de los Andes se han formado en sus escuelas?
Calcula que salen más o menos 100 chicos por cada promoción, de modo que en 20 años debemos de haber tenido unos 2.000. Nuestras escuelas siguen siendo chiquitas, con poca gente, para que podamos dar una buena formación. Los niños estudian 5 años y al final salen con la calificación profesional de talladores de madera.

La cooperativa de los exalumnos es ahora un emporio industrial.
Comenzamos con un grupo de 25 chicos pobres en Chacas. Ahora Artesanos Don Bosco se ha extendido a otras provincias como Fitzcarrald, Luzuriaga, Raimondi, Huaraz, Huánuco y Cuzco, y la cooperativa tiene setecientos noventa y tantos miembros, todos ellos ex alumnos nuestros. Lo fundamental es que ellos sean trabajadores libres, que conozcan bien su arte y que pongan su precio. Nosotros nos preocupamos de vender y toda la ganancia se la devolvemos a ellos y a los pobres.

¿Siguen creciendo como empresa?
Sí. Por mala suerte, seguimos creciendo.

Es paradójico que diga eso, pues su obra les ha cambiado la vida a miles de peruanos. Es que yo nunca había pensado ser un industrial. Ahora siento que he construido cosas como un industrial, y me pregunto todos los días cómo hago con eso, pues el problema es cómo puedo vivir, cómo se pueden mantener algunas cosas sencillas cuando uno se vuelve grande. Es decir, cómo uno puede volverse chico cuando ya se ha vuelto grande.

Esperaba encontrar todo, menos un cuestionamiento de su propio trabajo.
Vivo estas dificultades. Yo he ayudado a que un grupo de personas progrese, pero al hacerlo me he vuelto un industrial. Y no era esto lo que deseaba. Yo no quería volverme industrial. Yo quería ser campesino, tener un desarrollo más humano, más sencillo, donde el ambiente fuera todavía natural, sincero, humilde, en el que la gente se viera y se hablara cara a cara. Pero veo que el progreso quita eso.

Pero el progreso ofrece otras cosas a cambio, que son un tesoro en un país tan pobre como el Perú.
La obra que hacemos busca que el chico se dé cuenta de que él es dueño de su vida, de que no debe ser esclavo de nadie. Queremos que sean libres trabajadores. Yo les digo: 'Tú debes hacer tu vida, construir tu vida. Yo te he ayudado, pero tú debes andar con tus piernas, ser un artista; tú verás cómo encuentras tu camino'. Pero estamos perdiendo a Dios. Hay que ser cristianos más con la vida que con las palabras. ¿Cómo? Primero, recuperando el silencio. Segundo, con el trabajo manual; no tanto computer, no tanto carro; necesitamos trabajo manual, sudar. Tercero, el arte. Si quieres no hablemos de Dios, pero si tú haces silencio, si trabajas la tierra y trabajas todo con arte, es decir, si creas cosas lindas, entonces

¿Por qué no le gusta el progreso?
No me gusta el carro, quisiera siempre andar a pie. Pero a la gente le gusta el progreso, entonces yo debo ayudarla, pues mi idea no es hacer solo lo que yo quiero. Yo debo ayudar a la gente que lo necesita.

Es natural que una sociedad quiera mejorar. ¿Desde que llegó acá hace 30 años, el Perú ha mejorado o ha empeorado?
Pregunta difícil, pues en lo económico es posible que haya mejorado, pero en lo espiritual, en lo humano, ¿cómo puedo juzgar? No me resulta fácil. Solo puedo juzgar el lugar donde vivo, a los chicos con los que vivo.

¿Qué ha pasado con los chicos con los que vive?
Cuando llegué a Chacas, todos los chicos usaban llanques, pantalones de lana, sombrero, poncho. Ahora no encuentras, ni aunque pagues mil dólares, a un chico que tenga un sombrero, a un chico que tenga un poncho; apenas encuentras por allí a unos cuántos que usan llanques. Con las chicas ha pasado lo mismo. Hace 30 años, todas, todas sin excepción se vestían con polleras, con falda. Ahora vas a buscar a una chica con falda y no la encuentras. Y si ella tiene una falda, seguro debajo tiene pantalones.

Pero eso no tiene que ser malo. El cambio es inevitable de una generación a otra.
Voy a ser brutal: el progreso es un error porque hace correr demasiado, te obliga a correr, no te deja andar despacio, te empuja continuamente. Claro, trae cosas buenas también, pero... Te digo como me dicen otros curas: "No, Ugo, al progreso hay que chaparlo de una forma justa, aprovechando lo bueno". Pero si uno no tiene una idea sencilla del hombre, de la vida, seguro que va detrás de todo. Correr no es bueno.

¿No cree que lo que usted ha hecho por esas comunidades ha representado un desarrollo importantísimo?
Sí, claro, pero lo esencial era mi deseo de amar a la gente; lo he hecho por la gente. Sin embargo, no voy a juzgar a quienes buscan el progreso. Sí me gustaría pedirles que pusieran atención en que el progreso lleva dentro la soberbia del hombre. El hombre que descubre una mina nunca dice: 'Ahí la ha puesto Dios'. Si descubre el acero, nunca dice: 'El acero lo ha hecho Dios'. Si descubre el ADN, nunca dice: 'Esto lo ha puesto Dios'. Siempre nomás el hombre. No hay ningún inventor que diga: 'Yo he encontrado lo que ya había puesto alguien'. Todos dicen: 'Yo he inventado', 'yo he encontrado'.

Pero esto no es de los últimos 30 años. Viene de mucho antes.
Desde los años 1400 los seres humanos hemos puesto la ciencia y la técnica aparte de la religión, y hemos pensado que así estamos bien. Y no es así. No existe un equilibrio en el hombre. El hombre de hoy no medita, no tiene tiempo para pensar. La carrera por las cosas le impide meditar. Y si tú no meditas ni reflexionas, ¿hacia dónde estás andando? Si no te paras a meditar, no sabes si lo que haces es bueno o malo. Por lo menos hay que plantearse la pregunta: "¿Hago bien en poner la televisión en la casa?". Hay que pararse a hacerse preguntas.

Unos 5 mil peruanos deben de preguntarse cómo serían sus vidas si usted no hubiera sembrado esas escuelas donde se les dio herramientas para trabajar y vivir.
Lo que cuenta no es el hecho de tener herramientas, sino lo que han aprendido. Si teniendo herramientas y trabajando bien han conservado o han aprendido a ser más hombres, más respetuosos, más buenos, entonces valió la pena. Uno puede trabajar y tener más dinero. Pero si a la hora de tener más dinero, se vuelve más avariento, pues Yo no destruyo. No es que vaya diciendo: 'No hago el progreso'. Lo he hecho, soy un industrial, pero al mismo tiempo me digo: 'No es esto lo que buscaba, si es que con esto te he hecho olvidar a Dios'.

El querer ser un campesino y terminar convertido en un industrial parece el gran tema de su vida.
Es que yo quería vivir pobre, me gustaba ir a pie, dormir en la casa de los campesinos. Conmovido por su vida, pensé que había que ayudarlos, lo que significaba darles un trabajo, impedir que se fueran a la costa, a la ciudad. Ese era para mí el ideal: mantenerlos en la sierra y darles trabajo. Sin duda el ideal era muy bueno. ¿Pero qué pasa? Que los chicos, una vez que trabajan, deben ser pagados y también desean tener dinero. Entonces yo me digo: 'Yo mismo les he enseñado a desear dinero, pues les he enseñado un trabajo. Y si no les he ensañado a desear crecer, a regalar un poco de lo que tienen cuando tengan, entonces no los he educado'.

¿Regalan sus chicos lo que tienen?
Vengo ahora de Chincha, en donde estamos construyendo 22 casas para 22 familias pobres que fueron afectadas por el terremoto. Tenemos 22 parroquias en 22 lugares muy pobres del Perú. Pero la gente, los chicos de cada una de esas parroquias han reunido 10 mil dólares en su propia comunidad para construir y regalarle una casa a una familia de Chincha. Ellos mismos han viajado a Chincha para edificar esas casas con sus manos.

Entonces su trabajo sí ha fructificado.
Hay que enseñarles a las personas a crecer, pero sin olvidarse de lo que está abajo. El hombre se vuelve grande si usa una mano para crecer y la otra para agarrar lo que está más abajo. Todos hablan del pez: que no hay que darle un pez al pobre, sino que hay que enseñarle a pescar. Estoy de acuerdo. Pero cuando has ganado el pez, cuando lo has pescado, hay que darle la mitad al que no tiene.

¿Qué es lo que menos le gusta del Perú?
El desorden, la falta de limpieza. Tampoco me gusta la cobardía de los que deben tomar para poder decir la verdad. El trago es su única posibilidad de decir cara a cara las cosas sencillas.

¿Percibe mucha falta de sinceridad entre los peruanos?
La veía en los chicos de la sierra, que son tímidos, que tienen un complejo de inferioridad. Es por esto que no son sinceros. Son como tímidos y necesitan tomar para decir las cosas. Pero se aprende a decir la verdad. Cuando se vive con otras personas que dicen la verdad, se aprende. Todos somos imitadores, como monos.

Los peruanos han comenzado a preguntarse si la autoestima nacional está mejorando. ¿Usted qué cree?
Estudiar aumenta la autoestima, pero quizás nos confundimos y eso es solo ser un poco más sobrados. Esto lo han aprendido de la televisión, de los demás. Los jóvenes son ahora más atrevidos, más sueltos, más libres, pero esto es también como una imitación, no sé si de verdad lo sienten.

¿Son trabajadores los peruanos que usted conoce?
Sí, mis chicos son trabajadores, trabajan la chacra. El ritmo de trabajo que tenía el campesino se derivaba de la agronaturaleza. Trabajaba cuando era necesario para sembrar las papas, para cosechar. Seguía el ritmo de la naturaleza. Si a este campesino lo pones en una construcción, seguro que al empezar no va a entender, no va a ser veloz, entonces los demás van a decir: 'No trabaja bien'. Pero, en realidad, lo que necesita es adaptarse al nuevo ambiente.

¿Qué es lo que más le gusta del Perú?
La naturaleza, las montañas, los ríos. Toda la naturaleza. También el desierto. También me gusta la sencillez, la persona humilde, que no se hincha. Me fastidian las personas que se visten con superficialidad y banalidad. Yo no puedo mirar las montañas sin mirar a los campesinos que están al pie. Viven allí, tienen sus ovejas, sus vacas. Hay que respetarlos y ayudarlos.

"Esos chicos son mis hijos, no son cualquiera"
Usted decía en broma hace un momento: "Yo ya soy peruano; solamente me falta el papel".
Sí, soy peruano de corazón. Me gusta ser peruano. Estoy contento de serlo oficialmente. Si pudiera ser también un campesino, vivir en la naturaleza, en eso que llaman el Perú profundo: la montaña, la gente sencilla que habla con los burros, el silencio, los grillos...

¿Solicitó usted la nacionalidad peruana?
No. Es un regalo que yo he deseado desde muy temprano. Creo que después de 5 o 6 años de estar acá, empezaron a darme diplomas, pero yo decía que el mejor regalo que podían darme es que me hicieran chacasino, o que me hicieran peruano. Esto finalmente llegó a las orejas de mis queridos peruanos que han dicho: 'Este es el regalo que vamos a darle al padre Ugo: que sea peruano'. Lo dijo en público el anterior presidente, pero después no hizo nada.

Fue una víctima de una promesa política.
No. Es que hay una ley que dice que yo no puedo ser peruano sin renunciar a la nacionalidad italiana. Y yo no podía renunciar a eso, porque no es una verdad: yo soy italiano y no puedo renunciar, y al mismo tiempo quiero ser peruano porque amo el Perú. Pero, como le digo, no era posible.

¿Y cómo han hecho ahora?
Han dado una ley especial. Ahora no solo me siento peruano, sino que ya soy oficialmente peruano. Lo que me va a distinguir será tener el pasaporte peruano. Lo que dijo el presidente me ha conmovido.

¿Lo llamó el Presidente de la República?
No. Estábamos hace poco en Palacio, delante de todos, con mis chicos, y el presidente hizo el anuncio. Desde ese momento ya es como que hubiera recibido el título de peruano; ya después no me importaba tanto si no me daban el documento. Ahora lo tengo, pero miro más la sustancia que la formalidad. ¿Y sabes por qué me sentía peruano desde antes? Porque tengo hijos acá. Esos chicos son mis hijos, no son personas cualquiera. Ellos me quieren como a un papá y yo los quiero como a hijos. Es como cuando te has casado con una mujer peruana y tienes chicos peruanos.

LA FICHA
Nombre: Ugo de Censi.
Nacimiento: Polaggia, norte de Italia, 26 de enero de 1924.
Trayectoria: Se ordenó sacerdote salesiano en 1952. Trabajó con los internos de un centro de reclusión juvenil en Italia. En 1976 fue comisionado párroco en Chacas (Perú), allí sembró lo que hoy es el emporio industrial de muebles de exportación Artesanos Don Bosco.

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