Por Gabriela Machuca Castillo
La dimensión real de una catástrofe como la ocurrida el 15 de agosto del 2007 difícilmente puede verse reflejada en gráficos, cuadros, barras o tortas estadísticas. El terremoto del año pasado, ese que destruyó vidas, ciudades y la paz de miles de personas, ha dejado en los peruanos una sensación de pérdida y desolación que no terminará por diluirse en las generaciones por venir.
Las cifras, sin embargo, son herramientas útiles para determinar el estado actual en que se encuentran las regiones más afectadas a seis meses de ocurrida la tragedia, así como también para evaluar si las decisiones tomadas en beneficio del proceso de reconstrucción han sido las más acertadas y efectivas. Constituyen, además, rudimentos necesarios para la planificación y ejecución de acciones en favor de aquellos que perdieron mucho, de aquellos que lo perdieron todo.
Por eso resulta imprescindible darle más de una mirada a los dígitos que materializan la cantidad de daños en cuanto a pérdidas humanas (fallecidos, heridos, personas damnificadas y afectadas) e infraestructura (vivienda, educación y salud). En esta página también ha sido consignada en números la ayuda humanitaria desplegada frente a la tragedia, al igual que algunos puntos relacionados con las tareas de remoción de escombros, entre otros tantos aspectos.