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OPINIÓN

Con la misma vara que midas...

Por: Enrique Bernales Ballesteros. Jurista |

Preocupa a la opinión pública que haya congresistas que están siendo sometidos a procesos del propio Congreso, por haber abusado de la representación que el pueblo le dio. En unos casos se trata de contrataciones irregulares a entenados y parientes y en otros casos se ventilan situaciones de presumible corrupción con dinero de sospechosa procedencia.

Frente a estos casos de corrupción interna nos gustaría ver una conducta firme y sólida del Congreso, que responda ante el país por la respetabilidad de esta institución. Ningún partido debe tolerar que al interior de su organización, haya quien pretenda burlarse del cuerpo representativo y, sobre todo, del pueblo que le dio su voto. No puede haber medias tintas o reglas de diferente medición según se trate de "amigos", "adversarios" o "aliados estratégicos". Cada caso afecta la imagen del Parlamento en su conjunto y contribuye, en general, a la descomposición política de los partidos y del mismo Parlamento. Menchola, Canchaya, Benites o Pando, tienen una responsabilidad individual, pero representan a organizaciones políticas, obligadas a tomar distancia y a sancionar a los responsables en su propio ámbito partidario, sin perjuicio de lo que imponga el Parlamento y la justicia ordinaria en su caso.

El Congreso, en situaciones de abuso y presumible corrupción, no puede usar varas diferentes para medir hechos similares, dependiendo de quién se trate.

En un escenario donde reina solo el cálculo político, la justicia no parece ser un referente importante y, sin embargo, lo es. Debe entonces el Congreso, explicar con sustento jurídico y no con confusas argucias políticas por qué, por ejemplo, al congresista Pando, quien fuera denunciado el 2007 por haber contratado a una "auxiliar fantasma", igual que la congresista Benites, no lo acusan como a esta, por los delitos de colusión, peculado y falsedad genérica. El único delito por el que se le pretende desaforar es el de falsedad genérica, con lo que el congresista podría finalmente quedar bien blindado.

En asuntos como los que comentamos, el Congreso debe mostrar un compromiso cohesionado contra la corrupción de parlamentarios; una conducta que muestre ante la ciudadanía que no es, como se afirma, 'tierra de otorongos' ni un lugar donde prevalece la componenda.

Cada caso tiene su propia particularidad, pero el juicio y la sanción tiene que ser muestra de severidad y de respeto a la institución del Parlamento. La informalidad, las ausencias calculadas, la falta de mecanismos reales de control o la prevalencia del partidismo antes que la defensa de los fueros parlamentarios, hace daño. Obstruye la confianza que debe existir entre el ciudadano y el parlamentario.

Que el Congreso reconsidere lo que haya que reconsiderar en los casos pendientes; que decida con imparcialidad, justicia y rigurosidad. Nada más sano que reconectar al Parlamento con la gente. Nada mejor para la democracia que el encuentro de ciudadanía, partidos, prensa y Parlamento, para hacer un frente común contra la corrupción.

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