Reportaje SONIDOS DESAFINADOS Debido a sus múltiples carencias, el Conservatorio Nacional de Música solo puede recibir a uno de cada diez postulantes. Se requiere una ley para que tenga rango de universidad
Por Nelly Luna Amancio
"Aprender música leyendo teoría musical es como hacer el amor por correo". Luciano Pavarotti
En medio del ruido que dejan los autos que atraviesan la cuadra 4 del jirón Carabaya, en pleno centro de Lima, el dulce sonido de una flauta o el de un violín puede quebrar el paso apurado de algún viandante. Abstraídos de los cláxones y las quejas de esos viejos motores, los alumnos del Conservatorio Nacional de Música ensayan en este antiguo local --que antes de albergarlos perteneció al Banco Alemán-- las piezas que los convertirán más tarde en los nuevos profesionales de la música.
Detrás de las gruesas paredes de mármol de este edificio, el ruido de la congestión se desvanece y cede el paso a las clases de banda y orquesta. Los antiguos ambientes del banco, así como sus bóvedas, fueron acondicionados con paredes acústicas para la enseñanza; pero eso no ha sido suficiente, los sonidos se filtran entre las aulas y muchos espacios resultan asfixiantes. A falta de ambientes disponibles, buenos son los pasillos.
POCAS PLAZAS
La falta de infraestructura y la escasa inversión de parte del Ministerio de Educación limitan desde hace años la ampliación de vacantes de la única institución pública y superior del país que otorga el título de músico, aunque este no tenga todavía rango universitario. Apenas uno de cada diez postulantes, en promedio, accede a una vacante en un reñido examen de admisión luego de casi 3 años de preparación.
El conservatorio --que alguna vez también cobijó a nuestro más importante tenor, Juan Diego Flórez-- necesita más que un impulso económico, requiere una ley que le permita otorgar lo que hasta ahora absurdamente no puede: el título universitario. El llamado del director general de este centro de estudios, Fernando de Lucchi, próximo a cumplir un siglo de formación, es claro: "Lo más urgente es contar con el rango universitario y la autonomía presupuestaria".
El talento es la piedra angular en la formación musical. Muchos de los estudiantes inician sus estudios entre los 6 y 8 años y postulan a la escuela superior apenas acaban el colegio. Una clase de banda en este centro de estudios revela aquellos rostros juveniles pero de una fortaleza increíble a la hora de interpretar los instrumentos como la trompeta, la tuba o el eufonio.
"A pesar del acondicionamiento de las aulas, el local de Carabaya no cumple con los requerimientos que debe tener una escuela de música", acota De Lucchi, reconocido pianista egresado de esta institución.
A ello se suma la ausencia de un auditorio. Los jóvenes realizan sus conciertos en el hall principal, en medio de lo que ellos llaman el 'bosque de columnas'.
En el conservatorio estudian 400 estudiantes, distribuidos en 38 especialidades, pero poco más de la mitad pertenece a las escuelas preparatorias de niños y jóvenes. Solo 170 se encuentran en la escuela superior (entre tres y cuatro estudiantes por cada especialidad). De Lucchi explica que esta pequeña cantidad de estudiantes está limitada por el número de docentes, el déficit de infraestructura y el magro presupuesto dependiente del Ministerio de Educación.
"No podemos ampliar el número de vacantes porque no contamos con infraestructura e instrumentos suficientes para proporcionarles una educación adecuada. Tampoco podemos abrir una cuenta de ahorros, estamos obligados a gastar la integridad de lo que nos transfieren mes a mes", explica el director.
El porcentaje de músicos que el Conservatorio Nacional de Música puede formar es uno de los más bajos del mundo. Un cálculo elaborado por el mismo De Lucchi indica que en el Perú tan solo 0,01% de la población juvenil puede acceder a una escuela de música. Es decir, uno de cada 100. Esta cifra se encuentra muy por debajo de países como España, que tienen la posibilidad de educar en estas especialidades al 0,24%, y yendo más lejos, de Noruega, que tiene una tasa del 1,8%. En el continente, solo la Escuela de Música de Sao Paulo alberga a dos mil estudiantes.
Suman 88 los docentes que enseñan en el conservatorio. "La lógica del ministerio es dividir los 80 profesores para los 170 estudiantes de la escuela superior, entonces dice, 'un profesor para dos estudiantes, eso no puede ser, acomoden en un aula a más estudiantes', pero eso es imposible, el piano, la guitarra, entre otros, son instrumentos que requieren de clases individuales", insiste el director.
El régimen académico en el conservatorio es similar al de una universidad, sin embargo, sus egresados no salen como bachilleres. El director sostiene que es el Congreso el que debería modificar el marco legal y entregarles esa facultad. Mientras eso no ocurra, "se seguirá negando a los estudiantes la posibilidad de continuar sus especialidades o estudios superiores aquí o en el exterior", asegura.
Una realidad distinta --y quizá más dramática-- viven las escuelas regionales de música, cuyos egresados solo pueden aspirar a la docencia, pues (salvo algunas como las de Trujillo y Arequipa) no entregan títulos de pianistas, ni flautistas o del manejo de otros instrumentos. En estos casos, el ministerio es el que aprueba los planes de estudio y el que redacta los exámenes de admisión.
Solicitamos información al despacho ministerial sobre el presupuesto y la situación de estas escuelas, pero no contestaron.
AMARRADOS DEL BOLSILLO
El conservatorio es una institución de educación superior pero no tiene rango universitario. En el papel (Ley 28329) tiene autonomía académica, económica y administrativa, pero en realidad la ejecución de su presupuesto continúa dependiendo de Educación. La compra de instrumentos y las modificaciones en la infraestructura son previamente autorizadas por el sector.
El 2007 su presupuesto ascendió a S/.4'700.000. Más del 70% se asignó a gastos corrientes y el pago de servicios (ese destino ya viene establecido desde el ministerio). Lo que le queda para invertir en la compra o reparación de instrumentos o el mantenimiento del local oscila en S/.20.000 mensuales. Una cifra irrisoria si se tiene en cuenta que solo un piano de cola puede superar los US$100.000.
Las leyes no parecen estar hechas para el arte. Lo que para el ministerio puede significar "ahorro en el presupuesto" en la compra de instrumentos, para los músicos es "la pérdida de calidad en el sonido".
"Los instrumentos más caros están hechos de mejores materiales y proporcionan una mejor calidad de sonido", aclara De Lucchi. Incluso, muchos tienen que ser comprados en el exterior. Todo conservatorio debería tener por lo menos dos orquestas sinfónicas para las clases de práctica, pero el nuestro tiene solo una y fue completada recién el año pasado.
¿Cuánto necesitaría el conservatorio para estar adecuadamente equipado? "Alrededor de un millón de dólares", responde su director general. Egresados como Javier Echecopar, quien ahora dirige la escuela de música de la Universidad Católica, creen que "en esta época de bonanza económica, el Gobierno debería dar más apoyo a la institución, además de otorgarle el rango universitario".
La música se aprende tocando. Como el gran Pavarotti dijo alguna vez, el aprendizaje de la música va más allá de la teoría musical. El contacto con los mejores instrumentos y adecuados ambientes hará mejores músicos.