Por FernandoVivas. Periodista
Amigos y lectores me han hecho inquietos comentarios sobre mi columna "Mejora tu lucha" (21/2/08). Me reafirmo en ella. Allí lamenté la violencia de las últimas protestas, la achaqué a una crisis de representación política de los gremios en pie de lucha y, en consecuencia con ello, dije que los cuatro muertos del paro agrario no le deben pesar solo a la policía, en caso que se demuestre que hizo disparos letales, sino a los líderes azuzadores. Daré un paso más: A esos muertos los cargamos todos.
No estoy contra los contenidos de las últimas protestas sino contra sus formas violentas en una democracia débil pero con canales de participación y expresión civil que los dirigentes están obligados a explorar antes de empujar a un campesino a tirar la primera piedra y quemar la primera llanta que cierra la carretera.
Fuera de la violencia marginal causada por narcoterroristas, criminales y pandilleros, me preocupan dos focos de violencia institucional o que tiende a institucionalizarse: este del que les hablo, ejercido por líderes que encuentran más fácil instigar a las barras bravas de la política que diseñar y ejecutar una estrategia (valga esta analogía: así como se dice que a resultas de nuestra debilidad como nación los presidentes mandan pero no gobiernan, digamos de muchos opositores que azuzan pero no conducen a sus bases) y alentado por un radicalismo de izquierda que sigue creyendo, en el Perú de las miles de cabinas de Internet y emisoras locales, que el poder nace del fusil y a falta de este, de la cachiporra, la pedrada o el pecho desnudo de empobrecidos machos que se paran en primera línea a combatir al "gobierno genocida de Alan García". Hay, en todo esto, un masoquismo machista de trágicos resultados.
El otro foco de violencia, más institucional y en el polo opuesto de derecha, es el que se atrinchera en las Fuerzas Armadas que creen que en nombre del orden hay que meter bala sin contemplaciones. Reductos de intolerancia militarista, enemigos de todo lo contestatario, que se pegan a todos los gobiernos y en este se han colado en los 11 decretos con los cuales, en delegación extraordinaria de facultades legislativas, se busca combatir al crimen organizado.
Por ejemplo, el DL 982 agregó un inciso al artículo 20 del Código Penal que enumera a los inimputables : "(es inimputable) el personal de las FF.AA. y de la Policía Nacional, que en el cumplimiento de su deber y en uso de sus armas en forma reglamentaria, cause lesiones o muerte". Peligrosa adición pues ya el inciso 8 exime a los que cumplen órdenes. Pero, ojo, quiero ser equilibrado: el juez podría encontrar que el arma no se usó según el reglamento y condenar al policía. Y hay que exigir, ahora que el ministro Luis Alva Castro sale con que balas ajenas mataron a los campesinos, fiscales sin miedo e investigaciones minuciosas.
Ambos focos de violencia se retroalimentan y tenemos que evitar su fuego cruzado. En resumen, estoy contra la protesta violenta y sus azuzadores, pero a favor de los líderes que breguen por dar a los de abajo la capacidad de 'lobby' y de protesta pacífica pero efectiva que sobra a los de arriba.