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Por Carlos Zanabria Angulo
La imagen de un enorme diablo alado y con cuerpo de serpiente llama la atención desde la base del púlpito de la Catedral de Arequipa. La figura demoníaca tiene forma humana, pero posee cuernos, alas y una cola que se enrosca en la base del púlpito, ubicado al costado derecho de la nave central de la catedral mistiana. Su tamaño y su expresión estremecen, aunque por encima de esta figura demoníaca se levante la cazoleta del púlpito, cuya base está rodeada por seis imágenes de ángeles.
La cátedra (desde donde el sacerdote daba su sermón) tiene las imágenes talladas en alto relieve de los cuatro evangelistas y de Jesucristo que lleva un libro abierto con la inscripción en latín "Qui vos audit Me audit" ("Quien a ti escucha, me escucha a mí").
En el respaldar del púlpito se observa la imagen de la Virgen de la Inmaculada y de San José; mientras que en el tornavoz, que cubre el conjunto, se ve el símbolo del Espíritu Santo, en su clásica forma de paloma. Toda la pieza es coronada por una cruz.
Según el periodista e investigador de la historia religiosa de Arequipa, Dante Zegarra López, toda esta simbología religiosa presente en el púlpito representa la victoria de la fe sobre la maldad.
EL BIEN SOBRE EL MAL
Para Carlos Ramos, experto en derecho canónico de la Pontificia Universidad Católica del Perú, la representación del diablo en el interior de las iglesias supone el sometimiento del mal, el símbolo del diablo caído dominado por el bien.
Según Ramos "hay un elemento cultural detrás de todo esto. Por ejemplo, durante la fiesta de la Candelaria en Puno, los diablos (en la danza de La Diablada) ingresan a la iglesia para redimirse. Al final, los diablos son vencidos y hacen su ofrenda a la Virgen de la Candelaria".
Estas expresiones artísticas deben ser entendidas como parte de la relación entre el bien y el mal. No puede haber uno sin el otro, dice el especialista. Son la metáfora de esa eterna lucha humana. Una de las representaciones más explícitas la encontramos en la Catedral de Lima. Detrás del coro que acompaña el púlpito está tallada la imagen de un santo que arrastra con una cadena al diablo.
Las representaciones de este tipo son propias del catolicismo, pues --como explica Ramos-- las religiones protestantes y los ortodoxos son austeros en su arte:
"Una de las virtudes culturales del catolicismo consiste en usar el arte dentro del escenario religioso, sobre todo en los estilos barrocos o neoclásicos. Difícilmente se encontrarán demonios en las iglesias construidas recientemente", refiere el especialista.
La historia del demonio alado de Arequipa y el púlpito que lo alberga es peculiar. Luego de un incendio que destruyó la catedral el 1 de diciembre de 1844, los arequipeños decidieron reconstruir el templo y no dudaron en legar sus bienes a la iglesia con este fin. Tal es el caso de la dama arequipeña, Javiera Lizárraga de Álvarez Comparet, quien en su testamento dejó establecido que el producto de la venta de su casa fuera empleado en la compra de un púlpito para la catedral.
UNA GENEROSA DONACIÓN
La casa de la señora Lizárraga fue cotizada inicialmente en 8.000 pesos, pero al resultar dañada por el terremoto de 1868 fue vendida por el cabildo en 6.027 pesos, de los que se destinó 6.000 para la construcción del púlpito.
Según los estudios de Dante Zegarra, en el libro de actas del Cabildo Eclesiástico del 6 de febrero de 1877 se narra cómo se buscó en Lima, Arequipa y Cusco a un artista que pudiera construir el púlpito. Al no tener éxito esa búsqueda se encomendó al ministro plenipotenciario del Perú en Francia, el arequipeño Juan Mariano de Goyeneche y Gamio, que buscara en ese país a quien realizase la obra.
Goyeneche cumplió dicho encargo y mandó a construir el púlpito en los talleres de Buisini-Rigot, en Lille. La pieza estuvo terminada en 1879. La documentación de la época refiere que la obra fue embarcada en Francia con destino al puerto de Islay, en Arequipa, y que debió pasar por los bloqueos marítimos chilenos, pues el Perú estaba en guerra con Chile por aquellos años.
Ya en la Ciudad Blanca, las 15 cajas que contenían el púlpito le fueron entregadas al maestre Mariano Lorenzo Bedoya, quien recibió también un manual en francés con instrucciones precisas para armar esa suerte de rompecabezas gigante.
Ello obligó a que el cónsul francés en Arequipa, Eduardo Posignon y Marino Damaso Romaña, ayudaran al artesano a interpretar los planos y dirigir a los carpinteros que armaron el púlpito. La pieza fue terminada el 16 de diciembre de 1879.
El diablo de la Catedral de Arequipa está a punto de cumplir 129 años, tiempo en el que ha sido mudo testigo de terremotos que durante los siglos XX y XXI llegaron a destruir parte del templo que lo acoge. Desde entonces sigue siendo la única escultura del diablo en todo el mundo que se encuentra en el interior de un templo.
RECURSOS ARTÍSTICOS
El padre Armando Nieto recuerda el caso de la Catedral de Notre Dame en París. "En el techo están las gárgolas y el diablo por cuya boca cae el agua de la lluvia", señala el sacerdote, quien dice que no debemos extrañarnos mucho de este tema porque a Lucifer se lo ha usado durante siglos en el arte.
"San Jorge aparece aplastando con su espada a un dragón que representa el demonio, la Virgen Inmaculada Concepción pisa siempre una serpiente. Se trata de motivos religiosos sin mayor trascendencia religiosa, son recursos artísticos".
Las imágenes del diablo y otros demonios son frecuentes en las iglesias del mundo. Estas representaciones, sin embargo, no se reducen a esculturas y retablos, forman también parte de lienzos y retablos. En una de las capillas de la Catedral de México hay un retablo donde figura Santa Rosa acosada por los demonios.