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SOÑANDO FÚTBOL. HAY QUE PRODUCIR PARA CRECER. ARGENTINA TIENE MÁS DE MIL FUTBOLISTAS JUGANDO FUERA

La industria de hacer cracks

Un maestro en las inferiores es el primer gran paso para autoabastecerse

Por Jorge Barraza. Periodista

Un pormenorizado informe de la agencia estatal Télam consigna que al 31 de diciembre último, 1.043 futbolistas argentinos actuaban en más de 100 países del mundo. No obstante, se cree que pueden ser decenas más, ya que hay montañas de nombres ignotos cuyo paradero solo lo conoce su familia; muchachos que actúan en Malta, Andorra, Belice, Bangladesh, en la Segunda de Austria o en otros destinos más insospechados. Y no se cuenta la bandada de juveniles de 16, 15 y hasta 12 años que se van atraídos por clubes europeos y radican en el Viejo Mundo con su familia en busca de un horizonte luminoso.

Aquella cifra inicial se ha disparado seguramente en la primera quincena del nuevo año. En estos inaugurales días de enero, la AFA registró una lluvia de pases al exterior. Las transferencias van desde 26 millones de dólares (como el caso de Ever Banega, que salió de Boca Juniors para el Valencia), hasta modestos préstamos de 50.000, o bien jugadores libres que buscan un nuevo equipo y lo consiguen sin demasiados inconvenientes merced a un rótulo que los ayuda: el de argentinos. Esto, en el mercado mundial, significa: buena técnica, disciplina, fácil adaptación, entusiasmo, deseos de ganar, gol.

Por supuesto, hay de todo: algún crack (Messi, Tevez, Agüero, Trezeguet), muy buenos (Demichelis, Mascherano, Cruz, Lisandro López en el Porto, los hermanos Milito, Cavenaghi), buenos (de estos hay abundancia), rendidores y hasta simples obreros del fútbol.

ESPAÑA LIDERA
España va a la cabeza de los importadores con 173 argentinos distribuidos en varias categorías; le sigue Italia con 167 y luego hay mercados muy apetecibles como Chile (69), México (61), Grecia (56), Alemania (17), otros increíbles tales los de Indonesia (22), Chipre (12) y algunos exóticos tipo Letonia, Vietnam o Islas Maldivas.

El guarismo más aproximado andará por los 1.200 futbolistas exportados --un récord-- que equivale a unos 110 equipos completos. Con ellos podrían formarse aproximadamente 7 ligas de 16 clubes. Pese a semejante sangría, el fútbol argentino continúa funcionando. Y sus instituciones buscan por los medios más imaginativos reemplazar a los que se van y mantenerse competitivas.

Trescientos cincuenta jugadores debutaron en Primera División en el 2007. Es el promedio anual. Para ello, es indispensable producir futbolistas en copiosas cantidades. Manuel Pellegrini, el competente entrenador chileno del Villarreal, sostiene a menudo que en la Argentina "uno levanta una baldosa y sale un crack". Lindo piropo, pero no es tan así; es menos romántico el tema. Hay una auténtica industria que los moldea más de lo que se piensa, los pule, les enseña con insistente rigor. Y cada vez cuesta más formarlos, por dos motivos: 1) se van en mayor número; y cada vez más jóvenes; 2) con frecuencia, sin terminar de hornearse.

LO MÁS RENTABLE
El fútbol es la actividad económica más rentable del país y encabeza las exportaciones no tradicionales. A los centenares de millones de dólares que ingresa cada año por transferencias debe sumarse que los profesionales retornan sus ingresos a través de inversiones o en ayuda para sus familias. El fútbol es una tabla de salvación para miles. Y el que muestra condiciones sabe que puede ser el sostén de su gente, quien le dé un futuro mejor. Por eso necesita mentalizarse. Hay que ir, luchar y vencer. Solo así llega el dinero grande. No obstante, en el fondo, el futbolista argentino conserva cierto espíritu amateur: quiere ganar siempre; en la nieve de Finlandia, en el desierto de Qatar, en la meseta mexicana o en la bruma londinense.

¿Y EN EL PERÚ?
Nos preguntamos por qué el Perú, que alumbraba virtuosos futbolistas, y en buenas cantidades, no puede volver a sembrar.

No existe ningún fatalismo que impida que surjan allí buenos futbolistas. Naturalmente, hay que construir canchas, adquirir materiales, contratar entrenadores, preparadores físicos, médicos. Y lo más importante: ser serios; esto es, pagarles y darles tiempo de desarrollar su tarea.

Con lo que se gasta en una temporada en el contrato más alto de Universitario, Alianza o Cristal, se contrataría por cuatro a un prestigioso maestro de inferiores. Y al cabo de su trabajo, ya se autoabastecerían. Incluso podrían comenzar a exportar y reponer de su misma cantera.

Producir es crecer. Es la tendencia que manda en el planeta fútbol. Si se preocupan por ello el Ajax, el Manchester o el Real Madrid, los clubes más ricos del mundo, con mayor razón aquellos de escasos recursos.

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