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EDITORIAL

Una Vía Expresa segura y sin obstáculos

Nadie puede desconocer el avance que representan para la ciudad las obras que la Municipalidad de Lima viene realizando en la Vía Expresa. Pero precisamente para que esta vía cumpla los objetivos de modernizar, desconcentrar y ordenar el transporte, no puede tener fallas de diseño y estructura como ha hecho ver nuestro Diario.

Lo que más salta a la vista son serios problemas de seguridad, localizados sobre todo en el tramo entre el puente Iquitos y la plaza Grau que la comuna debe enmendar para evitar la desnaturalización de la obra y, en consecuencia, graves accidentes en esa vía rápida.

El zanjón nació hace más de cuatro décadas para beneficio del servicio público, pero también para servir a los automovilistas privados que hoy parecen haber sido relegados en el nuevo diseño, con todos los perjuicios que ello implica.

Basta transitar por el tramo mencionado para darse cuenta de que la reducción de los carriles laterales causa una terrible congestión. Peor aún, ello podría agravarse en un futuro cercano, cuando las unidades del transporte público de pasajeros empiecen a transitar por la nueva vía.

Por eso, antes de negar lo evidente, es necesario que los funcionarios de la Municipalidad de Lima se apresuren a enmendar estas fallas de modo responsable y con el mejor respaldo técnico, dejando de lado cualquier motivación politiquera. Sería una lástima que una reforma que ha tomado tanto tiempo y que ha generado considerables gastos para la ciudad no rinda los frutos que los vecinos y Lima se merecen.

Asimismo, falta construir los paraderos y estaciones, y también culminar los tramos complementarios del norte y del sur. Por todo ello, si hay que recalendarizar las obras --teniendo en cuenta la delicada pero auspiciosa coyuntura de las cumbres mundiales-- pues tiene que hacerse y de eso tienen que asumir responsabilidad el alcalde y la municipalidad.

Lo que no se puede hacer es poner en riesgo la vida de las personas. Como sucedió con el caso de la Vía Expresa de la avenida Javier Prado, en ciertos momentos extremadamente satanizada, las adecuaciones siempre son oportunas. No esperemos que la sangre llegue al río o a la Vía Expresa.

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