El aumento del precio de los alimentos en los últimos meses ha confirmado que en política y también en economía más vale explicar los problemas que pretender ocultarlos. De lo contrario, como ha sucedido en este caso, solo se contribuye a que los rumores crezcan y deriven en injustificadas expectativas de inflación.
Una campaña informativa gubernamental que explique a la población los factores internos y externos que generan el alza de precios será siempre más útil y disuasiva que los discursos y declaraciones de voceros del régimen que a veces se pierden en la improvisación y el nerviosismo. Y en lugar de llevar tranquilidad y claridad a la gente sobre lo que sucede, lo que consiguen es resucitar viejos fantasmas controlistas e hiperinflacionistas; temas sensibles en un país como el nuestro, estando el Apra en el gobierno.
Para informar evidentemente es necesario que las autoridades gubernamentales tengan y presenten al país un diagnóstico cabal del problema para no incurrir en falsas lecturas y, menos, en medidas equivocadas e innecesarias, como algunas de las aplicadas en la última semana con singular despliegue.
Concretamente sobre el alza en el precio de los alimentos, y aunque los economistas no se ponen de acuerdo sobre las causas que lo generan, hay consenso en varias cosas. Por ejemplo, que se debe al aumento internacional del rubro, es decir el encarecimiento de productos importados, y del petróleo, que incide en fletes. No se descartan otras causales, como el exceso de demanda, el cambio abrupto de los costos por efecto de las lluvias y variaciones estacionales que han encarecido solo algunos productos perecibles, como el tomate.
Otra conclusión es que pese al alza de precios no se puede hablar de una espiral inflacionista ni de un desbalance macroeconómico. Ello no implica, sin embargo, desconocer que un aumento de precios cualquiera sean sus causas afecta sobre todo a los sectores socioeconómicos más deprimidos.