Montevideo [El Comercio]. A veces todo es simplemente una cuestión de reputación. Cienciano del Cusco es un campeón internacional que no se olvida de lo que fue. Y la tarde de ayer, con lo poco (o casi nada) que tiene, sacó adelante la eliminatoria previa a la Copa Libertadores y clasificó a la fase de grupos. Fue un 0-0 lleno de sobresaltos. Mezquino pero aguerrido a la vez. Suficiente.
Daba miedo el Centenario por historia pero, sobre todo, porque los rojos del Cusco fueron la semana pasada un ejemplo de cómo perdonar la vida al rival sometido. Tuvo para golear al Montevideo Wanderers en el Garcilaso de la Vega y se fue a las duchas con un 1-0 que no otorgaba siquiera un diez por ciento de garantía.
Era peligroso llegar así a Montevideo, pero Franco Navarro le dejó el peso del encuentro a una defensa donde se impuso la experiencia irrefutable de un Manuel Marengo sólido e incisivo a la hora de marcar.
A pesar de que por los costados Guizasola fue algo irregular y de que el colombiano Romaña genera mucho más dudas que certezas (le hicieron una huacha de campeonato a solo dos minutos para el final), la defensa roja pasó la prueba después de los primeros 20 minutos donde también hubo buena fortuna.
Por momentos, parecía que Cienciano salía a bajar las revoluciones del encuentro. Sin embargo, en los últimos veinte minutos, era el dominador que pudo sellar una clasificación con clase.
¿Con eso alcanza?
Cienciano fue reputación e historia ante el inoperante Wanderers. Porque el equipo que ha formado Franco Navarro puede haber salido airoso en esta clasificación pero si desean pensar en tiempo futuro deben ajustar más de una tuerca.
Tanto Flamengo como el Nacional de Montevideo tienen más armas que el modesto Wanderers para hacerle daño a esta versión 2008 del Cienciano, aunque haya formado una defensa compacta (al menos en la zaga, donde Solís se ha recuperado después del papelón en Quito).
Las deudas del equipo cusqueño están en una volante que nunca había sido tan lenta como ahora y en una delantera donde se espera una genialidad de Chiroque o una sorpresiva corrida de Sawa. A los imperiales les alcanzó esta vez con su costumbre ganadora. Para seguir avanzando en la Copa Libertadores hay que tener más presente que pasado.