Por Karina Borrero
"¿Quién anda ahí?", preguntaba la Bruja del 71. "Otro gato", respondía un miedoso y desorientado Chavo del 8, en el famoso episodio en el que los niños de la vecindad entraban a la tenebrosa casa de la temida señora para descubrir las pócimas, conjuros y brujerías que preparaba para convertirlos en renacuajos o envenenar a 'Ron Damón' para asegurarlo a su lado.
Toda una batería imaginativa hacia lo desconocido desplegada por la Chilindrina y compañía, en esta inocente escena que --reconozcámoslo-- trajo consigo noches de insomnio, apariciones de monstruos por la ventana y la negativa a muerte de dormir con la luz apagada.
Y es que sin importar lo que lo motive, todos los niños sienten miedo hacia lo desconocido. Es ahí donde su imaginación hace clic y desarrolla una serie de fantasías ante las situaciones que lo preocupan. "No importa si los miedos son por situaciones reales o imaginarias, el miedo aparece como parte de la evolución y maduración del sistema nervioso y emocional cuando se toma conciencia de que lo que nos rodea, o ciertas situaciones, pueden presentar algún peligro", dice la psicóloga Silvia Ochoa, especialista educacional y de familia.
Esta toma de conciencia no es gratuita, pues como refiere el psicoterapeuta de pareja y familia Tomás Angulo: "Se debe preparar al niño para las posibles amenazas que deba enfrentar en su crecimiento. Al superar este miedo fortalece su capacidad emocional para atender episodios difíciles", como el desprenderse de la madre en ese insufrible primer día de escuela.
"QUE NO PANDA EL CÚNICO"
Hoy en día la ciencia se rehúsa a revelar una edad para la aparición del miedo, pues no es exacta. Pero sí pueden identificarse ciertas conductas normales en los pequeños que pueden ilustrar su presencia. Por ejemplo, aún en el vientre, a partir de la semana 24 de vida, respondemos a estímulos de sonidos fuertes como la licuadora o aspiradora. "Está demostrado científicamente que ya en esta etapa captan temores y miedo. Esto puede representarse a través del movimiento reflejo que realizan frente a estos estímulos (la bulla), lo que para muchos podría entenderse como una reacción de susto", dice el pediatra Héctor Briceño.
A los 6 meses de vida (ya en tierra firme) el niño comienza a percibir la ausencia de personas significativas en su vida, como la madre. "He ahí el llanto, pues es consciente del abandono y siente angustia, ya que siendo una sola persona con ella durante nueve meses, la percibe como útil para existir", refiere Ochoa. La experta asegura que la reacción del pequeño está supeditada a su entorno, a cuán dependiente lo han hecho los padres de ellos.
A los ocho meses reconoce situaciones extrañas en su rutina. "Como cuando una tía lo carga, el niño estalla en llanto", dice el doctor Angulo reconociendo este cuadro ingrato.
UN MIEDO UNIVERSAL
A partir del año y medio, el pequeño identifica la oscuridad como la pérdida de control de su entorno y expone su miedo como respuesta a lo desconocido. "Lo normal es que el miedo a la oscuridad dure una o dos semanas hasta que se habitúe. Se debe emplear una programación sucesiva de la calma, en la que paulatinamente se le exponga al niño a ese cuadro que le genera temor, acompañándolo en el proceso y haciéndole ver que no ocurrirá nada malo", recomienda Angulo.
A partir de los 2 años, coincidentemente la edad en la que el niño verbaliza sus pensamientos, es que se presentan las pesadillas en los pequeños. "Puede ser el resultado de un cuadro de ansiedad, pero en general está demostrado que la ausencia de un buen descanso tiene una estrecha relación con la forma en que los padres atienden al niño antes de acostarlo, cuando no rompen adecuadamente el vínculo de dependencia", explica el neurólogo y presidente de la Asociación Peruana de Medicina del Sueño, Darwin Vizcarra.
Los expertos consultados refieren que este clásico y universal miedo al cuco debe desaparecer cuando el niño comienza a razonar y desarrollar la comprensión, que ocurre a los 4 años o hasta un poco más. Pero un mensaje alentador es el del psicoanalista Julio Hevia, quien asegura que ahora que la tecnología ensombrece toda capacidad imaginativa (una importante causal de los miedos infundados), el cuco se encontraría en peligro de extinción. ¿Tendrán tan buena suerte las nuevas generaciones?
EL PODER DE LA IMAGINACIÓN
Cumple un rol fundamental en el miedo, y es una de las mayores culpables de las historias fantasiosas de terror imaginadas por los pequeños. Por ello el consumo de programas, juegos e historias deben ser supervisadas por los adultos, pues debe saber que la exposición a información violenta puede llevar al niño a experimentar episodios de temor, no tan sencillos de tratar. Los especialistas aseguran que recién a los 7 años se desarrolla la capacidad de discernimiento, pero eso no quiere decir que le puede dejar ver las películas de Freddy Kruger. Si lo hace, deberá acompañarlo para explicarle que lo que se ve no es real.