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Rincón del autor

Conciencia biodegradable

La demanda de los consumidores por un cuidado más estricto del medio ambiente está impulsando transformaciones significativas en el mundo

Por Beatriz Boza

¿Quién no goza con los excelentes documentales de National Geographic y se enamora de la naturaleza? ¿Y quién no es consciente actualmente de la creciente polución del aire que respiramos? Basta salir a las calles de Lima para ver claramente cómo nuestro estilo de vida contamina el medio ambiente. Sin embargo, en un país de megabiodiversidad como el nuestro la ecología aún no es un factor determinante en la toma de decisiones, públicas o privadas. Y es que para cambiar hábitos y conductas no basta información; aunque es un elemento clave no es suficiente pues se requiere interiorizarla e identificar maneras concretas que nos permitan en nuestra rutina diaria hacer la diferencia. Por ejemplo, si bien muchos de nosotros podíamos tener conciencia de cómo en nuestro quehacer cotidiano contribuimos a la contaminación del medio ambiente, es recién cuando se presentaron en TV las bolsas biodegradables que nos percatamos de lo fácil que es contribuir como consumidores al cuidado de nuestro entorno. Dentro de poco, así como nos hemos acostumbrado a que un establecimiento nos entregue los productos embolsados sin cobrarnos por el envoltorio, la biodegradabilidad se convertirá en un estándar de la industria porque los consumidores nos habremos acostumbrado a ello e incluso lo exigiremos.

La demanda de los consumidores por un cuidado más estricto del medio ambiente está impulsando transformaciones significativas en el mundo, con consecuencias económicas muy vastas que van desde las envolturas biodegradables, pasando por tipos de cultivos y oportunidades de negocio, hasta temas de propiedad intelectual y aspectos de política monetaria cuyas implicancias en un mundo globalizado deben ser interiorizadas por toda sociedad. En los países del norte, por ejemplo, los consumidores exigen cada vez más que los envases usados para el 'fast food' sean amigables con el medio ambiente. Ello supone migrar de la industria plástica del PVC a nuevas fórmulas que procesan ciertos almidones de la papa, camote y maíz, generando nuevas oportunidades para esos cultivos. Si ya el biodiésel como sustituto del petróleo ha impactado la inflación al haberse encarecido la harina, el pollo y los huevos por efectos de los cultivos de trigo y maíz en todo el mundo, la conciencia ecológica de los consumidores del primer mundo agudizará esta tendencia. No solo es nuestra responsabilidad como sociedad cuidar el medio ambiente sino que ese cuidado plantea desafíos importantes en materia macroeconómica y empresarial que requieren estudios de tendencias futuras, información pública, regulación y docencia ciudadana. Toda una nueva perspectiva que no se agota con la creación del ministerio del medio ambiente sino que recién empieza.

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